Desde ese 10 de abril de 2010, cuando junto a James Hamilton, José Andrés Murillo y Fernando Battle —los cuatro denunciantes del Caso Karadima— estremecieron al país con sus testimonios en Informe Especial, ya nada volvió a ser lo mismo para Juan Carlos Cruz. A partir de ese instante su vida cambió “en 180 grados”, como lo define ahora, instalado en el living de uno de sus hermanos en Chicureo. Un lugar rodeado de naturaleza, con la tranquilidad suficiente para procesar un año que para él ha sido potente. Radicado en Filadelfia hace años (es el presidente de comunicación global de una multinacional), vino a Chile por espacio de tres días para estar en la primera comunión de su sobrina. “Creo en la Iglesia y en sus sacramentos. Todo lo que he vivido no va a acabar con mi fe”, admite emocionado. El tono de su voz es suave. A ratos se quiebra y sigue adelante. Pero también se indigna, sobre todo cuando habla del “contradictorio” comportamiento de la alta jerarquía eclesiástica. “Por un lado piden perdón y, por otro, aseguran que somos unos complotadores que queremos atentar contra la Iglesia chilena”.

El primer golpe fue un revelador intercambio de mails entre los cardenales Francisco Javier Errázuriz y Ricardo Ezzati para impedir que fuera incorporado a la Comisión Pontificia de Previsión de Abusos Sexuales, creada por el propio Papa Francisco para instalar nuevas prácticas en la tutela de menores por parte de instituciones de la Iglesia. Sin embargo, a través de la prensa se enteró de una serie de correos en el que ambos cardenales se mostraban inquietos ante el inminente nombramiento: “Espero que no sea así, sería demasiado grave para la Iglesia de Chile. Significaría dar crédito y avalar una construcción que el señor Cruz ha construido astutamente (sic)”, escribió Ezzati en uno de sus correos. A lo que Errázuriz contestó: “¡La serpiente no prevalecerá!”.

Wp-juan-carlos-cruz-450

La filtración de los mails generó indignación entre los miembros de la comisión vaticana. Su presidente, el cardenal irlandés Sean O’Malley, se comunicó telefónicamente con Cruz para lamentar —y de paso disculparse— por lo ocurrido. “‘Nadie tiene derecho a hablar así de ti —me dijo—; he sabido de tu compromiso con la Iglesia y quiero pedirte perdón’. Y me aseguró que discutirán a la brevedad mi reincorporación a ese organismo. Pero ahora ya no estoy interesado en formar parte…”, asegura Juan Carlos Cruz molesto por los recientes dichos del Papa Francisco quien defendió la permanencia de Juan Barros como obispo de Osorno. Eso,  a pesar de que —aseguran los denunciantes— éste fue cómplice y  encubridor de los abusos cometidos por el párroco de El Bosque. “El estaba presente cuando Karadima se aprovechaba de nosotros”.

“Un obispo encubridor no puede ser pastor”, volvieron a gritar los fieles a la salida de la catedral de Osorno, con más fuerza que nunca, luego de que el Papa se refiriera duramente a ellos como “tontos” por creer en la versión de Hamilton, Murillo y Cruz. “La única acusación contra ese obispo fue desacreditada por la corte judicial”, sostuvo ante un grupo de fieles en un video que inmediatamente se viralizó en las redes. “Osorno sufre… por tonta. No abre su corazón a lo que Dios dice y se deja llevar por las macanas que dice toda esa gente”. Para rematar, Fracisco agregó:  “No se dejen llevar por acusaciones infundadas de los zurdos”.

“Diablo, serpiente. Y ahora zurdo… Ya no puedo más. Estoy dolido, triste….”, admite Juan Carlos Cruz. El día en que el video se hizo público, la noticia lo derribó.  “No quise salir de mi casa, no fui ni a misa (asiste cada domingo a pesar de su traumática experiencia). Me dolió sobre todo por mi familia y mis amigos, que son todos católicos; es gente que quiero y que se preocupa por mí. Algunos, muy alarmados, me han dicho: ‘Ten cuidado, no te metas con el Papa...’. Pero no me voy a amilanar. Diré mi verdad ante quien sea”. 

