Ximena tiene 9 años y sin dudar reconoce que prefiere quedarse sentada en la arena antes que caminar en traje de baño hasta la playa. ¿La razón? No le gusta su cuerpo y detesta sentirse observada. Carolina, de 12, cuenta que le encanta nadar y que en el colegio se destacó como una de las mejores de su clase, pero desde que le dijeron que este deporte volvía ancha la espalda prefirió dejarlo. “No quería parecer ahombrada”. Más categórica, una niñita de 7 años de un liceo de la comuna de Santiago Centro, reconoció acongojada: “Odio mi cuerpo, realmente ¡lo odio!”. 

Puede que la autoexigencia de las mujeres frente al espejo parezca algo ‘normal’, un problema que afecta a millones en el mundo, un tema sin gran importancia. Pero al analizar más a fondo, se perciben los efectos de una violencia invisible, que no deja marcas, heridas ni muertos, pero que inseguriza a las mujeres a lo largo de su existencia y las vuelve proclives al abuso, la desigualdad e incluso la pobreza: es el machismo simbólico, que se representa mediante imágenes instaladas en la sociedad; la idea de que la mujer debe ser flaca, alta y estilizada, que no opina ni habla muy fuerte y que no se destaca más allá de lo estético, rara vez desde lo profesional. Una visión que desvaloriza a las mujeres intelectual y laboralmente comparadas con los hombres.  

La violencia simbólica es un tipo de agresión aparentemente imperceptible, pero que está permeando a la sociedad constantemente a través de los distintos medios y que merma el pleno desarrollo de las mujeres desde que son niñas, cuando por ejemplo se restan de actividades que antes les gustaban. O cuando se instala la idea de que no son tan buenas para los deportes o las matemáticas, lo que influye en la confianza que tienen sobre sus aptitudes”, sostiene María Inés Salamanca, coordinadora de ONU Mujeres en Chile, organismo que lidera —en más de 100 países del mundo— un programa a nivel escolar para fortalecer la autoestima de niñas y niños. 

Para esta socióloga, la manifestación de esta clase de violencia —al igual como ocurre con las agresiones a todo nivel— está presente sin distinción en todas las sociedades, edades, culturas y estratos socioeconómicos. Para combatir el maltrato, Naciones Unidas desarrolla a nivel internacional una campaña que dura 16 días (desde el 25 de noviembre, Día Internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer hasta el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos). 

La indignación frente al maltrato y desvalorización de lo femenino llevaron a que este año miles de personas salieran a las calles bajo la consigna #NiUnaMenos, en protesta por los femicidios que, a la fecha, suman 45 mujeres muertas. Tragedias que se originan en la visión de que son seres inferiores y donde los hombres tendrían el poder total, incluso el de terminar con sus vidas. 

Lo femenino está construido como un espejo de la masculinidad; el patriarcado se ha asegurado de instalar lo binario: hombre-mujer, fuerte-débil; delicada-potente. Y la publicidad se ha encargado de reproducir este modelo porque es un negocio”, observa Ximena Riffo, una de las organizadoras de la marcha #NiUnaMenos.

Frases como “calladita es más bonita”, “las mujeres no opinan”, “no hable tan fuerte”, “eso es de hombres”, “compórtese como una señorita” o “para qué se preocupan de estudiar si después se van a casar”, son ideas con las que muchas niñas y jóvenes han debido convivir. Eso, sumado a los criterios estéticos que se han impuesto a través de la publicidad y los medios de comunicación, conforman una barrera invisible para que las mujeres puedan desplegar todo su potencial. 

Tenemos una sociedad que inculca patrones que no necesariamente van de la mano con fortalezas y talentos —sostiene la sicóloga Nerea de Ugarte—. Existe un estándar de belleza, un ideal respecto de lo femenino, como si eso fuera lo único que una mujer puede mostrar. El mensaje es que si no cumplen con esos patrones, entonces no eres válida. Así se pierden muchísimos talentos”, señala la también asesora para el programa de la autoestima de Dove y ONU Mujeres.

De Ugarte decidió trabajar por fortalecer la autoconfianza de las niñas desde que comenzó a detectar los efectos de una baja autoestima entre las adultas que llegaban a su consulta. “Mujeres con problemas enormes, que no se atreven a dar su opinión en el trabajo o que el jefe las silencia, o ascienden a sus compañeros y no a ellas porque tienen planes de maternidad y son incapaces de sacar la voz. Que no son felices en sus relaciones de pareja, pero no enfrentan sus malestares… Por eso tenemos altísimas cifras de depresión; claramente no estamos haciendo bien la pega. Se solucionaría enseñando a tener confianza en sí mismas desde la infancia”, señala De Ugarte. 

