El parecido de Johann Scheel –39 años, ingeniero comercial– con su hermano menor resulta conmovedor. Es como una versión más rubia y mayor de Nicolás, el niño de 17 años que se suicidó tras ser sorprendido con marihuana en los baños de la Alianza Francesa. “Lo mismo me comentaban los compañeros y amigos del Nico cuando me conocieron”, dice con una sonrisa que mezcla ternura y dolor. Un gesto que se repetirá cada vez que un nuevo recuerdo lo tome desprevenido.

Johann camina pensativo hasta el café donde concede la entrevista. Su voz pausada sólo tiene leves giros cuando se quiebra o no puede ocultar su indignación por el manejo que tuvo el colegio a partir de ese 11 de agosto cuando fue trasladado por Carabineros desde el establecimiento hasta la 37ª Comisaría de Vitacura. Siguió con un consejo de disciplina por el hallazgo de un par de pitos de marihuana (en un comienzo se habló de 71 gramos) y culminó de la peor forma la madrugada del 31 de agosto con Nicolás sin vida en una plaza de Pocuro. En medio de todo –cuenta su hermano– debió soportar presiones desmedidas para un niño que era buen alumno, deportista y muy solidario. “Fue duro que le pidieran nombres, que le pidieran delatar a sus amigos”, reflexiona Johann.

Antes de morir a una cuadra de donde vivía con su madre Ximena de la Maza (Nicolás es hijo de una segunda relación de Gerardo Scheel), el adolescente dejó instrucciones, algunas muy claras. Su decisión fue consciente y planificada. Por ejemplo, que no se avisara a sus compañeros de rugby del Stade Français, ya que ese fin de semana tenían partido y no quería desconcentrarlos. “Dan ganas de haber estado ahí, de haber hablado, razonado con él”, dice Johann con una leve agitación de manos y voz. Sus ojos se llenan de lágrimas.

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–¿Cómo era su relación con Nicolás?

–El Nico siempre fue el
concho. Yo lo veía más como un sobrino (Nicolás tiene tres hermanos mayores por parte del padre: Franz, Johann y Heidi). Trabajé un tiempo en Le Coq Sportif, una marca deportiva francesa relacionada con el rugby, y para él era lo máximo. Lo fui a ver más de una vez al Stade Français a entrenar. Era un niño muy bueno, tranquilo y le iba muy bien en el colegio. Promedio 6.5. También tenía su onda con la moda que yo no entendía, con los jockey (Se acuerda y sonríe). Pasaba mucho tiempo con mi hermana Heidi que vive en Pucón. Juntos les celebraban los cumpleaños a los niños del hogar Betania y ayudaban a los abuelitos del hogar de ancianos San José. El Nico tenía proyectos a largo plazo y las cosas mucho más resueltas que yo a su edad. Era cien veces mejor que yo. (Habla con admiración.) Por ejemplo, hizo una pasantía en un hospital de Peñalolén y decidió ser doctor; tener una casa cerca del lago para ayudar a la gente  del hospital de Pucón.

–¿Cómo era la relación con su papá Gerardo Scheel?

–Eran muy apegados. El Nico crecía y seguía junto a mi papá todos los fines de semana. Entonces yo decía ‘¡No puede ser!’, ‘¡El debe hacer cosas con sus amigos porque está creciendo!’. Por eso me puse muy contento cuando en el último año me decían que Nicolás estaba en un carrete con los amigos o con la polola. Obviamente, al principio a mi papá le dio pena que le dijera que ‘no’ cuando lo invitaba a su casa o a subir un cerro. Pero lo aceptaba como parte natural de su crecimiento.

–¿Cuándo se enteró su papá de lo ocurrido en la Alianza?

–Unos días después. Que no lo llamaran, considerando que él era el apoderado, es algo que nos seguimos preguntando hasta el día de hoy. ¿Por qué no lo hicieron si su oficina estaba a cinco minutos del colegio, si siempre lo iba a buscar y a dejar?

–¿Su papá notó un cambio en él después que lo descubrieron con marihuana?

–Sí, lo vio triste, preocupado, pero jamás a un nivel como para imaginar lo que pasaría. Ni remotamente. Nico no era un niño depresivo. Fue un shock.

 

Chivos expiatorios

“Nosotros no estamos en contra del colegio” –comenta Johann sobre las motivaciones que tiene la familia para esclarecer el caso–. “Nuestro objetivo es averiguar si se aplicó el protocolo y, de ser así, identificar qué y quiénes fallaron. No puede estar correcto un procedimiento que tuvo este resultado. Nuestra idea como familia es que se use lo aprendido para mejorar algo tan grave como es que Chile tenga la segunda tasa de suicidio juvenil más alta entre los países de la OCDE. Ha sido un sacudón para todos. Incluso nos hemos reunidos con políticos de todos los sectores”.