Wp-juan-carlos-cruz-sentado-450

—¿Con qué impresión se quedó tras haber procesado las palabras del pontífice?

—El Papa demostró verdaderamente quién es. Se le cayó su máscara de sacerdote bondadoso y se alineó con los Errázuriz, con los Ezzati. No me extraña que este encubrimiento haya llegado hasta el Vaticano; claramente hay un doble estándar: por un lado Francisco habla de tolerancia cero a los curas abusadores. En su gira a EE.UU. incluso dijo que Dios llora cuando casos así ocurren dentro de la Iglesia… Bien difícil creer cuando tiene un exabrupto como éste, tan poco papal.

Agrega:

—Hacer de esto un tema político cuando no lo es. Como denunciantes jamás nos hemos metido en política. El Papa ha puesto católicos contra católicos y osorninos contra osorninos. Repite los mismos argumentos de los obispos de Karadima, como Horacio Valenzuela, que dijo que esta era una conspiración contra la teología de la liberación… O Cristián Caro, que atribuyó la oposición a Barros en Osorno como una obra de comunistas y encapuchados, cuando son señoras y jóvenes cuya vida gira en torno a sus parroquias. 

—¿Los dichos del Papa afectan su credibilidad como denunciantes?

—En absoluto. Las muestras de cariño y apoyo se han redoblado. Los ‘zurdos’  y los ‘tontos’ seguiremos adelante. Obviamente que estamos dolidos, ha sido una bofetada muy fuerte. El era un Papa en quien queríamos creer y hoy estamos desilusionados. A nadie le gusta que te traten de mentiroso. Claramente en el Vaticano están asustados y no quieren que esto se sepa. Osorno era una espina en el costado del Papa y del Vaticano. 

—Jorge Costadoat llamó al Papa a pedir perdón por sus dichos.

—El debe pedir perdón a Osorno y a Chile. 

—Antes de que el video trascendiera, Sean O’Malley le comentó que pronto acudiría al Vaticano para reevaluar su reintegro a la Comisión de la que fue marginado. Se trata de un organismo creado por el Papa y que responde directamente a él. ¿Aceptará?

—En este momento me costaría decir que sí. Me conflictúa. No sé a quién creerle. Tal vez  esta comisión es un bluf. Dos de sus miembros, Marie Collins y Peter Saunder, me escribieron considerando seriamente renunciar, molestos con el doble estándar. Además, se supone que aquí nadie externo podría intervenir, pero Errázuriz dijo bajo juramento que sabía por qué me había excluido, que no iba a revelar los criterios de la Santa Sede y que sí era efectivo que me sacó de la comisión. ¿No es contradictorio? Además que Errázuriz está en la comisión de los Ocho, que es para reformar la curia… Qué más puedo decir:  no sé a quién creerle.

Wp-juan-carlos-cruz-smartphone-450

Al malestar por los dichos del Papa se han sumado otras emociones potentes. La investigación que lleva adelante el juez Juan Manuel Muñoz tras la querella de las víctimas de Fernando Karadima contra el Arzobispado de Santiago por “negligencia sistemática e ignorancia deliberada” en el Caso Karadima, ha implicado una fuerte tensión. Primera vez que la Iglesia enfrenta un juicio civil. La prensa ha dado cuenta de una verdadera ‘procesión’ de sacerdotes ante el escritorio del juez. El párroco Juan Esteban Morales —sucesor de Karadima en la parroquia de El Bosque— reconoció que se había enterado de los abusos en 2005 pero que no les dio crédito… Aunque el testimonio más golpeador fue el del cardenal Errázuriz y que contó con la presencia de José Andrés Murillo y James Hamilton: “Tenía hasta fama de santo, por eso no creí en la acusación”.  E insistió en que los denunciantes buscaban dañar a la Iglesia. 