Así lo experimentó la humorista Natalia Valdebenito en una charla para la pasada versión de FiiS (Festival Internacional de Innovación Social) efectuado en el Centro de Innovación del Campus San Joaquín, donde reconoció que mucho antes de su éxito en el Festival de Viña del Mar debió lidiar con la imagen de ‘gordita’. En El club de la comedia intentó por todos los medios de no caer en los clásicos estereotipos: aparecer en sketches en traje de baño para escenas que estaban lejos de requerirlo, adelgazar y mostrarse flaca, o llevar en sus presentaciones ropa reveladora. Su máxima rebeldía fue cuando en la conferencia previa a su presentación en la Quinta Vergara, en lugar de dar la clásica conferencia con curvilíneas y escotadas promotoras, llegó al hotel Sheraton Miramar junto a las ‘orcas asesinas’, que luego la acompañaron sobre el escenario. “Me criaron muy segura de mí misma; mis papás me incentivaron a ser tal cual soy y a no compararme nunca con nadie. Ser yo ha sido mi gran rebeldía”, dijo la actriz y llamó a las mujeres a confiar en sí mismas y demostrarlo públicamente, aunque cueste.

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De acuerdo a un estudio realizado por Dove y Adimark (2016), un 47% de las niñas chilenas sienten presión por verse bonitas; el 36% declara haber dejado de hacer alguna actividad porque no se sentían bien con su apariencia. Entre los 10 y los 12 años, el 52% está satisfecha con su aspecto, cifra que cae al 35% entre los 13 y los 15 años, y que sube ligeramente al 40% entre los 16 y 17 años. Es decir, más de la mitad de las entrevistadas no se sentían a gusto frente al espejo.

Es lo que están tratando de derribar en ONU Mujeres con su programa global para la autoestima y que por primera vez se aplica en Chile a través de una alianza con la Municipalidad de Santiago para un total de 3.200 niños y niñas de los establecimientos educacionales de la comuna. “El proyecto trabaja sobre las presiones por apariencia y violencia simbólica, que no es explícita pero que se ejerce a través de los medios de comunicación y presiona al mostrar un tipo de belleza en particular y roles de género estereotipados, que generan desigualdad y poca diversidad”, sostiene Francisca Valenzuela, coordinadora del programa para la autoestima Dove-ONU Mujeres. 

A través de los talleres que empezaron a dictar este año, la especialista detectó que en clases las niñas son más tímidas y participan menos, por lo que la idea es empoderarlas para que adquieran confianza y tomen decisiones.   

Según María de los Angeles Fernández, presidenta —y la creadora— de Hay Mujeres (organización dedicada a hacer visible la participación femenina en distintas áreas del quehacer nacional), la autoestima es clave a la hora de instalarse en el mundo profesional como una voz autorizada. “Las mujeres se gradúan en mayores tasas que los hombres pero no se reconoce su opinión; la autoridad del conocimiento sigue reposando en manos masculinas. Eso se debe a factores individuales (inseguridad, baja autoestima) y culturales (machismo), donde expresar opinión es algo que impacta mucho, sobre todo cuando se trata de temas polémicos”, observa esta española, reconocida analista política, quien luego de años en el país aún le impresiona el extremado bajo perfil de las chilenas a la hora de dar sus puntos de vista.

Hay un tema de educación, donde se han dejado influir por frases como ‘calladita te ves más bonita’, entonces no opinan mucho; voy a una reunión y hablan de mamaderas y guaguas, y ahora que más encima la política se ha vuelto tan dogmática, de estás conmigo o contra mí, se inhiben todavía más”. Y observa que incluso entre mujeres preparadas, inteligentes, con experiencia académica, suelen caer en la inseguridad y por lo tanto les cuesta reconocerse como expertas, por lo que quienes aparecen en los medios de comunicación son generalmente hombres. Eso, además del rol que juegan los medios, donde los editores y periodistas no están acostumbrados a preguntarse si hay mujeres dispuestas a dar sus puntos de vista, sino que llaman a los mismos de siempre, al que conteste más rápido el teléfono.

Tan relevante es la confianza profesional y la autoestima que en Hay Mujeres, en alianza con TVN, acaba de inaugurar la segunda versión del Media Training de mujeres expertas que les enseñan a manejarse en los ambientes televisivos. Liderado por Amparo Noguera, Paulina de Allende-Salazar y Consuelo Saavedra, cuenta con 16 alumnas, entre ellas Lidia Poza, presidenta de la Asociación de Magistradas; Millarca Valenzuela, geóloga y experta en meteoritos; María Paz Medeiros, subdirectora ejecutiva de Elige Educar, entre otras.

En general las mujeres tienen problemas con su cuerpo, con cómo vestirse y enfrentar una cámara, por eso se inhiben. A los hombres, en cambio, esto no se les exige, no es tema, por eso no se complican. Esa es otra barrera”, agrega María de los Angeles Fernández.

Del mismo modo, desde hace dos años en Hay Mujeres han comenzado a nombrar embajadores masculinos, como el periodista de TVN Matías del Río, el contralor Ramiro Mendoza, y el presidente ejecutivo de la Fundación Iguales, Luis Larraín, quienes se comprometen a promover la participación femenina y a no sumarse a ningún panel, conferencia o charla si es que en el debate no se considera, al menos, a una experta en la materia. “La idea es romper con la clásica imagen de los encuentros como la Enade, Icare, Sonami o el CEP, donde sólo se ven mujeres como público o entre las promotoras”, asegura Fernández. 

Porque, de acuerdo a la visión de ONU Mujeres en Chile, “esto es  responsabilidad de todos y todas, la sociedad entera debe movilizarse para visibilizar y poner fin a esta pandemia”.