MAMITA QUERIDA

Nadie quiere escuchar que no es una buena mamá. Menos todavía que la televisión la llame “La peor mamá de América”. Pues bien, esto es lo que le ocurrió a Lenore Skenazy cuando el 2008 tomó a Izzi, su hijo de 9 años, y lo dejó en una estación de Manhattan luego que éste le rogara pasearse solo por el metro. Al parecer Izzi estaba listo, pero la sociedad de Nueva York no. En cosa de segundos Fox News, la puso al nivel de Joan Crawford en la película Mamita querida y la tomaron detenida. Su experiencia la alentó a encabezar una cruzada por una crianza libre, “como en nuestros tiempos” y fundar el movimiento de Free Range Kids que primero se transformó en un libro y después en un exitoso programa de televisión. El fuerte de Skenazy son los consejos: déles un mapa, una tarjeta de Metro y otras cosas de sentido común. Lo malo es que tanto en Chile como en Estados Unidos se vive una cultura de la desconfianza (y muchas veces con razón) y podemos citar otros casos como el de la familia Meitiv, quienes fueron retenidos durante cuatro horas por la policía luego de permitir a sus hijos de 10 y seis años jugar solos en una plaza. 

ADVERTENCIA:

Mejor no insista en replicar en sus hijos esos tiempos en que usted jugaba en la calle hasta tarde. Además, les está entregando un argumento terrible para cuando llegue el momento de los ajustes. “Fuiste la peor mamá de Chile”, por ejemplo.

EL PERFECTO NIÑO EXTRANJERO

Casi siempre los pequeños de otros países parecen mejor educados, probablemente porque “de lejos” todo se ve mejor. En Chile, la crianza europea todavía provoca admiración, especialmente si el resultado es un niño rubio y de ojos claros, un sesgo muy provinciano por lo demás. Pero no somos los únicos. En EE.UU. están obsesionados con Francia y el libro French Children Don’t Throw Food —que la norteamericana Pamela Druckerman escribió sobre su maternidad en ese país europeo— se convirtió en un best sellers absoluto. En sus páginas la periodista explica cómo los franceses son criados desde la cuna en el manejo del autocontrol, por ejemplo, no atendiendo de manera histérica el llanto de las guaguas por la noche. Sus mamás observan y esperan. El secreto consiste en enseñarles a lidiar con la frustración y tratarlos como seres racionales. ¿El resultado? Los niños comen de todo y saben esperar sus platos en los restoranes sin chistar, entre otras maravillas. Después de todo, fue Jean-Jacques Rousseau quien escribió Emilio, o De la Educación, considerado el primer tratado de filosofía de la educación en Occidente. Menos difundidas son otras costumbres foráneas. Las mujeres nórdicas, por ejemplo, dejan a sus hijos tomar siestas a la intemperie a temperaturas bajo cero, mientras que las mamás de las tribus Kisii, en Kenia, evitan mirar a sus guaguas a los ojos porque en su cultura esto significa investirlos de poder. 

ADVERTENCIA:

Los niños franceses también tienen pataletas y pueden resultar muy difíciles cuando comienzan a hablar y adoptan un tonito de insufrible superioridad. Además, considere que los contextos son diferentes y, por lo mismo, ni se le ocurra dejar que su hijo tome una siesta a la intemperie en Santiago porque los bicharracos que pululan en el smog no son tan civilizados como los suecos. Ahora, lo peor que le puede pasar es que cuando crezcan sus hijos la acusen de ser una mamá poco patriota.

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GUAGUAS BEST SELLER

En este apartado agrupamos a todas las mamás (y a muchos papás) que sienten debilidad por el libro de moda para criar a sus hijos. No es algo nuevo. El primer best seller del estilo fue El libro del sentido común del cuidado del bebé y de los niños publicado en 1946 por el pediatra norteamericano Benjamin Spock. A partir de entonces la industria editorial no paró y hay títulos para todos los gustos. Sólo por nombrar algunos: The opposite of spoiled, de Ron Lieber, y que se promociona como una guía para el altruismo y la responsabilidad financiera en los niños, y How children succeed, de Paul Tough, actual best seller del New York Times y que pone el acento en las habilidades blandas de los niños. La mamá best seller suele ser muy informada y usa metodología de punta. Sus hijos no pueden quejarse de no recibir atención, aunque a veces se sientan como cobayas de laboratorio probando esto y aquello, vistiendo un día un casco protector para sus primeros pasos y, al día siguiente, enfrentado a un animal salvaje como parte de su aprendizaje outdoor.

ADVERTENCIA:

Quizá la mejor lección sea conocer el destino del mítico doctor Benjamin Spock. Su mensaje fue revolucionario para su tiempo: “Usted sabe más de lo que cree”, le dijo a una generación de madres aturdidas y ansiosas. Además, tuvo el mérito de promover la flexibilidad, el cariño y el trato de los niños como individuos. ¿Y qué paso? Con el tiempo un sector de su país lo declaró culpable de engendrar la anarquía juvenil de los años ’60. “Padre de la permisividad”, lo llamaron. Si al propio doctor Spock una generación entera le acabó por pasar la cuenta, ¿qué puede esperar el resto?

