La semana pasada me reí muchísimo en la oficina conversando sobre una foto que publiqué en Instagram, de una mañana primaveral cualquiera -con 6 grados- en que mientras yo llevo todavía los pantalones de cuero, guantes abrigo, botas y bufanda enorme, el vikingo sentado frente a mí en el tren va en… ¡shorts! Tal como lo leen ¡Nadie puede! Fue mi primera reacción, que se transformó rápidamente en ¡solo ellos pueden!
Aquí comienza la primavera el 1 de marzo y los vikingos, literalmente, florecen. Aunque eso de “llegó la primavera” sea muchas veces meramente una constatación de fechas más que de temperaturas. Aun así los vikingos y vikingas enloquecen de felicidad y su actitud mental sale del invernadero en un dos por tres y pasan, de forma casi automática, del chocolate caliente con al helado con crema.

Además de la aparición de los narcisos por doquier -lo que ya hace mi vida una fiesta porque me encantan- se comienzan a ver fuera de las casas las señas de las limpiezas profundas de primavera y, el fin de semana, así sea con temperatura bajo los 10 grados Celsius y con viento, se empiezan a oler las primeras parrilladas. Los jardines se vuelven una prioridad fundamental y no hay lunes en que no se vean los resultados en las manos de las ramas, malezas y todo el trabajo de jardín que ocupó el fin de semana.

Aquí la cosa es clara: llegó la primavera, HAY que salir. La vida se hace puertas afuera. Yo intento seguir algunas de estas costumbres no escritas, pero no siempre lo logro. Por ejemplo, me impresiona ver con mucha soltura de cuerpo mujeres de cualquier edad muy pronto sin medias ¡Yo muero! Y mis mini-vikingas también, porque ellas que nacieron con el chip nórdico, se desesperan cada vez que les digo que se pongan algo grueso cuando las veo salir con una chaqueta de jeans y sin bufanda con 6 ó 7 grados: “Mamá, está “fresco” no más, es primavera!”.

Las chaquetas gruesas de invierno se guardan con bastante prontitud y, en general, la vestimenta se vuelve rápidamente “más liviana”, incluyendo las sandalias que aparecen con más rapidez de la que yo pueda imaginar. Y sí, es posible ver a un vikingo o vikinga que va “de pasadita” a alguna parte simplemente en short, camiseta de manga corta o si es más conservador, quizá con una cortaviento… abierta, naturalmente.

Yo, mientras, me paseo enfundada en todo lo que encuentro y mi closet de invierno hay años que ni siquiera he llegado a cambiarlo por el de primavera-verano, porque mi piel insiste en decirme que con esas temperaturas mejor me quedo con la bufanda. Pero no crean, a veces hago mis intentos y creo que mi resistencia al frío y al viento que hace que la sensación térmica sea siempre más baja, han ido mejorando considerablemente con el paso de los años.

Por otro lado, ya llegó la luz y los días son más largos así que eso paga cualquier objeción que uno tenga con las temperaturas de esta primavera fraudulenta. Eso hace que, más que nunca, los café con los amigos sean SIEMPRE en las mesas de afuera de los cafés… claro que tapadas las piernas con las mantitas que suelen poner en las sillas y que nadie, jamás, se lleva. Afuera se toma el café, la cerveza, se almuerza, ¡todo!

También cuando voy a pasear a mi perro al bosque por las mañanas, me encuentro con tres veces más madrugadores que alistan sus zapatillas y sus bicicletas nada más sabiendo que el calendario pasa de febrero a marzo. Se ven más ciclistas que van y vuelven a su trabajo en bicicleta, como mi vikingo -cuando está aquí- que hace feliz en bicicleta los casi 40 kms diarios de ida y vuelta a su trabajo.
¡En Dinamarca ya es primavera! De verdad, admiro esa configuración mental que te permite ser feliz solo con saber que la estación más esperada del año ya está aquí…aunque las temperaturas no siempre acompañen ;-)

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