Dinamarca nuevamente se coronó como el país más feliz del mundo, de acuerdo al World Happiness Report que entrega Naciones Unidas. Después de haber perdido su sitial en 2015, los vikingos celebraron felices haber recuperado el lugar que por años habían venido ostentando.

Sin embargo, para mí, estos resultados me generaron, más que nada, sentimientos encontrados… De acuerdo a los periódicos locales, uno de cada 4 vikingos se sienten solos, especialmente los jóvenes y ancianos. Y no estoy hablando de esa soledad escogida, de esas que buscamos voluntariamente para desconectarnos o simplemente para disfrutar del silencio. No. Me refiero a esa soledad que duele, que te hace sentir triste, abandonado.

Cuando acaba de pasar la Semana Santa –que acá se vive en días feriados desde el Jueves Santo hasta el lunes, con la sucesión de varios almuerzos familiares y de visitas de amigos—, pensaba en esas personas. Imaginaba lo interminable que serían esos días de festividades “vacíos” de compañía.

Un amigo vikingo me confesó que aquí en Dinamarca reconocer que te sientes solo es un tabú. Que incluso es mejor visto decir que estás deprimido… De lo contrario son vistos como “perdedores”. ¡Qué duro!

Se suma el efecto que crean las redes sociales, donde muchos llenan esa soledad a través de la tecnología. Pero no es lo mismo. Otros descuidan el “mundo real” en un esfuerzo desesperado de actualizar perfiles electrónicos de una vida perfecta a través de Facebook o Instagram. Algunos han llegado a olvidar ese exquisito “hygge”, tan propio de estas latitudes, y el valor de lo sencillo y de lo fácil que es juntarse sin más ambición que conversar un rato y reírse o llorar juntos compartiendo esos eventos de dulce y agraz que nos pone la vida en el camino cada día.

Pero como los vikingos son de armas tomar, formaron un movimiento “contra la soledad”. ¿Cómo es eso? Más de 60 organizaciones, clubes, colegios, empresas y algunos municipios decidieron organizarse para intentar revertir este sentimiento que parece extenderse. La idea es ayudar a que este tema deje de ser un tabú y se discuta socialmente; crear alternativas para apoyar a los solitarios (modensomhed.dk/es su web, aunque solo está en danés).

Las iniciativas y las ideas florecen de manera colectiva: invita a tu vecino a un café un día; conversa con ese colega con quien jamás has cruzado una palabra más allá de un “buenos días”; se voluntario y participa en los grupos de visitas a ancianos. Tantas ideas que nacen de un grupo de personas que se preocupan por los demás.

Es cierto que el resultado del informe de Naciones Unidas tiene mucho que agradecer al estado de beneficencia de los países nórdicos –lo que significa que problemáticas básicas como el acceso a la educación y a la salud estén resueltos a priori-, la actitud de confianza que muestran los vikingos me parece aún más relevante. Son dados a pensar de una manera colectiva, para que las cosas resulten positivas para todos, partiendo siempre de un enorme respeto por la iniciativa propia.

Con casi 20 años en este país, debo decir que muy pocas veces me he sentido sola. Sí he vivido fuertemente la nostalgia, extraño a mi familia y amigos de siempre. Pero también he tenido la suerte de encontrar personas que me han hecho parte de un nuevo grupo humano. Y yo intento devolver la mano con una sonrisa, con una palabra, con un café y una conversación.

¿Te animas también a probar? Tal vez en Chile también hay alguien que siente en su vida el peso de la soledad.

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