Juan Carlos Cruz cree que se ha convertido en una amenaza. De ahí la reacción que ha generado entre la curia chilena. “He dado conferencias en Washington, Chicago, Nueva York y Filadelfia. Este año recibí la medalla de honor Ellis Island, otorgada por la Coalición Nacional de Organizaciones Etnicas de Estados Unidos, en representación de todos los sobrevivientes de abuso sexual y sicológico por parte de sacerdotes. He dado entrevistas a medios como CNN, New York Times, Washington PostCon Jimmy y Jose hemos denunciado el doble discurso”. Y tras un largo suspiro agrega:

“La sociedad ha cambiado. Pero la jerarquía no ha aprendido nada. Se creen señores feudales pero este país ya no les teme a los patrones de fundo”.

—¿Patrones intentando proteger qué?

—Aquí hay una red de encubrimiento y de poder. A pesar de todo lo que hemos avanzado, de todo lo que hemos conocido, seguimos ignorantes ante la dimensión que tiene el Caso Karadima. Es como ir tirando de un hilito del que siguen saliendo cosas espantosas y que pareciera no tener fin.

—Llama la atención que Karadima siga oficiando misas, refugiado en un convento.

—El hace lo que quiere, es como Don Corleone, quien desde su celda seguía maquinando. Cuando los periodistas le preguntaron a Ezzati por qué el ex párroco seguía haciendo misa, contestó: “Yo no soy el carcelero de Karadima”. Eso, pese a que es responsable de que las sentencias se cumplan. Aquí hay mucha gente que ha sido abusada por Karadima, algunos nunca lo han contado, ni siquiera a su familia, a sus esposas o parejas. Para ellos es terrible ver a Koljatic caminando libremente por la calle o saber que Karadima hace misa. Es muy violento.

—¿Cree que siga contando con el apoyo de la elite, tal como en un inicio?

—Evidentemente que hay poderes económicos y personas que siguen apoyando, aunque cada vez menos. Karadima está cada día más solo, pero no faltan los fanáticos que, como él, se creen dueños de la verdad. La señora de Eliodoro Matte va a visitarlo al convento a cualquier hora, según lo mostró TVN en un reportaje y nadie hace nada. Y por supuesto que hay políticos y medios de comunicación que lo defienden.

—¿Imperan círculos de silencio, tal como ha ocurrido con los casos de Derechos Humanos?

—Me impactó cuando Carmen Gloria Quintana habló de los pactos de silencio y nombró al general Sinclair. Santiago Sinclair (ex vicecomandante en jefe del Ejército, ex senador designado, miembro de la Caravana de la Muerte) era íntimo de Karadima. Vivía justo al frente de la parroquia de El Bosque y se juntaban a tomar el té. Eran muy unidos… Imagínate las conversaciones. A la casa de Karadima también iba el nuncio Angelo Sodano —uno de los hombres más siniestros que ha tenido la Iglesia en Chile y que llegó a ser secretario de Estado del Vaticano— con el embajador de entonces en la Santa Sede, Sergio Rillón; ahí complotaban para definir a quién nombrarían en lugar del cardenal Silva Henríquez que se encontraba en sus últimos días. Pusieron a Juan Francisco Fresno y, como su secretario, Karadima instaló a Juan Barros. También logró imponer a leales suyos, como Andrés Arteaga en el rol de Prefecto de Estudios del Seminario Pontificio, donde se forman los nuevos sacerdotes. ¡Su influencia era enorme! Karadima siempre decía: “Yo quiero que El Bosque arda por los cuatro costados de la Iglesia chilena”. Su poder era total; ya existían casos de abusos en su contra —desde 1958—, nunca llegó a ser investigado.  

—Y luego, ¿con el siguiente arzobispo, Francisco Javier Errázuriz, fue igual?

