El sábado 3 de septiembre la hora prevista del enlace eran las 18 de la tarde, pero ya desde el mediodía las callejuelas de los alrededores de la iglesia de San Mateo, una joya barroca en el centro histórico de Lecce, en el sur de Italia, comenzaron a llenarse de vecinos, turistas y curiosos que esperaban con ansiedad la llegada de los novios. La ocasión no era para menos. Davor Luksic, el hijo del magnate chileno de orígenes croatas Andrónico Luksic, se casaba con la italiana Cristel Carrisi —modelo, actriz y presentadora— hija del dúo musical Al Bano y Romina Power, que triunfaron en el Festival de Viña de Mar de 1977 con ‘Arena blanca, mar azul’. “¿Pero quién es el novio?”, nos preguntan algunas señoras de mediana edad que llevaban horas guardando un sitio en primera fila para no perderse ni un detalle. Aquí, la mayoría del público sólo esperaba la llegada de los famosos cantantes, auténticos ídolos en Italia. Algunos venían desde otras regiones del país para poder hacerse una foto con ellos y con los invitados. “Quiero que venga Sofía Loren porque con Gianni Morandi (un cantante italiano amigo íntimo de Al Bano) tengo ya muchas fotos”, dice Giuseppe, de Sicilia, que colecciona selfies con famosos como los niños láminas de futbolistas.

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A las cinco y media comenzó la pasarela de invitados. El momento más ansiado por los fans. Un experto paparazzi llegado expresamente desde Nápoles para cubrir el evento espera impaciente la entrada de alguna estrella de Hollywood cuya presencia había sido anunciada por la prensa local. “¡Ahí está! Esa es Jennifer Lawrence, chicos”, exclama emocionado. Pero no. Ni Lawrence ni tampoco Jennifer Aniston figuraban finalmente en la lista de los más de 400 invitados. Una lista en la que sí se encontraban importantes empresarios chilenos, personajes del mundo del espectáculo y la música italiana como Toto Cutugno, Boy George o la actriz estadounidense Sydnei Rome, musa de Roman Polanski. También asistió una nutrida representación de políticos locales y de modelos y presentadoras de televisión amigas de Cristel que causaron sensación entre el público con sus estilismos. La pareja reunió a muchos amigos que se desplazaron hasta este rincón de Italia desde Santiago, Nueva York, Londres o Berlín. Como Mauro, amigo de la infancia de Davor con el que estudió en The Grange School, y que vivió en persona su primer encuentro con Cristel en Nueva York hace ya cuatro años. “Hacen una pareja muy linda”, nos dice. “Somos un grupo muy grande de amigos que estamos repartidos por Europa. Nos vemos a menudo”. Un día antes los invitados más jóvenes a la boda celebraron la despedida de los novios con una gran fiesta hippy-chic en la playa, donde sólo el novio tuvo el valor de meterse al agua y “casi se ahoga”, nos confesó una periodista de la televisión italiana. 

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Poco después apareció Andrónico Luksic del brazo de su mujer,  Rocío González, muy elegante vestida de rojo. El padre del novio no dudó en saludar a la gente —para los que era un auténtico desconocido— y se acercó a hablar con CARAS. “Estamos muy contentos. Muchas gracias por venir”, nos dijo el empresario chileno-croata. “Señoras, este señor es el padre del novio”, les explicamos a los curiosas, que comenzaron a lanzarle una nube de piropos. Luksic se despidió amablemente de nosotros y agradeció —un poco abrumado— las excesivas muestras de cariño del público italiano. Como manda la tradición, Davor apareció en la iglesia con suficiente antelación. Pero no lo hizo solo. Una nube de guardaespaldas se encargó de cubrirle con paraguas blancos hasta su entrada en la parroquia. Prácticamente imposible captar una imagen del joven empresario, que vestía un traje azul oscuro, pajarita y mocasines sin calcetines. 

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La llegada de famosos patrios, como la veterana presentadora de televisión Mara Vernier, el cantante Mario Biondi o la fashion bloguer Chiara Nasti entretuvo al público y divirtió a los invitados chilenos que miraban incrédulos desde la puerta de la iglesia el espectáculo. Cristel Carrisi apareció a bordo de un ‘apecar’, un coche vintage italiano, acompañada por sus padres y las damas de honor. Entre éstas se encontraban su hermana Romina, muy elegante con joyas de Damiani, y su hermanastra Jasmine, hija de Al Bano y su segunda esposa, la showgirl italiana Loredana Lecciso, que no fue invitada a la boda por expreso deseo de la novia. Un particular que ha entusiasmado a las revistas de chismes italianas. 

Cristel vestía un vestido de tul blanco con aplicaciones de encaje y espalda descubierta firmado por Monique Lhuiller. Para la celebración, la esposa escogió otro vestido y se soltó
su melena rubia.

