En medio de un paisaje de arces, castaños y hayas, muy cercano a las ruinas de Stonehenge y a la catedral medieval de Salisbury, se encuentra el Marlborough College, uno de los colegios mixtos de elite del Reino Unido que se congratula de tener entre sus ex alumnos a gente muy famosa, respetada y poderosa.

Está ubicado en el condado de Wiltshire, a 128 kilómetros de Londres, en el suroeste de Inglaterra, en una zona alfombrada de tréboles y chépica alemana, célebre por su clima templado y suave -muy distinto al resto del Reino -, y también por sus canteras de tiza blanca, una piedra caliza porosa resistente a la erosión que le da un toque original mezclando verdes, ocres y blancos en un paisaje digno de una pintura de William Turner.

En la “Guía Inglesa de los Buenos Colegios” se afirma que el Marlborough es la quintaesencia del colegio tradicional inglés, aunque mira el futuro de una manera más amplia y moderna que otros institutos similares, ya que, según esa guía, se preocupa especialmente de que los estudiantes  se involucren  en el concepto de responsabilidad social.  Para ser admitidos,  los postulantes deben pasar duros exámenes y entrevistas, además de tener selectas cartas de recomendación. Y, por supuesto, disponer de lo suficiente para pagar su arancel anual: treinta millones de pesos chilenos para los internos y veinticinco millones y medio para los externos.

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Su amplio patio central  está rodeado por edificios de diferentes estilos. En su extremo sur hay una mansión de principios del siglo XVIII que fue el primer edificio utilizado por la escuela cuando originalmente fue fundada por la Iglesia de Inglaterra, en 1843, para los hijos de sus sacerdotes.  Al costado están las antiguas caballerizas, hoy convertidas en residencias para estudiantes.  En  su lado occidental está el salón comedor construido en 1960,  que se vanagloria de tener  el mayor techo sin vigas del país. La esquina noroeste está dominada por una capilla de estilo gótico y  un poco más lejos se encuentra el laboratorio de ciencias, construido en 1933. Se trata de una construcción de postigos de hormigón, catalogado por los expertos como un edificio de jerarquía arquitectónica.

Marlborough tiene 880 alumnos, de entre 13 y 18 años, de los cuales, desde 1968, un tercio son niñas. Ellos usan obligatoriamente chaquetas de tweed y pantalones de franela gris; y ellas igual, sólo cambian los pantalones por polleras largas. Los alumnos internos son asignados a una de las residencias al entrar a la escuela,  las que están divididas por edad y sexo. Cada una tiene un nombre y compiten entre sí en sus deportes favoritos que son el cricket, el polo y el tiro. Su rendimiento académico es extraordinario. El 89 por ciento de los alumnos saca los puntajes más altos en la prueba de selección universitaria británica.

Cuando algunos avezados periodistas supieron que Middleton era su ex alumna, preguntando y atando cabos,  descubrieron que otras distinguidas señoras de políticos renombrados como Samantha Cameron, la esposa del Primer Ministro, Dave Cameron;  Frances Osborne,  mujer del ministro de Hacienda, George Osborne; Sally Bercow, esposa del presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow;  y Diana Fox Carney,  mujer del gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Fox Carney también lo eran.

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Pronto averiguaron que Marlborough no sólo había producido medias naranjas  para políticos sino que su  influencia  irradiaba igualmente a los más diversos campos y disciplinas como la informática, la moda, los medios de comunicación y Hollywood.

El fundador de Google, Sergei Brin; la modelo  Amanda Harlech, ex esposa de lord Francis Orsmby-Gore, sexto barón de  Harlech, y musa de Karl Lagerfeld  y John Galliano;  o la inclasificable Georgina Chapman,  mujer  del  productor de cine Harvey Weinstein, ganador del Oscar por películas como El paciente inglés, Jane Eyre o Chicago,  también son  old marlburians  y muy orgullosas de su colegio.

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Un periódico se preguntó entonces si  uno de  los ramos de las señoritas de Marlborough era “la caza de un marido poderoso”. Mientras, la parlamentaria laborista Elizabeth Truss  puso a las chicas marlburian como ejemplo  de la sociedad de casta inglesa cuyos lazos se entretejían en colegios como éste los que, según ella,   “estaban estrangulando la movilidad social del Reino Unido al convertirse en una especie de productora de mujeres perfectamente preparadas para un rol de acompañantes”. Comentario que causó la indignación de muchas ex alumnas con maridos sin influencias.

A partir de entonces, el establecimiento se ganó el mote de colegio de “las señoritas de”, el “mussus college” (de las manualidades). Aunque, para ser justos,  también pasaron por sus aulas “señores de” como el anodino ex marido de la princesa Ana, Mark Phillips.

El rector del Colegio, Jonathan Leigh, no ha querido comentar nada al respecto. Sólo declaró por escrito que: “Esta  situación única nos tiene muy orgullosos porque se dio una convergencia bastante feliz que ha llevado a la formación de un grupo de mujeres capaces y poderosas  a ser el apoyo de hombres importantes”.

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¿Son en realidad estas mujeres sólo “señoras de”?  Los datos dicen otra cosa. Las chicas aludidas son muy diferentes entre sí. Las hay intelectuales, ejecutivas, creadoras y expertas en mercadeo.  Todas tremendamente independientes y la mayoría gana varias veces más que sus compañeros.

