Una joven de 15 años se embaraza de forma planificada para salir de la casa de sus abuelos. Su abuelo es alcohólico, su abuela dueña de casa, acostumbrada a recibir malos tratos de su marido. Su madre siempre ha vivido junto a ellos. Esta joven, que llamaremos Elena, sueña con tener su propio hogar.

En marzo nació su hija, desertó del colegio y después de un tiempo se fue a vivir con su pareja: un hombre violento y de quien depende económicamente. Esta situación se repite en nuestra sociedad y es alarmante: “El riesgo de ser víctima de violencia doméstica y obstétrica aumenta significativamente” (Monterrosa 2017) y el 67% de las adolescentes que ingresan a la Fundación SoyMás son víctimas de violencia. La labor de esta organización, sin fines de lucro, está enfocada en mejorar la calidad de vida de jóvenes embarazadas y/o madres adolescentes. La fundación brinda apoyo sicosocial, educativo y de salud orientado a la formación en un oficio y su posterior empleabilidad.

Lo cierto es que la mayoría de estas adolescentes no cuenta con redes de apoyo, carecen de adultos protectores. La falta de oportunidades y desconfianza en el sistema las lleva a una mayor desesperanza en el futuro, y por consecuencia, a carecer de un proyecto de vida. Muchas Elenas planifican su embarazo y esta realidad está completamente invisibilizada. Nuestro trabajo nos evidencia que con el embarazo adolescente se genera entonces una brecha aún más grande de oportunidades para las mujeres; aumenta la deserción escolar, se dificulta la inserción laboral y se favorece significativamente la reproducción del círculo de la pobreza. Por consecuencia, tanto Estado como sociedad tenemos una gran responsabilidad en esta materia.

El Estado es fundamental, en cuanto debe ejercer un rol garante y protector de derecho de estas jóvenes madres, y por otra parte, aquellos ciudadanos influyentes deben comenzar a hacer visible esta realidad y trabajar por ello. Las madres adolescentes no cuentan con redes de apoyo efectivas, si Elena quisiera una casa de acogida para menores de 18 años, que la acoja y acompañe junto a su hijo, no podría acceder, puesto que no existen; la única vigente en la actualidad se llama Hogar Refugio de la Divina Misericordia, ubicada en Estación Central, y será cerrada a fines de este año. Surgen dudas: ¿Qué responsabilidad recae en las madres adolescentes y en nosotros como sociedad en su decisión de ser madres? ¿Se protege a estas madres adolescentes? Y finalmente, ¿está siendo el Estado un ente garante de oportunidades para el desarrollo integral, educativo y laboral de ellas?

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