HIJOS DE TIGRE

Disciplina oriental. La abogada de Yale, Amy Chua, decidió dejar por un tiempo los tratados de leyes y compartir con el mundo el sistema de crianza que ocupan muchas familias de origen asiático en Estados Unidos. Una cultura donde, a veces, el método espartano parece un mundo color rosa. Las hijas de Chua no saben lo que es un pijama party, no juegan vídeos ni tienen permitido sacar una calificación que no sea la mejor. Eso sí, pueden tocar el piano o el violín, pero pobre que desafinen… Todos los principios que sustentan estas exigencias se encuentran en el libro Battle Hymn of the Tiger Mom. “No me parece que sea exagerado”, se defendió en su momento su autora, pero muchos no opinaron lo mismo y en pocos días la televisión y las redes sociales explotaron con comentarios sobre su “tratado para criar niños perfectos”. “Abusadora”, fue lo más amable que le dijeron. Ella volvió a defenderse asegurando que no quería dar consejos a nadie, sino exponer su propia experiencia y contar al mundo el amor y gratitud que siente por sus padres por la forma como la sacaron adelante. Disciplina y un poco de inseguridad es su receta.

ADVERTENCIA:

Si cría tigres corre el riesgo de que, ya crecidos, te devoren.

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MAMÁ A PECHO

En octubre de 2012 la revista Time interpeló a sus lectoras con la pregunta: “¿Qué tan madre eres?”, y la imagen de una mujer amamantando a un niño de cuatro años parado arriba de una silla. Así quiso traer de vuelta la discusión sobre el “Parent Attachment”, una forma de crianza adoptada en los años setenta en Estados Unidos y que cada cierto tiempo se vuelve a posicionar entre algunas familias norteamericanas. Amamantar hasta los siete años, llevar a la guagua al estilo canguro a lo largo del día o que toda la familia se meta en una cama múltiple, son algunas de las propuestas de esta forma de apego total. Se cita como su autor al pediatra William Sears, aunque se trata de algo tan antiguo como la procreación. Para ser justos se remonta a la época en que las mujeres debían cargar con sus hijos a todos lados porque los tigres dientes de sable acechaban, la leche materna se estrujaba hasta el final porque no existían los colados y no quedaba más remedio que compartir la caverna con toda la tribu porque no existía el subsidio habitacional ni menos los bonos por hijo. A pesar de su anacronismo, The baby book es un long seller. Quienes optan por este tipo de crianza se toman la maternidad como un apostolado y reivindican el derecho a dar papá donde y como sea si la guagua así lo pide, aunque la progenitora asista a una reunión de las Naciones Unidas. Algunas familias que se lo toman, valga la redundancia, tan a pecho, que optan por partir lejos de la civilización y casi viven como neanderthales.

ADVERTENCIA:

El apego desatado puede provocar un estilo de crianza ansioso, sobre todo si la mamá publicó todo el periodo de lactancia en las redes sociales. Quizá cuando sus hijos ya partan de carrete junto a sus amigos, no a todos les guste que les muestren una foto tomando leche materna cuando ya casi iba al colegio. 

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SLOW PARENTING O MAMÁ TORTUGA

La crianza en Chile, como la norteamericana, está marcada por la ansiedad. Se trata de una carrera por el éxito que empieza antes de que el niño entre al jardín infantil o al colegio “que debe ser”. Obvio, este estilo competitivo no deja un minuto libre porque los niños están muy ocupados en sus idas y venidas al colegio, a clases de piano o de chino mandarín, mientras que sus padres en conseguir recursos para costear tanta parafernalia. Como respuesta nació el slow parenting, cuya palabra mágica es tiempo. ¿Tiempo para qué? Aunque la respuesta es de puro sentido común, hay que recordarlo: tiempo para ser niños y tiempo para ser padres. El principal impulsor de este estilo es el periodista Carl Honoré, autor del best seller Elogio de la lentitud, quien revaloriza un estilo de educación sencilla con mucho tiempo para jugar y escuchar a los hijos. Para los más radicales seguidores de esta tendencia, la televisión, los video juegos, los tablets y cualquier juguete muy sofisticado son enemigos declarados de la creatividad y de la infancia. Ellos valoran actividades como criar mascotas, tener un huerto, pintar y, ojalá, usar elementos reciclados para crear sus propios juguetes. Las “mamás tortugas” suelen confundirse con las mamás pachamámicas o hippies, pero la diferencia es que las primeras están conscientes de que se trata de un tipo de crianza.

ADVERTENCIA:

Cuidado con transformarse en una talibana de la lentitud o en algo así como una tortuga furiosa. Esto es una mala idea, sobre todo si no vive en el campo, ya que cuando sus hijos deban salir a enfrentar la selva de cemento le recriminarán que parecen criaturas que viajaron del pasado en una máquina del tiempo y que sólo les ofrecen trabajo como extras en películas de época.