¿Temporada de premios? No, temporada de alfombra roja. Hay que sincerarse, la pasión por los candidatos a los trofeos que se entregan en Hollywood en enero y febrero —y que se corona con el Oscar— hace años se trasladó a la glamorosa previa de las ceremonias.  Incluso, estas citas han atraído a los curiosos que encuentran mejores chistes y ritmo en el paseo de los artistas (¡Gracias, Joan Rivers!, ácida pionera en esa trinchera y creadora de la pregunta de rigor: ‘Who are you wearing?’, para conocer a los diseñadores elegidos por las estrellas), que en las pauteadas transmisiones que con los años ha visto decrecer su rating televisivo.

En pijama, con un tarro de manjar a medio consumir, la red carpet  surge como un regio panorama para un domingo por la noche que se comparte con amigos a distancia en 140 caracteres. La ensoñación por esas diminutas cinturas (apretadas por mágicas fajas invisibles y cuidadas por semanas con metódicos trastornos alimenticios) en vestidos de cuento dan para análisis y comentarios.

Coincidentemente, esta temporada en Hollywood tiene su ‘par’ a la distancia en la Gala del Festival de Viña… Una noche que no ha logrado salir de la caricatura de lo que se organiza y muestra en el Primer Mundo. Pero, por tal razón, quizás aparece como una velada mil veces más entretenida.

Comparar a Cate Blanchett con una Luli de ‘alta noche’ está fuera de cualquier discusión. Pero la platinada cabaretera, con su renovado acento cuico, pelea en número de tuits con la sofisticada australiana. La copia de la glam cam, que hace girar como en el Tagadá a los invitados de Viña, es impagable. Los análisis de los comentaristas locales —en su mayoría marcados por la agresividad y el lugar común, más que por manejo de tendencias o simple humor— sonroja al otro lado de la TV.

La barra popular a un costado de la alfombra es un circo romano perfecto. Periodistas enjaulados por la organización, en vez de tener sector asignado para el paseo como en los grandes eventos, eleva la cuota de dificultad y transforma al personaje en una presa. Delicia total. Mejor que aquel tarro de manjar. Y no estoy sola, lo demuestra un ciberespacio en cada edición más en llamas por la ya bautizada #galarsh. Si ya el show desplazó a la competencia viñamarina, la apuesta es que esta antesala sea la verdadera cita veraniega de la Ciudad Jardín. Lovit.