Cerca de las 11 de la noche de hace un par de domingos debutó “Secretos en el jardín”, la nocturna de Canal 13, inspirada en la serie de crímenes que ocurrieron entre 1980 y 1982 en Viña del Mar. Con sólo algunas semanas de antelación, se había estrenado “Pena de muerte”, el documental sobre cómo se resolvió el caso de los sicópatas de Viña, basado en entrevistas a fuentes directas como Simeón Rizzo Castellón, neuro-siquiátra que realizó los peritajes; Nelson Lillo, jefe de la brigada anti-psicópatas de la Policía de Investigaciones de la época; la abogada querellante Laura Soto y el periodista a cargo del área policial de la Estrella de Valparaíso, Ricardo Ruiz Lolas. También ubicaron a otros testigos directos, quienes aún marcados por los hechos de hace más de 30 años, no quisieron dar su testimonio.

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La ola de asesinatos comenzó el 5 de agosto de 1980 en Viña del Mar. El profesor Enrique Gajardo recibió un tiro estando en su auto y la joven que lo acompañaba fue violada. Desde ese minuto, la historia de los psicópatas de Viña –como fue catalogada por la prensa– comenzó a escribirse. Tres meses después, el médico Alfredo Sánchez fue atacado mientras intimaba con su novia en el camino que lleva al sector del Sausalito. Ella fue una de las cuatro sobrevivientes de esta sangrienta seguidilla de muertes.

Para febrero de 1982, la lista sumaba ya diez asesinatos y la violación de cuatro mujeres. Siempre parejas, que en su auto se estacionaban en miradores o lugares alejados de la cuidad. Los viñamarinos vivían una sicosis colectiva que incluso afectó al turismo, hizo bajar las visitas al Casino y opacó por completo el Festival de la Canción.

El primer sospechoso y detenido por estos crímenes fue el empresario Luis Gubler, quien resultó ser el dueño de la pistola involucrada en algunos asesinatos; no obstante, el juez decidió que las pruebas no eran suficientes y lo dejó en libertad total. En marzo de 1982 sucedió lo impensable. Dos carabineros de la primera comisaría de Viña del Mar –Jorge Sagredo y Carlos Topp Collins —fueron detenidos como los principales sospechosos. El proceso judicial, que no dejó a nadie impávido, estuvo a cargo del ministro en visita Julio Torres Allú, quien finalmente declaró culpables a ambos carabineros y dictó sentencia: pena de muerte… la última que habría en Chile. A las 05:53 de la mañana del 29 de enero de 1985, un grupo de 16 fusileros disparó contra Sagredo y Topp Collins para sepultar una historial criminal que –para muchos– finalizó con más de un cabo suelto.

A más de 30 años de ocurridos los asesinatos, Tevo Díaz –viñamarino y documentalista– decidió llevar a la pantalla grande este siniestro caso, una tarea titánica que no fue fácil de investigar.

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Cristian Vega es periodista y uno de los investigadores del equipo de Díaz. Cuenta que demoró más de tres años en recabar información y conversar con todos los involucrados. Al llegar a su casa, aún quedan vestigios de lo que fue sacar adelante esta investigación. Allí está el expediente judicial del caso –que tiene el tamaño de varios ladrillos juntos– fotografías, decenas de portadas de diarios de la época y varios archivos digitalizados, documentos que hoy lo avalan como una de las personas mejor instruidas sobre el caso de los Sicópatas de Viña.

¿Cómo nació la idea de crear el documental?
Tevo nació en Viña y de niño vivió toda la paranoia que causaron los crímenes. Cuando la prensa mostró las caras de los dos inculpados –que eran los ex carabineros Sagredo y Topp Collins– él los reconoció, pues en algunas ocasiones había estado con ellos, hecho que lo impactó muchísimo. Sólo tenía 9 o 10 años.

Para investigar recurrió a fuentes documentales, libros, principalmente el archivo judicial y la prensa que fue clave, aunque según él, también engañosa. “Fue un tema tan cubierto por los medios, que muchas veces se producía desinformación ya que existían muchas versiones de los hechos. En Viña se generó una verdadera sicosis, que llevó a la gente a culpar al vecino porque salía en la noche. Algunos medios publicaron en su portada que existieron más de mil detenidos, y estamos hablando de una ciudad relativamente chica”, señala.

¿Cuál era el modus operandi de los sicópatas de Viña? ¿Existía algún patrón?
Existía uno bastante reconocible. En la mayoría de los casos mataban al hombre, y por otro lado y según la versión de testigos o víctimas, los asesinos actuaban y hablaban con autoridad que les era muy natural.

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Mucho se habló en la época de la detención de Luis Eugenio Gubler Díaz. ¿Qué visión tiene de su participación?
Luis Gubler fue detenido como un sospechoso antes de que aparecieran los ex carabineros. Finalmente el juez determinó que las pruebas no eran concluyentes y Gubler Díaz quedó libre de cargos.

¿Cuál sería el perfil sicológico de Sagredo y Topp Collins?
Sagredo era un hombre empoderado, de gran carácter, lo que demostró incluso en el momento del fusilamiento. Era un tipo fuerte, pero no sé si de gran capacidad intelectual. Por otro lado y según el neuro-siquiátra, Topp Collins tenía el perfil del “buen gallo”, hogareño, sencillo, muy manipulable, incluso un poco pueril. Él enfrenta el pelotón de fusilamiento con una actitud muy compungida y se sienta con una palidez tremenda a esperar las balas.

Durante los tres años que investigó el caso, una de los hechos que más llamó la atención de Vega es que aún hoy algunas personas sienten miedo de hablar. “Sobre todo por el tratamiento que le dio la prensa al caso y  al estigma social que conlleva. Sin embargo, lo que más me impactó es que otros estaban asustados como por una sombra que podía volver a caer sobre ellos si hablaban, luego de 30 años. De hecho, algunos definitivamente no quisieron hablar”, comenta.

¿Qué cree que significó este caso para Chile?
Es uno de los casos policiales más emblemáticos de nuestra historia, por lo complejo, el impacto social que tuvo y por el final dramático. Incluso el estreno de la teleserie sobre el tema, demuestra que es una caso que no se ha borrado de la memoria del país  y sobre todo, de la memoria viñamarina.