EL MISMO TONO Denise y Denise

Pocos jóvenes pueden decir que van a ver el show de su mamá en Lollapalooza. En ese festival, liderando al legendario grupo Aguaturbia, Denise hizo vibrar el escenario de La Cúpula. Y allí, en lugar privilegiado, una muchacha que creció entre giras, estudios de TV y sesiones de grabación veía como la fanaticada ovacionaba a la cantante. Era la menor de sus dos herederas (la mayor, Indira, vive  en Pittsburgh). Lejos quedaron los días en que en su tradicional colegio de La Reina le hacían  bullying  por el estilo rockero de su madre.  

Con su marido y compañero de banda, el guitarrista Carlos Corales, la artista ve con orgullo como se desenvuelve su “pequeña” especializada en estilismo. Es independiente, con negocio propio y debutó en el salón Revólver de Vitacura. 

“Tenemos mucho en común”, dice y abre los ojos detrás de sus anteojos de cristal lila. Su tocaya Jr. le responde: “Yo soy súper sincera con ella. Muy directa”. Más que look, chaquetas de cuero o tatuajes es el desparpajo y la risa fácil lo que hace nítido ese puente no verbal frente a la cámara.

La joven recuerda lo que fue crecer entre ensayos sicodélicos en casa. “Fue muy natural y siempre sentí que ella estaba cuidándome, aunque dándome espacio para crecer”.

Hoy la cantante puede cosechar feliz lo sembrado. “Ella, como Indira, son cálidas y, lo más importante, respetuosas. Saben aprovechar la vida como corresponde. En el corazón de mis niñas quise enfatizar valores muy específicos: fe, amor, libertad y rock & roll”.

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INOCENCIA EN RUTA  Mónica Oportot y Antonia Zegers

En un ensayo Moni le escribe a su hija: “Ella y su abuela soñaban con verme por fin en un lugar fijo, ya que en esos tiempos yo era nómade”. La conocida fotógrafa habla de los días en que dejaba en Chile a la futura actriz para caminar por la paz con monjes budistas o tomar su cámara en nuevos rincones del mundo. Excentricidad de esa época. 

Antonia, hoy también mamá (de Juana y Pascual), no lo resintió: “Su regalo fue abrirme múltiples ventanas. En vez de acotar a que la vida tiene que ser de una manera y sentir que uno encaja o no en esas expectativas que te inventan, ella siempre me imprimió con sus viajes que existía un abanico de posibilidades. Y eso te calma”.

En un nuevo siglo nuevo donde salirse de las reglas todavía es un desafío para una mamá, Oportot aconseja que “hay que vivir con inocencia porque el guión uno lo va construyendo momento a momento. Y si las motivaciones son sanas no causan culpas. En mi caso, conocerte y escuchar una voz interior. La vida es una aventura y, creo, es bueno saber qué te mueve”.

El tono pausado Mónica hipnotiza a la actriz de la obra Los padres terribles. “A mis hijos les enseño dos cosas. Primero, que no hay que tomar a nuestro gato a la fuerza porque él es libre. Y, segundo, que la Moni es libre (ríe fuerte). Yo soy bien distinta. Soy todo lo contrario, quizá…”.

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A LA PAR Sigrid Alegría y Alonso Velasco

Los dos tienen sus ojos en el teléfono, donde revisan el programa de un diplomado en cine. “¿Te tinca?”, le pregunta la actriz. “¡Sí, metámonos! Se ve bueno”, responde el recién egresado del colegio con planes de una carrera tras las cámaras. Decidido, serán compañeros de curso. Nada raro que se aventuren en conjunto a algo, entre ellos no  existe la verticalidad. 

Sigrid es la reina del festival, cantante de cueca, estrella de TV, símbolo de deseo. Un estatus maternal distinto. “Pregúntame mejor qué es ser hijo de alguien así (carcajada). Como mamá siempre me he sentido muy acompañada por parte de Alonso. Como lo tuve tan joven, prácticamente, crecimos juntos. Entonces hemos ido de la mano en descubrimientos y probando cosas. Para nosotros esta dinámica ha sido muy natural”.

El ingresa de inmediato en la conversación: “La libertad ha facilitado mucho las cosas. Todo es conversable. Es más fácil y cómodo para los dos. No es raro (tener una madre como Sigrid). Sólo lo fue cuando chico, cuando mis compañeros me preguntaban por ella. Les respondía que no había nada distinto  y por eso, al crecer, nunca se transformó en tema de discriminación. La veo como un modelo cuando me toque ser papá”. Referente que Alonso
—criado en bambalinas de las obras de teatro (“era ‘una foto’, se quedaba quieto y observando”)— ya tiene delineado el día en que le toque dirigir a una protagonista como ella: “¡Será rockera! Casi una antiheroína (carcajadas de la actriz). Entretenida, no tan cuadrada”. ¿Hubo un precio por ese estilo de crianza? “Nadie me criticó. Todo lo contrario, me preguntaban ¿cómo lo haces?”