Alberto Chang Rajii está sentado en su terraza, mira el mar y airea una copa de vino tinto que tiene en la mano. Lleva tres meses viviendo en un penthouse del penúltimo piso de un edificio de diez plantas ubicado a pocos metros de la playa de Sliema, un acomodado sector de La Valletta, capital de Malta. No sabe que lo están grabando ni que un equipo periodístico anda tras sus pasos, pero el fundador del Grupo Arcano tiene olfato y se da cuenta de la presencia de los periodistas a pesar de que están en la azotea del edificio contiguo.

Antes de llegar a vivir al penthouse, Chang pasó dos semanas en la suite de un hotel. Según los vecinos, el departamento estuvo vacío por un tiempo hasta que comenzó una remodelación que dio como resultado una decoración minimalista de mármol y metal, un amplio salón con cocina americana y vista hacia el mar donde suele recibir a sus amistades. El capítulo Malta en la vida de Alberto Chang empezó a escribirse el 12 de marzo de 2016, cuando salió de Chile en un vuelo con destino a Estados Unidos, aunque nunca pudo comprobarse su presencia en ese país. La denuncia anónima contra el Grupo Arcano que en diciembre del 2015 había llegado a la fiscalía de Las Condes daba pie a las primeras diligencias en las oficinas chilenas de Chang y el paradero del fundador del grupo era cada vez más incierto.

La situación estalló cuando el 6 de abril se difundió el contenido de un mail escrito supuestamente por Chang en el que hablaba de intenciones de suicidio. Sus ejecutivos David Senerman y Paulo Brignardello viajaron en su búsqueda. Fueron a Londres, luego a Suiza, pero no había rastro de su ex jefe. Días más tarde, el 12 de abril, las cámaras de Teletrece daban con Alberto Chang en la recepción del The Palace en La Valleta, uno de los hoteles más exclusivos de Malta. Por algunas horas el equipo periodístico se mantuvo en el anonimato. La intención era observar sus movimientos. Chang bajó desde su suite en el séptimo piso. Traía una carpeta en la mano, conversó en inglés con los recepcionistas, fue amable, saludó a los empleados del hotel, parecía un cliente habitual de aquel lugar, y se sentó en un sofá del hall a revisar mensajes en su celular. Esas fueron las primeras imágenes que se tuvieron de él y las que develaron su real paradero. Sus primeras semanas en Malta transcurrieron en ese hotel, lugar que transformó en su centro de operaciones. Salió de su suite en contadas ocasiones y recibió a los primeros abogados que contactó para seguir su caso, Carlos Castro y José Hinzpeter, quienes viajaron hasta la isla en primera clase desde Chile.

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Habían sido contactados por Verónica Rajii, la madre de Chang, para que asistieran a su hijo en los primeros pasos de un proceso que iba a durar años. Alberto Chang y sus abogados pasaron días enteros en la habitación estudiando la estrategia a seguir. Ellos lo describieron como una persona exigente, trabajólica y detallista. Y no era para menos, ya que a mediados de abril del 2016 a Chang se le congelaron sus cuentas bancarias, se le acumulaban querellas y el fiscal Carlos Gajardo entregaba a la PDI la orden de búsqueda que luego pasaría a ser una orden de captura internacional. Al principio de su larga estada en Malta, Chang se dedicó completamente a estructurar su defensa para evitar a toda costa la extradición a Chile, pero los años pasaron y no todo ha sido trabajo y preocupaciones.

Por estos días no es raro ver a Alberto Chang en exclusivos locales nocturnos de Malta, como en el TwentyTwo, ubicado en el último piso del edificio más alto de la Isla, o en el Skybeach, la piscina en la azotea del hotel 5 estrellas Intercontinental cuya propiedad es del Eden Leisure Group, el conglomerado de empresas del sector turístico y de casinos más importante de ese país, que pertenece a la familia De Cesare con la que Chang ha estrechado una amistad, en especial con Kevin De Cesare, conocido empresario de Malta y gerente del grupo. Sus últimos cumpleaños Chang los ha pasado organizando almuerzos en su departamento en compañía del empresario maltés y de su grupo de amigos más cercano. Juntos también pasaron las fiestas de fin de año en un íntimo almuerzo navideño en Naxxar, al norte de Malta.

A pesar de mostrarse reacio a hablar frente a las cámaras, el chileno ha mantenido una actitud abierta al diálogo, incluso amistosa detrás de ellas. Sus vecinos hablan de él como de una persona extremadamente educada y los trabajadores de un pequeño local de street food ubicado justo abajo de su edificio creían que Chang era un personaje del mundo del espectáculo debido a los periodistas que lo esperan bajo su puerta y a su actitud siempre segura y sonriente. Los medios locales remarcan su vestimenta impecable y su excelente dominio del inglés al momento de explayarse en los tribunales. Fue esa misma actitud la que gatilló la confianza de quienes depositaron sus ahorros en los fondos del Grupo Arcano. Desde los primeros encuentros con la prensa Chang se ha apurado en enfatizar no haber estafado a nadie: “Simplemente no puedo pagar porque después de la denuncia se me congelaron todas las cuentas”.