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“¡Al Banooo!! ¡Romina!!! Siete bellissimi!”, gritaban fuera de sí las señoras de las primeras filas, que habrían hecho sonrojar a las fans quinceañeras de Justin Bieber. La novia entró al templo acompañada por sus padres: un Al Bano exultante de la emoción y una elegante Romina Power vestida con pantalones y un caftán en seda rojo de Laura Biagiotti. La ceremonia religiosa fue oficiada por el obispo Giancarlo Polito y en ella estuvieron presentes tres monjas de la orden de las marcelinas que habían sido profesoras de Cristel. Una vez declarados marido y mujer, la pareja abandonó la iglesia a bordo de un descapotable que conducía el propio Davor. 

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La fiesta se celebró ya entrada la noche en la masía La Mea, la hacienda familiar de Al Bano en Cellino San Marco, un pequeño pueblo rodeado de olivos donde el cantante produce su propio vino, que había sido decorada con luces de colores y velas para recibir a los invitados. El catering, a base de carne, pescado y productos típicos de la gastronomía italiana, corrió a cargo de la empresa Galateo Ricevimenti de Florencia. Durante la cena, las fotos de la infancia de la novia se intercalaron con la música en directo de Umberto Tozzi y dos de los componentes de Ricchi e Poveri, el célebre grupo musical italiano de los años setenta. El momento más emocionante fue cuando Al Bano y Romina se subieron al escenario para cantar ‘Felicità’ junto a los recién casados. La fiesta se alargó hasta bien entrada la mañana con la música del Dj brasileño Milton Chuquer y el chileno Oliver Badin, amigo íntimo de Davor. La pareja pidió a sus invitados una donación en favor de una ONG que se ocupa de la protección de los océanos en lugar de la clásica lista de bodas. La plata no les hace falta.  

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Davor Luksic (33) es el segundo de los cinco hijos del multimillonario Andrónico Luksic Craig y su esposa, la argentina Patricia Lederer. En 2012 trabajaba como analista del Deutsche Bank en Nueva York cuando en una fiesta conoció a Cristel Carrisi, tres años menor. “El se acercó a mi mesa y se presentó”, contó la joven en una entrevista. “Al principio no me fiaba y fui bastante antipática”, reconoció. Desde entonces la pareja se ha vuelto inseparable, a pesar de la distancia. Un amigo de infancia de Davor confiesa que aún no han decidido dónde vivirán después de la boda “pero se seguirán viendo todas las semanas, como hasta ahora”, asegura. Luksic estudió en The Grange School de Santiago, como sus hermanos, y completó su formación en la escuela de negocios internacional Babson College, en Boston. Tras pasar cuatro años en Nueva York se trasladó a Londres para trabajar en el fondo Private Equity. Hasta que su tío Guillermo Luksic le propuso hacerse cargo de los negocios de la familia en Croacia, el país del que había emigrado un siglo atrás su bisabuelo. Desde Zagreb, donde tiene fijada su residencia actual, Luksic se encarga de gestionar el mayor operador turístico del país valorado en más de 170 millones de euros.

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Mientras Davor se ha encargado en estos últimos años de incrementar la fortuna familiar, Cristel ha probado suerte en el mundo del cine, el diseño y la televisión. Tiene su propia marca de trajes de baño, Crisberry, y el año pasado volvió a Italia para presentar un magazine de moda y tendencias en la televisión pública italiana. Acaba de debutar en el cine y parece dispuesta a continuar trabajando para ser reconocida por sí misma, más allá del apellido familiar. Una empresa nada fácil. Durante décadas la pareja de cantantes conquistó los escenarios de Europa y Latinoamérica regalando una imagen de familia perfecta. Romina Power, hija de las estrellas de Hollywood Tyron Power y Linda Christian, y Al Bano, de orígenes humildes, se conocieron en el rodaje de una película en 1967 y se casaron tres años más tarde pese a la oposición de las respectivas familias. Juntos tuvieron cuatro hijos: Ylenia, que desapareció sin dejar rastro en 1993 con tan sólo 23 años, Yari, de 42, Cristel de 30, y Romina, que pronto cumplirá 29.

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La desaparición de la primogénita en extrañas circunstancias en Nueva Orleans (EE.UU.) provocó un terremoto en la pareja separándoles artística y sentimentalmente. El cuerpo de Ylenia nunca fue encontrado dando lugar a multitud de especulaciones. Algunas investigaciones periodísticas apuntaron a un posible suicidio, otras aseguraban que la desaparición habría sido voluntaria y que la joven formaría parte de una oscura secta. Otras hipótesis hacían referencia a un accidente. La familia se dividió entre quienes creían que Ylenia había muerto y quienes nunca perdieron la esperanza de encontrar a la joven con vida. Pero casi 20 años después de su divorcio, y para sorpresa de sus propios hijos, Romina y Al Bano decidieron poner fin a sus desavenencias públicas y reunirse de nuevo encima de un escenario gracias a un contrato multimillonario que les ha llevado a emprender una nueva gira mundial.