En California, los paparazzi captan a Rande Gerber cargando cajas de tequila a su jet privado para volar al matrimonio de su amigo George Clooney. Ese mismo día, a miles de kilómetros de distancia, su mujer Cindy Crawford está arriba de otra nave: el avión hospital de Orbis que aterrizó en Trujillo.  Hace calor en la costera ciudad peruana y la top model, vestida con bata médica,  presencia una delicada cirugía que devolverá la vista a un niño. Tiene trato vip en el sur de mundo, pero las carencias están frente a sus ojos y sin photoshop. Y quiere que su hija Kaia (13) también aprenda que existe esta realidad.

La lindísima preadolescente acompañó a su mamá hasta el país andino. Juntas recorrieron Machu Picchu y llegaron a conocer este trabajo social. Impacta tener al frente a una futura superestrella, pero ella se comporta (entre campañas para Versace y alfombras rojas) como cualquier niña. Viste unas calzas y teclea al celular con sus amigas. Quizás, entre las bromas que le sacan risas en la pantalla, la jovencita les relata —desde este anónimo lobby de hotel— sus experiencias con peruanos de su edad que recién recobran la vista con la intervención del grupo de doctores en el avión.

Cindy Crawford —en juego o en serio— le puede haber enseñado trucos para lucir bien frente a la cámara, pero la trajo para que aprendiera una lección mayor: la humanitaria.

Como embajadora de la firma de relojes Omega (una de las compañías que financia el trabajo de este avión clínico), la modelo grabó un documental con la experiencia en Perú. Y en este material incluye a Kaia, como lo mostró en su cuenta Instagram. Posiblemente, preparándola como su heredera no sólo en una eventual carrera ante la lente, sino que también social.

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La iniciativa Orbis ‘vuela’ desde 1982. A partir de esa fecha ha ayudado a ver a más de 23 millones de personas. La dinámica es recorrer el mundo y aterrizar por algunas semanas en puntos de urgencia en salud visual. El avión ha sido rediseñado. Donde estaba la Primera Clase hay butacas para especializar a doctores locales; los asientos Turistas fueron reemplazados por salas de exámenes y un quirófano de primera línea.  A bordo viaja el chileno Ignacio Serrano, quien vive su segundo año en Trujillo haciendo su especialidad en el Instituto Regional de Oftalmología, auspiciado por esta organización que ya es ejemplo en el Cono Sur.

El asombro de este joven doctor no dista mucho con el de Cindy Crawford. Según lo que ella cuenta a CARAS en el hotel.

—Eres una jetsetter y volar ha sido por años parte de tu rutina, ¿te pasó algo distinto al entrar a este avión?

—Es muy raro. Subes las escaleras y te encuentras con un salón de clases donde muestran por pantalla la operación que realizan a pocos metros de allí. Te sientes como en un hospital, pero te giras y están las pequeñas ventanillas. Hay tanta innovación, ¡lo que hacen para tenerles agua a los doctores en el pabellón!

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—¿Algo te impactó en particular?

—Saber, in situ, que el 80 por ciento de la ceguera es tratable. Es una obra que no salva vidas, pero sí las cambia.

—Siendo un icono de la belleza, ¿te imaginas una vida incapaz de apreciarla?

—No quiero llegar a pensar en eso. Damos por sentada tantas cosas, como poder ver. Y si tengo que elegir, lo que más me gusta mirar cuando me levanto es mi familia. Y al cerrar los ojos, también. Es la gente que importa.

—Al presenciar la lucha de esta gente por llegar a ver, ¿qué piensas del photoshop y la búsqueda de la imagen perfecta?

—Amo el photoshop… (dice sonriendo y con algún tono de culpa, ante mis carcajadas). Obviamente, hay abuso del retoque en algunas fotos. Yo siempre les pido a los fotógrafos que no lo usen tanto conmigo, para que la gente no se asombre cuando me conoce en la vida real. Pero, al mismo tiempo, mi hija juega con la aplicación Snapchat y manda imágenes horribles de ella con el celular. No lo entiendo y le pregunto ¿Quieres postear eso? Y ella me responde: Mami, es divertido. Luego, pienso que es una nueva generación que no se aferra a las imágenes. La portada de una revista dura un mes en el quiosco; con los teléfonos una foto dura (y hace sonar los dedos) un instante…

—¿Y la evolución en el modelaje?

—Es distinto, porque ahora existen celebridades y figuras de reality, como Kim Kardashian, que ocupan todas las portadas y campañas. Así que es más difícil para las modelos nuevas. Pero ellas tienen un arma con la que no contábamos en mis años: las redes sociales. Allí muestran su personalidad y tienen una voz. En mi generación la gente no sabía quiénes éramos, sólo éramos la imagen de lo que querían de nosotras según el fotógrafo del día.