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A LA ESPERA DEL FALLO

Sus lazos con esta pequeña isla europea del sur del Mediterráneo partieron al menos un año antes del escándalo, específicamente en marzo del 2015 cuando Chang, desde Londres, comenzó los trámites para obtener la ciudadanía maltesa utilizando para ello los servicios de la sociedad Henley & Partners que a través del Programa Ciudadanía por Inversiones ofrece agilizar el proceso a pudientes empresarios interesados en naturalizarse europeos. Desde la firma explicaron que el trámite de Chang habría sido interrumpido y su residencia revocada cuando en Chile hubo cargos en su contra, pero si el fundador del grupo Arcano hubiese obtenido el pasaporte maltés habría tenido que desembolsar más de 1 millón de euros en un fondo isleño, además de demostrar la efectiva posesión de bienes inmuebles y obligaciones estatales.

A cambio, habría podido viajar sin visa a 168 países, moverse libremente por el área Shengen y, detalle no menor, su extradición se habría dificultado aun más. En la audiencia del 20 de enero del 2017, Chang, como en muchas ocasiones, desmintió haber utilizado la isla como un refugio para huir de la justicia chilena y explicó al tribunal que llegó a Malta con “un legítimo interés comercial y atraído por la eficiencia de sus impuestos”. En esa misma ocasión, Chang habló de su intención de adquirir otro pasaporte a causa de la preocupación que le habría causado el anuncio de un proyecto de Ley (en Chile)sobre un impuesto del 40% a los ingresos mundiales de los inversores chilenos, lo que le habría afectado negativamente. Fuentes chilenas aseguraron que Chang mantendría intereses comerciales en la isla relacionados con plantas solares.

El mismo Chang afirmó que sus ojos estaban puestos en el proyecto de Manoel Island, islote maltés que ha despertado la atención de empresas privadas que buscan obtener la licitación para su recuperación y posterior explotación turística. Lo cierto es que hasta ahora no ha sido posible comprobar su efectiva participación en este tipo de negocios, aspecto que llama la atención puesto que el inversionista chileno ha seguido manteniendo un alto nivel de vida. En la primera entrevista a un medio chileno, Chang aseguró a Canal 13, que este periodo en Malta ha sido “diferente. No trágico, pero sí muy distinto”. Cuando se le pregunta cómo se las ha arreglado para mantenerse, teniendo en consideración que no ha podido trabajar y que según él todas sus cuentas han sido congeladas, responde: “vengo a Malta desde hace mucho tiempo y las provisiones para arriendo y otros detalles estaban resueltas desde antes”. Como sea, su rutina se vio interrumpida el 12 de diciembre del 2016, cuando fue detenido por la policía local.

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Según la abogada de la Procaduría General maltesa, Vincienne Vella, Chang habría puesto una cierta resistencia a los agentes rehusando abrir la puerta de su departamento. Luego de comprobarse que no había riesgo de fuga y tras el pago de una fianza de 2 mil euros, la Corte decidió dejarlo bajo arresto domiciliario, pero cuando debían verificarse las medidas cautelares, se sentenció que el acusado debía pagar una fianza acorde a sus posibilidades económicas, es decir 100 mil euros. Alberto Chang no pudo pagar dicho dinero, ya que en las cajas del Tribunal no se acepta que una misma persona realice un pago en efectivo por un monto superior a los 10 euros. Chang tenía el dinero en efectivo, pero debía encontrar a diez personas para que fueran a depositarlo. Misión que le resultó imposible y, según lo que dicta la ley maltesa al no poder pagar una fianza, a Chang se le abrieron las puertas del penal Corradino, la cárcel de Malta, donde estuvo por dos semanas. Desde entonces, ha estado a la espera de los tribunales.

Primero a que se pronunciaran sobre la extradición; la que fue rechazada por el magistrado Aaron Bugeja, en un fallo del 7 de abril del año pasado. Y luego, por la apelación a dicha resolución por parte de las autoridades chilenas. El pasado 20 de abril, era el turno de la Procaduría maltesa en el proceso de apelación a la decisión de no extraditarlo a Chile, pero sin dar mayores explicaciones y sin fijar una nueva fecha, la Corte de La Valletta decidió, por segunda vez, aplazar la audiencia. La estada del fundador del grupo Arcano en la pequeña isla europea se alarga y hasta ahora nada hace suponer que haya prisa por revertir el fallo del año pasado. En dicha ocasión, el juez basó su sentencia en la falta de pruebas para acreditar que los delitos que se le imputaban a Chang en Chile: estafa, lavado de activos e infracciones de la Ley General de Bancos y la Ley de Mercado de Valores, cumplieran con los requisitos para autorizar la extradición de acuerdo a la Convención de Palermo. Pero a pesar de la demora, no todo está dicho y la apelación sigue en pie. Por mientras, Alberto Chang se mantiene a la espera de una sentencia definitiva que lo devuelva a Chile o le permita vivir indefinidamente en Malta.