Mi lucha es uno de esos libros que, ante todo, son un símbolo. En este caso, de la intolerancia, la irracionalidad y la destrucción.
Por eso, la reimpresión de la obra de Adolf Hitler en Alemania, por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, ha provocado expectación, curiosidad y no poca inquietud.

La preocupación es, principalmente, sobre la oportunidad de publicar una edición crítica justo en momentos en que muchos países de Europa observan cómo partidos y movimientos de extrema derecha, nacionalistas y xenófobos ganan votos entre ciudadanos descontentos por la crisis migratoria y los altos niveles de desempleo en la región.
Si antes el odio se dirigió contra judíos y comunistas, hoy los musulmanes y partidos tradicionales de centro-izquierda podrían transformarse en el blanco. Sólo bastaría con cambiar un par de sujetos del libro que mezcla elementos autobiográficos (idealizados, por supuesto) con la exposición de la ideología del nacionalsocialismo.

Pero también es cierto que en las páginas de Mi lucha (Mein Kampf) se lee abiertamente un plan delirante que terminó en genocidio y en la destrucción de Alemania. ¿No habría sido entonces mejor que, en su momento, el texto hubiese sido analizado para estar alerta sobre lo que se estaba gestando en la mente del germano ‘de a pie’?
Tras la caída de Hitler, los aliados entregaron los derechos de Mein Kampf al estado de Baviera que los conservó hasta que caducaron en 2015. Durante todo ese tiempo, la impresión del libro estuvo prohibida, aunque muchas bibliotecas contaban con ediciones comentadas. Otras naciones optaron por considerar su publicación como un crimen federal, mientras que en los Países Bajos comercializarlo, aunque se trate de un ejemplar antiguo, es ilegal y castigado como una apología del odio racial. Sin embargo, no lo es poseerlo ni prestarlo. Para enredar todavía más las cosas, en Alemania es posible conseguir el texto en sitios virtuales y, sin ir más lejos, aquí en Chile se pueden descargar gratuitamente unas seis versiones distintas, incluida una en castellano.

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“El sol no se puede tapar con un dedo”, explica el analista internacional Raúl Sohr sobre la nula eficacia de medidas restrictivas en un mundo globalizado. Por eso, rescata que la nueva edición oficial sea una de tipo ‘sanitizada’, es decir, con miles de anotaciones críticas a pie de página que contextualizan y refutan muchas de las ideas del manifiesto hitleriano.
Quienes se opusieron a seguir manteniendo Mi lucha en la clandestinidad, argumentaron que lo prohibido sólo contribuye a alimentar el mito de un texto que, a fin de cuentas, se revela como soso, incoherente y plagado de errores gramaticales.

Un equipo del Instituto de Historia Contemporánea de Munich liderado por Christian Hartmann se adelantó a la liberación de los derechos de autor de Mi lucha. Durante tres años los historiadores sacaron adelante una edición crítica de la ‘Biblia nazi’ con más de 3.500 anotaciones a pie de página en las que además colaboraron expertos como Ian Kershaw, el biógrafo británico de Hitler.
El resultado fue Mein kampf. Eine kritischen edition (Mi lucha. Una edición crítica) que también llegó a las librerías en dos tomos, pero a diferencia del original que alcanzaba 800 páginas, los miles de comentarios lo convirtieron en un texto de casi 2.000. Y si la primera tirada salió al mercado en 1925 a unos tres dólares, la nueva versión supera los 60.

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Pues bien, para ser un libro grande y caro, las ventas superaron las expectativas, ya que la tirada inicial pensada en 4.000 ejemplares se amplió a más de 15 mil debido a las órdenes por adelantado. El libro se agotó en horas en el sitio alemán de Amazon y en otros países se especuló con precios inflados.
¿Es bueno este ‘revival’ por muy crítico que sea, en momentos en que el gobierno de Angela Merkel enfrenta una baja de popularidad por la crisis migratoria, mientras los partidos de ultraderecha como Alternativa para Alemania, se convierten en la tercera fuerza política del país? Después de todo, Mein kampf ponía énfasis en el argumento de ‘la Alemania abusada por el extranjero’, y si en la década de 1930 para los nazis este foráneo era encarnado por la figura de ‘el judío’, hoy lo podría representar el refugiado sirio o afgano.

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La obra que Hitler escribió en prisión tras el fallido golpe de Munich recurre a toda una mitología que convirtió al nazismo en algo más atávico y peligroso que una simple corriente ideológica. No es casual que muchos de los movimientos nacionalistas y xenófobos europeos se apropien de sus textos y simbología como es el caso de Amanecer dorado, en Grecia, que se inspiró en la cruz gamada.
Algo similar ocurre con el Partido de la Libertad, en Holanda y con el Jobbik, en Hungría, cuyos simpatizantes no tienen problemas en asistir a mítines luciendo alguna referencia al imaginario hitleriano.

Otra coincidencia desafortunada: el único país donde se anunció otra edición crítica es en Francia, en momentos en que el partido de extrema derecha Frente Nacional, liderado por Marine Le Pen, se convirtió en la primera fuerza política gala.

“Definitivamente no” —responde Simone Paulmichl del Instituto de Historia Contemporánea de Munich sobre el eventual catalizar del odio racial de una nueva edición de Mein Kampf—. “Nuestra intención es exponer sus mentiras y contradicciones y, de esta forma, socavar las bases y credibilidad de ideologías inhumanas como el nacionalsocialismo. Por esa razón, un radical de derecha, sin duda, no encontrará placer en nuestros comentarios ni conexión alguna con su visión política del mundo”.

—¿Cómo ayudaría el libro a la sociedad alemana a repensar su pasado?

—Por décadas, la sociedad alemana se comprometió a enfrentar críticamente su pasado y buscar formas de privar a la violencia, el racismo y el terror, de cualquier terreno fértil en el futuro (…). La comprensión crítica puede ayudar a entender mejor el trasfondo social que facilitó el ascenso de Hitler al poder. En ese sentido, la edición anotada de Mein kampf también funciona como un bloque más en la construcción del esfuerzo alemán para lidiar y llegar a un acuerdo con el pasado del país”.

Sohr no duda en que Mi lucha es una plataforma de antisemitismo virulento y un título de referencia para los racistas del mundo. Sin embargo, aclara, con o sin nuevas impresiones, este tipo de ideas circula en mentes que convierten a la ‘supremacía racial’ en su última trinchera. Ahí está el caso del noruego Anders Behring Breivik, quien en 2011 mató a decenas de jóvenes en una isla de Oslo desbordado por su odio al mestizaje cultural.

A una conclusión similar llegó el Consejo Central de los Judíos en Alemania que, tras oponerse a la reedición, terminó por apoyar a los historiadores de Munich, en parte, porque ayudaría a terminar con el halo mítico que rodea al libro cuyas premisas históricas son racionalmente refutadas.
“Una edición crítica del texto también aportaría a la discusión en Chile de la ley sobre la incitación al odio contra las minorías que se discute en el Congreso”, agrega Matías Wolff, vicepresidente de la Comunidad Judía de Chile.

Al final, y a pesar de la olla a presión que vive Europa por la crisis migratoria, venció la idea de que prohibir Mein kampf sólo contribuiría a aumentar su poder. Es el mito del ‘libro menos leído más famoso del mundo’.