 

–¿Piensan demandar al colegio?

–No lo hemos decidido. Hay una investigación en curso de la Superintendencia de Educación y otra del gobierno francés. Viajó una investigadora desde Francia con la idea de esclarecer lo ocurrido. Pero nada nos va a devolver al Nico. El principal propósito es que su partida sirva para que, ojalá, ninguna familia vuelva a pasar por esto.

–¿Cómo se han portado las autoridades de la Alianza Francesa?

–No hemos tenido comunicación con ellos ni ha existido una petición formal para reunirnos y conversar. Ellos deben haber definido una estrategia a seguir y esto debe ser parte de lo que en su momento decidieron. Nos hubiese gustado el reconocimiento de que hubo un problema gravísimo y la intención de esclarecer todo rápidamente. Además, no han sido de lo más amigables, por decirlo de alguna manera. Sus declaraciones han sido frías.

 –¿Ayudaría si las autoridades de la Alianza pidieran perdón?

–De todas maneras. En casos como este el perdón algo de alivio provoca. Si la otra parte manifiesta dolor por lo ocurrido, en cierta forma se comparte ese dolor. Te ayuda a liberarte.

–La policía encontró un mensaje de Nicolás.

–Hay un mensaje que dejó la noche que se suicidó. Creo que el Nico se sintió desilusionado del colegio. No sé cuanto tiempo lo habrá planeado ni cómo investigó al respecto o por qué eligió ese lugar.

–¿A qué conclusión llegaron?

–Quizás el Nico esperaba más respaldo del colegio; que no hicieran tanto revuelo. Estuvo Carabineros; el consejo de disciplina, que le pidieran nombres, que le pidieran delatar a sus amigos.

–¿Qué recuerdo les gustaría que dejara Nicolás?

–Que era un niño normal, sano. Un adolescente que, en cosas de días, pasó de una vida como tantos otros a sufrir una catástrofe. Fue todo tan inesperado que ahora siento temor por mis propios hijos. Obvio que debe haber disciplina, pero debemos enseñarles que somos seres humanos que nos caemos y levantamos; que no todo tiene que ser perfecto ni a la primera. Es una tarea que no es sólo de las familias, sino de los colegios y de los gobiernos. Tampoco debemos permitir que los jóvenes se conviertan en chivos expiatorios de lo que somos responsables como sociedad.

 

 Carta de Gerardo Scheel (extracto)

¿quién le robó la sonrisa a mi hijo?

 

El 11 de agosto, hace ya dos meses, Nicolás perdió su sonrisa.Veinte días más tarde su cuerpo ya sin vida pendía de un árbol. No lo volví a ver vivo después del consejo de disciplina en que el colegio aplicó las sanciones que sus normas ordenaban.

“Nunca más, Plus jamais”, es el mensaje que se repite una y otra vez en las muchas condolencias recibidas de sus compañeros de la Alianza Francesa. Este grito se ha replicado a lo largo del país y nos exige que cambiemos nuestro trato con los adolescentes. No podemos ignorarlo.

Chile tiene una alta tasa de suicidio adolescente, es uno de los pocos rankings en que ocupamos uno de los primeros lugares de la OCDE. ¡Qué record vergonzoso! Tenemos que hacer los cambios necesarios para que esto no siga ocurriendo (…)

Nicolás no era un niño depresivo. Era un niño como todos, le gustaba compartir con sus amigos y sobrinos, escuchar música, conocer otros lugares. (…)

Pero su experiencia en Pucón fue la más relevante. Junto al volcán, los lagos, los bosques, Ben y familia lo acogieron sin medida. Ayudaba a los quehaceres de la vida campestre y acompañaba a su hermana Heidi a visitar a las niñas del hogar y a los ancianos del asilo llevando alegría y amor. Tal vez algún día, soñaba, podría volver allá siendo un médico solidario.

Un joven criado en el Sename, que conoció y recuerda a este Nico solidario, me dice desde la cárcel: ¿Por qué él si lo tenía todo? No lo sé. Mi niño estaba triste desde ese fatídico 11 de agosto, pero nada me hizo presagiar el brutal desenlace.

Mi hijo no es más importante que otros. Hay muchos niños cuyas muertes han pasado inadvertidas y sólo figuran en las estadísticas. Hay muchos que hoy están sufriendo y no pueden esperar. Demostremos ya nuestro amor a todos ellos prometiendo: “Nunca más”.