Twitter debe ser el lugar con más expertos por metro cuadrado –o por pixel, en este caso– del planeta. ¿Expertos en qué? Básicamente en todo. Y no es que los expertos en uno y otro tema se mezclen en la plaza, no señor. Es que todos son expertos en todo.

¿Cómo puede ser eso si la especialización implica, por lógica, profundizar en ciertas áreas en desmedro de otras? No lo sé, la verdad, pero en este universo paralelo así funciona: basta con tener una cuenta de Twitter para en el acto, o en el peor de los casos al poco tiempo, saber de todo para hablar con propiedad.

Se ve con tremenda claridad cuando juega, digamos, la selección chilena de fútbol. Durante el Mundial, cada usuario de Twitter tenía una opinión: la formación, el esquema, los cambios… durante un mes, nos llenamos de directores técnicos de todo tipo. Porque, como somos muchos, hay para todos los gustos: los defensivos, los arriesgados, los innovadores, los conservadores, y así.

Pero salimos del Mundial. Y el tema son las reformas. Se anuncia la reforma tributaria y ¡magia!, somos todos expertos economistas y tributaristas. Que cómo recaudar más, que a quién cargar la mano y a quién no, que cómo esto va o no a afectar a la clase media, a las Pymes, a las grandes empresas. Y de ahí a la reforma educacional y sí, adivinaron: todos expertos en educación. Y vamos hablando de métodos pedagógicos, de gratuidad de la educación, de carreras técnicas versus profesionales y de currículums y hasta el infinito.

¿Seguimos? El conflicto entre Israel y Palestina y, de un día a otro, somos todos los maestros de Raúl Sohr y compañía. José María Navasal se revuelca en su tumba mientras nosotros, dedos ágiles y neuronas no tanto, azotamos teclados y pantallas táctiles solucionando en 140 caracteres un problema que se arrastra por décadas.

Propongo que, de una vez por todas, alguien aproveche todo este potencial que se está perdiendo en la red. ¿Expertos en política internacional? Paf, la ONU debería agarrarlos de un ala y llevarlos a solucionar lo de Israel y Palestina, lo de Siria, ISIS, Ucrania y todo lo demás.

¿Y la FAO? ¿En qué piensa que no se lleva a todas estas mentes brillantes a solucionar lo del hambre en el mundo? Los problemas energéticos, la guerra, las enfermedades, la educación, la desigualdad, TODO tendría solución si los líderes del mundo escucharan lo que desde nuestros escritorios –en el mejor de los casos, claro– les decimos. ¿Por qué no lo hacen?

Esa respuesta es fácil. Ego. Los líderes del mundo tienen un problema de ego. No quieren asumir que nosotros, los ciudadanos que nos manifestamos por las redes sociales, sabemos más que ellos. Sobre todos los temas, sin excepción. Es imposible que puedan aceptar algo así, que lesionaría su autopercepción como líderes que son. Eso está claro, supongo que lo ven. Porque, ¿no se los dije?, acá también somos todos psicólogos. Y psiquiatras. ¿A nombre de quién hago la boleta?

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