Los árboles de Navidad de distintos hogares, oficinas, empresas y centros comerciales están adornados con luces. Muchas luces. Tantas que es casi imposible imaginar el tremendo gasto energético que esto significa.

Como no soy la versión femenina del Grinch no pretendo proponer que se apaguen las luces del mundo y que los árboles queden a oscuras, sino algo más simple: que se cambien. Sí, que se cambien por otras que gasten menos, por ejemplo, las luces LED.

La idea no es alocada, de hecho ya existe un ejemplo, como el que ilumina el árbol de la Casa Blanca: el National Christmas Tree, en Washington D.C. Son más de 60 mil luces las que lo adornan. Esto no es casual. Cuando comenzó la tradición de encender el principal árbol navideño de ese país, en 1923, se usaban velas, luego se utilizaron ampolletas tradicionales. Ahora se optó por las LED. Y una luz LED significa algunas ventajas: gasta alrededor de un 75% menos de electricidad que una ampolleta incandescente. Esto es significativo en la cuenta pero a la larga es aún más significativo si hablamos en términos energéticos,  además también disminuye los gases de efecto invernadero. 

La próxima vez que enciendas las luces de tu árbol piensa que unas LED le quedarían mejor.

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