Invitado por Revista CARAS para este número especial dedicado a temas del medioambiente, quisiera escribir desde una perspectiva optimista, en función de cuánto hemos progresado.

Puedo afirmar que en Chile hemos avanzado. Gracias al desarrollo tecnológico, a las actuales energías renovables no convencionales, cada vez más accesibles, y a decisiones administrativas correctas, hemos superado la gran crisis energética y sus elevados precios. Chile también ha ganado prestigio internacional y tiene mayor confianza en poder cumplir con los acuerdos adquiridos referidos al cambio climático, como aquellos alcanzados en el Tratado de París de 2015.

Sin embargo, no puedo decir que hemos mejorado a nivel mundial. Hoy, no es la Tierra la que está en peligro —que existe desde hace más de 5 mil millones de años— sino la existencia del ser humano. Las nuevas condiciones del planeta, generadas por el cambio climático, harían imposible la vida como hoy la concebimos. Y este drama que tenemos por delante está potenciado por tres hechos ocurridos recientemente, estrechamente relacionados entre sí, y que nos hacen temer por la supervivencia humana.

El primero dice relación con el Acuerdo de París, donde los dos países con mayor producción de gases de efecto invernadero, China y Estados Unidos, se comprometieron con un nivel máximo de emisiones. Así, los presidentes Obama y Xi dieron un ejemplo al mundo, a partir del cual el resto de los países indicamos voluntariamente el nivel máximo de emisiones con el que nos podíamos comprometer. El objetivo era ver si eso permitía evitar que el año 2050 la temperatura de la Tierra excediera el nivel límite de los 2° Celsius respecto de lo que había al comienzo de la Revolución Industrial. Si bien los estudios indicaban que era difícil cumplir los compromisos asumidos en el Acuerdo de París —dado que el 2050 se calcula una población de 9 mil millones de personas, muy superior a los 7 mil millones de hoy— existía disposición a ejecutar lo pactado. Sin embargo, el retiro de Trump del Acuerdo, basado en su premisa de que “América está primero” y que tiene derecho a seguir creciendo y contaminando más allá del acuerdo contraído, provocó una indignación mundial. Y lo más grave es que ahora Trump dice que “parece que es cierta la amenaza respecto de los gases invernadero, pero eso se resuelve por otras vías”.

El segundo hecho negativo, se refiere al nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos, centro académico organizado por Naciones Unidas, integrado por más de tres mil científicos del mundo y el más avanzado para medir las consecuencias de las emisiones de gases de efecto invernadero. Hasta ahora, sus estudios señalaban que la contaminación por la extracción de combustibles fósiles —carbón, gas, petróleo—, indispensables para la producción de energía, permanecería en la atmósfera durante 110 a 120 años. A partir de estos datos, proyectábamos confiados que hacia el 2050 podríamos vivir en un planeta cuya temperatura no debiera subir más allá de 2°C, como resultado de la acumulación de gases en la atmósfera.

Sin embargo, este panel intergubernamental publicó hace pocas semanas un nuevo informe, que indica que cada año emitimos una cantidad muy superior a cuando éramos menos de mil millones de personas en el mundo y teníamos menos aparatos en los hogares e industrias. Por tanto, esta contaminación permanecerá más de los 110 o 120 años proyectados inicialmente. Así, para estar seguros de que la vida humana se mantendrá compatible con el planeta y su calentamiento, este no puede aumentar más de 1.5°C.

Eso implica que el esfuerzo que debemos hacer es mucho mayor del que se consideró en París. Y, en circunstancias que ya llevamos un calentamiento de 1.3°C, el trecho para llegar al 1.5°C es muy pequeño. Debemos trabajar mucho más de lo que suponíamos el 2015 y ahora no solo para reducir los efectos que puede producir el retiro de Estados Unidos del Acuerdo. Queda poco tiempo, poco espacio y, sin el desarrollo rápido de la tecnología, podemos fracasar.

El tercer hecho, y el más reciente, es la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil, quien pese a haber anunciado su intención de seguir el ejemplo de Estados Unidos y retirarse del Acuerdo de París, posteriormente declaró que no lo haría. Porque Brasil, un país muy importante en el concierto internacional, con casi 200 millones de personas y un gran producto interno bruto, lo que genera como resultado de dicho producto es menos de la mitad del total de sus emisiones. En efecto, el 51% de las emisiones de Brasil es consecuencia de la deforestación del Amazonas. Es el único caso en el mundo donde todo lo que produce en gases de efecto invernadero durante un año es inferior a lo que emite por los árboles que corta en el mismo periodo. Múltiples llamados han solicitado a Brasil actuar sobre este hecho, sin resultados hasta ahora. ¿Qué es lo dramático? Que el presidente Bolsonaro ha dicho que no aceptará restricciones a Brasil en cuanto a impedir la deforestación actual. Es decir, ha notificado al mundo que Brasil es dueño de seguir talando sus árboles, porque el crecimiento económico está primero y si ello requiere deforestar, se hará, aunque signifique contaminar más que con su producción anual de bienes y servicios. Uno de los pocos avances logrados en tantas negociaciones sobre cambio climático fue que, de la misma manera como se paga por plantar un árbol, también se pagará por no cortar uno ya existente, bonificando así el fin de la deforestación.

Si queremos terminar con un poco de optimismo esta columna, digamos que el ser humano está consciente de lo que viene a futuro y puede reaccionar. Todos y cada uno de nosotros podemos hacerlo, tomando conciencia de lo que tenemos por delante y partiendo por nuestros propios hogares y familias. También podemos utilizar las nuevas tecnologías y hacer una gran campaña que reúna todas las acciones ciudadanas del mundo orientadas a preservar la Tierra, para que las futuras generaciones puedan vivir como nosotros lo hemos hecho.

Quisiera hacer un llamado a la acción. Si estamos conscientes como lo están quienes leen esta edición dedicada al medioambiente, hagamos un compromiso individual con el planeta, hasta ahora el único que el ser humano puede habitar. Cuidémoslo, organicémonos y hagamos escuchar nuestra voz ciudadana para que los líderes nos guíen por la senda que no debemos abandonar.
Aún es tiempo, manos a la acción. Hombres y mujeres de pensamiento, también a la acción.