Los que han leído estas columnas saben que más de alguna vez he hablado de las ventajas del reciclaje y de como éste impacta positivamente, disminuyendo la basura en los vertederos y también dañando menos el planeta. Lo sigo pensando. Pero tampoco puedo hacerme la ciega cuando quienes participan en el negocio del reciclaje empañan esta labor, con situaciones como la que ocurre con la planta que recicla baterías en el Puerto de San Antonio.

Detrás de su destacable tarea se esconde una cara bastante fea. Su trabajo estaría afectando a la población local, específicamente a niños que viven cerca del lugar y que estarían contaminados con plomo. Esto se demostró a través de exámenes realizados por el Instituto de Salud Pública (ISP), razón por la que la Superintendencia del Medio Ambiente determinó que este lugar, perteneciente a la empresa Tecnorec S.A., cesara temporalmente sus actividades. 

Incluso dos de los menores a los que se les aplicó la muestra, arrojaron cifras de terror: presentan más de 10ug/dl, lo que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es riesgoso para la salud.

La medida de la suspensión de actividades rige por 15 días hábiles desde el 1 de agosto. ¿Y después? El después es tema de reflexión porque el reciclaje de estos elementos es bastante delicado, y las autoridades no quieren “interrumpir el proceso de recepción de baterías usadas, a fin de evitar el riesgo adicional que produciría la desviación de dichas baterías a procedimientos informales y/o clandestinos de tratamiento”, según señala la resolución.

Es cierto, el riesgo de las baterías en manos de particulares o un mal manejo de ellas es algo que puede tener un gran impacto en la salud. Ya lo saben sin querer los menores afectados y sus familias, las mismas que vienen denunciando hace años una situación vergonzosa, por decir lo menos. Por fin nos dignamos a escucharlos y es de esperar que sea el inicio de un manejo responsable y de la supervisión adecuada a estas y otras plantas. La palabra reciclaje lleva en sí muchos beneficios, pero hacerlo responsablemente es esencial para que otros no borren con el codo lo que muchos con dedicación y trabajo intentamos hacer con las manos.

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