Mayo de 1988. Fecha complicada, una revista de formato gigante, todas las esperanzas puestas en esta nueva aventura… Era mi quinta revista, después de Contigo, Cosas y varias otras. Pero se me había negado el permiso para editar nuevas revistas.

Al cabo de dos años de largo peregrinar, ¡salió la autorización! El equipo fundador era demasiado entretenido. Con María Elena Wood, fichamos al diseñador Ignacio Pérez Cotapos, quien no tuvo dudas: “¡Hay que romperla, nada a medias, todo grande, gigante…!”. Convocamos a un equipo de periodistas y fotógrafos de lujo. El plebiscito que diría Sí o No a Pinochet era en octubre de ese año, y eso nos tenía nerviosos. Igual nos jugamos por Ricardo Lagos en la sección ‘La cara política’, pero el norte fue darle amplio espacio a revivir el mundo perdido de la cultura. Antonio Skármeta y Marco Antonio de la Parra se harían cargo.

¿Y la portada? Elegimos eso, cultura y política. Juliette Binoche encarnaba a la protagonista del best seller La insoportable levedad del ser, de Milán Kundera, una historia de amor en medio de la Primavera de Praga de 1968. Binoche, mujer rupturista, no filmaba con cualquiera. El director Philip Kaufmann la llamó a emprender esta aventura junto a Dany Day-Lewis y Lena Olin. Fue un triángulo amoroso de alta intensidad ambientado en la primavera de Praga, 1968. (De pronto pienso en el éxito de Cold War, la película del momento). Binoche encarnó la fuerza que nos impulsó a convertir esa revista en la número uno del momento, a dejar de lado el miedo y a pelear con las armas intangibles del pensamiento, el alma y el coraje periodístico. Fue una idea colectiva del equipo, que tenía una sensibilidad y un empuje para sacarles el sombrero hasta el día de hoy.