—No sé la razón, pero le tenía miedo… Creo que los dos sabían cosas el uno del otro. Es todo tan sórdido, tan siniestro…

—En una entrevista con Tolerancia Cero usted señaló que Ezzati también tenía tejado de vidrio, que había protegido a sacerdotes acusados de abuso y que, tal vez por eso, había sido condescendiente con Karadima.

—Con esto no quiero decir, por ningún motivo, que Ezzati haya mandado a asesinar a nadie; no tengo esa información y, si la tuviera, la presentaría en tribunales. Pero cuando fue inspector general de la Congregación Salesiana en Chile, encubrió a sacerdotes; los cambiaba de colegios y de diócesis, donde nuevamente quedaban a cargo de menores.

El periodista se refiere especialmente a un caso escalofriante: la desaparición —hasta hoy— del joven estudiante Ricardo Harex en Punta Arenas (2001) y que habría contado con la participación del sacerdote salesiano y cercano al cardenal Ezzati, Rimsky Rojas. Tras una fuerte depresión, Rojas se suicidó en 2011. Ya antes, en dos oportunidades, había intentado quitarse la vida. “Sin embargo, Ezzati ha dicho que no tenía idea de lo que estaba pasando… Perdón, pero la gente no es tonta”.

Aunque para Cruz lo más preocupante son que los cuatro obispos que formó Karadima y que hoy operarían bajo su misma ideología. “Ahí encontramos a Juan Barros, hoy obispo de Osorno. Yo estuve allí hace poco y no podía creer la enorme bienvenida que me dieron. Me contaron que se comportaba como un tirano. El, junto a los otros obispos Horacio Valenzuela (Talca), Tomislav Koljatic (Linares) y Andrés Arteaga son como Karadima. Asumen todo lo que está pasando como un martirio. Barros después de oficiar el Te Deum en Osorno —donde hubo filas y filas de asientos vacíos— ha dicho esa es su cruz y que terminará siendo un santo… ¡Increíble! Y en Chile la jerarquía todavía ronca. De los 33 obispos que tenemos, más de la mitad debe estar involucrado en encubrimientos, participando en redes de protección. Se ayudan entre ellos y cuando surgen denuncias se tapan unos a otros; Duarte en Valparaíso, Contreras Molina en San Felipe… Se cubren las espaldas y se callan. 

—¿Cree que se logre establecer la verdad, que se termine con los círculos de protección a todo nivel dentro de la Iglesia?

—En todos estos años hemos avanzado muy poco. Y la jerarquía de la Iglesia es nefasta. Sin embargo, todavía hay sacerdotes y religiosas buenas, laicos comprometidos. Mi esperanza es que, a medida que se vayan estos ‘apernados’ en el poder, los encubridores, avancemos hacia una Iglesia transparente y buena. Pero mientras se mantengan figuras como Errázuriz o Ezzati, será difícil. No olvidemos que este último acusó a Mariano Puga, a Felipe Berríos y al padre José Aldunate ante el Vaticano porque según él iban contra el magisterio cuando son sacerdotes buenos, consecuentes con el Evangelio.

—También bloqueó la opción de Berríos como capellán de La Moneda.

—Seguramente pensó que un jesuita estuviera en el corazón del mundo político constituía una amenaza a su poder. Por eso no están dispuestos a ceder

—¿Qué espera con este juicio?

—Que podamos pavimentar el camino a otros que han pasado por lo mismo. Queremos dejarle un mundo mejor a nuestros hijos, sobrinos y a los niños y jóvenes vulnerables de Chile.

A pesar de los dichos del Papa, Cruz no pierde la fe: “No te puedo explicar la cantidad de de sacerdotes, monjas que han escrito para decirme que están horrorizados y me piden perdón. Eso me da fuerzas y es lo que me mantiene a pesar de la tristeza. Con una mano en el corazón lo digo: No me voy a callar y voy a seguir ayudando a la gente que me lo pide. Es la misión de mi vida”.