Entre las últimas, la más vapuleada ha sido sin duda Amanda Rosenberg  de sólo 27 años. Una vez graduada en Comunicación por la Universidad de Leeds con la especialidad de  marketing on line, apareció por Silicon Valley buscando fama y fortuna en Google. Pronto se hizo cargo de la gerencia de marketing del Google Glass, los portentosos anteojos sabelotodo. Allí  subyugó a su jefe, Sergei Brin, de 40 años,  uno de los fundadores de la empresa, que no trepidó en abandonar a su mujer, uno de los cerebros de la Google, por según él,  disfrutar de una de las cabezas más ordenadas y bellas del futuro del rubro.  

En esta categoría también está Sally Bercow, 44 años, quien después de estudiar  un par de años en Oxford, hizo una carrera profesional en Publicidad y Relaciones Públicas. Conoció a John Bercow, presidente de la Cámara de los Comunes, en 1989 en una fiesta del Partido Conservador. Se casaron en  2002 y en 2010,  sin importarle lo que dirían en el partido de su marido, se presentó –sin éxito- como candidata al Parlamento por el Partido Laborista, opositor al de su marido. Cuando el gobierno le pidió a John Bercow que  la llamara  al orden -después de que, además,  Sally se fotografiara cubierta a medias con una sábana frente al Parlamento, y que participara en el “Gran Hermano de Celebridades”- éste afirmó que  él no es dueño de su mujer y que ni se le ocurriría pretenderlo.

Después están aquellas mujeres que se dedicaron al diseño, la literatura y el cine:

Georgina Rose Chapman tiene 38 años  y es diseñadora, modelo y actriz. Estudió en el Chelsea  College of Art and Design . Se casó con Weinstein Chapman en 2007 y tienen dos hijos. Junto  a la actriz  Keren Craig fundaron la marca Marchesa, favorita de Hollywood que le ha dado enormes ingresos.

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Samantha Cameron, 43, estudió Bellas Artes en la Universidad de West England. En Marlborough fue compañera de curso de Clare,  la hermana del primer ministro David Cameron. Se casó con él cinco años antes de que entrara al Parlamento. Samantha se convirtió en una gran diseñadora de joyas y accesorios de lujo y, antes de dejar de trabajar, ganaba cinco veces más que su marido. 

Después de salir del colegio Amanda Harlech, 55 años, ex de Lord Harlech, estudió  literatura inglesa en Oxford especializándose  en Henry James. Luego trabajó como consultora creativa con John Galliano, cuando éste era un diseñador independiente.  Al  irse éste  a Dior, en 1996, se fue a trabajar con  Karl Lagerfeld en Chanel, transformándose en una de sus asesoras preferidas.

Frances Osborne, 45, abogada de Oxford,  mujer del ministro de Hacienda, George Osborne, es una escritora muy considerada por sus biografías. La Fiesta de Lila sobre su bisabuela y Bolter,  que cuenta la historia de Idina Sackville, también  antepasado suyo, se convirtieron  en  bestsellers internacionales. En tanto que Park Lane, su tercer libro y primera novela fue publicada en junio de 2012 con un éxito inesperado.

Por último la más docta es Diana Fox Carney, 48, esposa del presidente del Banco de Inglaterra,   se graduó en Filosofía y Economía  y tiene un master en Relaciones Internacionales de la Universidad de Pennsylvania  así como un master en Economía Agrícola de Harvard.  Trabaja en distintas organizaciones multinacionales.

La más sencilla sin duda es Kate Middleton, 32, que, después de Marlborough, entró a estudiar Historia del Arte a la  Universidad de Saint Andrews.  Allí conoció al príncipe Guillermo.  Antes sólo tuvo una pareja, nada menos que de apellido Marx, y al comienzo dudó en comprometerse con el heredero de la corona  por temor a que éste no fuera serio en sus intenciones.

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También entre los ex alumnos varones del Marlborough College hubo en  tiempos pasados hombres especiales como el espía soviético  Anthony Blunt; Sir Peter Medawar, biólogo ganador del Nobel  de Medicina en 1960, John Hunt, el primer occidental  en ascender el Everest con éxito en 1953; Frank Chichester uno de los  yatistas pioneros en dar la vuelta al mundo;  y nada menos que  cinco obispos, entre ellos el de Londres entre 1901 y 1939, Arthur Winnington-Ingram, y, entre 1944 y 1961,  un arzobispo de Canterbury, jefe de la Iglesia de Inglaterra, Geoffrey Fisher.  Pero últimamente no han brillado demasiado.

Las autoridades de  Marlborough no son muy comunicativas, ni con la prensa ni con nadie, su mudez hace rabiar incluso a algunos padres como el marqués de Worcester que alega que dos estudiantes han sido expulsados ​​del colegio, sin pedir la opinión de los padres, por tener relaciones sexuales  en sus dormitorios.  El castigo le  parece excesivo para un acto que considera natural y no criminal.

La rectoría no opina tampoco sobre  denuncias que afirman que adolescentes Marlburians de ambos sexos experimentan con drogas en el colegio,  que se fugan los sábados por la noche para ir de juerga,  y  que cuelan en botellas de champú  alcoholes de todo tipo y procedencia.

A los mandamases de Marlborough les duele todavía no poder competir con Eton -el más prestigioso colegio masculino del Reino Unido-,   en cuanto a la producción de machos alfa, que pueblan la elite política y financiera de la isla,  pero sí les entusiasma  decididamente ser  los mayores proveedores de consortes para ellos.