Pippa Middleton se casa y será la fiesta más importante del próximo año en Inglaterra. Seguramente con vestido de Alexander McQueen y rodeada de lirios blancos entrará a la iglesia con igual o mayor gracia que su hermana. Después de todo, siempre fue la niña que, entre tres hermanos, lideraba en la familia los momentos sociales, la que siempre quería inmortalizar la alegría en fotos y convertirse en la mejor organizadora de fiestas en sus tiempos de estudiante. Como tantas hijas de los nuevos ricos del Reino Unido tuvo una formación con todos los ingredientes que se esperan de una mujer dispuesta a desenvolverse con libertad entre torneos ecuestres, royalties y causas sociales. Estudios en Marlborough, internados en Escocia y vacaciones en Formentera.

Como una princesa de otro tiempo ahora es motivo de felicidad en el clan Middleton. Si su hermana mayor será reina cuando William suceda a su padre y a Isabel II, ella no se podía quedar atrás. Un millonario poderoso, joven y guapo es el candidato que confirma que los Middeton aparecen en la escena como los Bolena en los tiempos de las redes sociales, dispuestos a perpetuar un linaje de más esfuerzo que aristocracia. De ser pobres mineros del carbón pasaron a liderar la industria del cotillón, con sombreros de lentejuelas, serpentinas y antifaces emplumados.

Siempre cerca de las celebraciones, Pippa y su hermana fueron divertidas desde sus primeros pasos, entusiastas al límite y sobre todo dueñas de una ambición abierta y con rasgos de ingenuidad. Como esa vez que el mismo entorno social de Kate, meses antes de su matrimonio, filtrara que ella siempre puso fotografías de la familia real en las paredes de su habitación de niña, que le gustaba que la llamaran princesa en los juegos infantiles y que sus padres la educaron cerca de las hijas de Sarah Ferguson. Pero nada más revelador que su decisión de estudiar historia del arte en la Universidad de Saint Andrews, donde sabía que sería compañera de curso, y por supuesto mucho más que eso, de William: el futuro rey y uno de los hombres con mayor popularidad del Reino Unido.

Como buena hermana menor, Pippa tiene ejemplos claros de cómo nunca perder el tiempo. Luego de romper una larga relación con el corredor de bolsa Nicholas Jackson, buscó refugio en un antiguo amor. Entre viajes por el Báltico y actividades benéficas, finalmente James Matthews le pidió matrimonio en una zona llamada District Lake, en el norte del país.

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“La señorita Pippa Middleton y el señor James Matthews están encantados de anunciar que se comprometieron en julio y que planean casarse el año que viene”, decía la nota oficial de la casa Kensington, que maneja los asuntos públicos de Kate y William. Desde otra vereda, Michael Middleton y Carole Goldsmith, los padres de las hermanas más famosas de Inglaterra, también actuaron como voceros y manifestaron que “estaban absolutamente encantados con la noticia” y agregaron que juntos formaban “una pareja maravillosa”.

James Matthews no es alguien nuevo en el horizonte. Han tenido un romance intermitente, con idas y venidas que nadie pone en tela de juicio porque Pippa siempre ha cultivado un perfil de mujer libre, con proyectos propios y frecuentemente rodeada de amigos. A cargo de su propia empresa de inversiones, el novio es dueño de Eden Rock Capital Management Group, que maneja negocios hoteleros y resorts de lujo. Estudió en el elitista colegio Eton, el mismo lugar en el que se formaron los príncipes William y Harry. Su gran pena, como la de toda su familia, es haber perdido a su hermano Michael en 1999 con 24 años recién cumplidos. Después de haber conquistado la cima del Everest habría sufrido una caída mortal. Nunca encontraron su cuerpo y, desde ese momento, la familia decidó crear una fundación en su memoria que reúne fondos para la educación de los niños de Nepal, Tailandia y otros países pobres de Asia y Africa.

Acostumbrado al asedio periodístico, a James no le molesta que Pippa sea perseguida por los cazanoticias. Al contrario de Alex Loudon, otro millonario que fue el novio de Pippa por más de dos años y que no soportaba despertar con una hueste de paparazzis a la salida de su casa. Casi nunca sola, ella sin embargo siempre ha tenido más que un par de pedestales donde afirmarse. Cuando las cosas no andan bien, cuando está triste aparece el príncipe Harry que sabe cómo hacerla reír y, sobre todo, está el ilustre George Percy: el conde soltero más codiciado de Europa, el mismo que la acompañó durante sus años de estudio en Edimburgo, el amigo inseparable, el confindente que como ningún otro le ha enseñado a vivir entre palacios.