Nadie podía dudar que se sintió ‘como en casa’. Larguísimos guantes de cuero, un ajustado conjunto color crema, una capa que le hacía juego y un tocado de Philip Treacy con velo negro sobre el rostro que sólo dejaba entrever sus llamativos labios rojos. Algunos la confundieron con la maléfica Alexis Carrington de Dinastía y otros con su actual interpretación como la duquesa de Oxford en la nueva serie de ficción del canal E!, The royals. Sin embargo, se trataba de la propia Joan Collins (81) quien –medio siglo después de saltar a la fama mundial– pareciera estar más vital y vigente que nunca.

Wp-joan-collins-450

Con escasas arrugas, piel radiante, pelo bien cuidado, cintura de avispa, piernas firmes, ni una pizca de inseguridad y una naturalidad impactante, siguió los protocolos del Palacio de Buckingham en su tierra natal después de haber sido nombrada “Dama oficial de la Orden del Imperio Británico” por su permanente ayuda a niños víctimas de abusos y en riesgo social. “Me siento extraña. ¿Es así como lo hacen siempre?”, preguntaba a los fotógrafos mientras posaba estoica con una sonrisa impecable y sostenía la insignia oficial que el príncipe Carlos le había entregado minutos atrás. Con un sombrero de color oscuro y un vestido 10 centímetros más largo, su hija, la cantante Tara Newley de 51 años, se paró junto a ella. Fue automático. En sólo cuestión de segundos el hashtag MILF (Mother I would like to fuck) recorrió el mundo y se apoderó del reino de las redes sociales. Miles y miles de comentarios, tuits y publicaciones junto a la fotografía y la pregunta del millón –que probablemente, ninguna de ellas planeó–: ‘¿Es posible que Joan Collins sea menor que su hija 30 años más joven?’, ‘Quizá sólo se trate de un ‘mal de lagartija’’, sentenciaron algunos incrédulos a la belleza eterna.

Wp-joan-collins-450-3

Joan Collins creció en una familia ligada al ambiente artístico en el barrio londinense de Paddigton. Su padre trabajó como representante de estrellas, de los Beatles y Tom Jones, y su madre fue profesora de danza. A los 18 años debutó en el mundo del cine en el largometraje Lady Godiva Rides Again y cuatro años después –contratada por la 20th Century Fox– cruzó el Atlántico y se asentó en el que sería su segundo hogar, Los Angeles, California. Su atractivo físico se convirtió en uno de sus mejores aliados en Hollywood y películas como The girl in the red velvet swing (1955) y Rally’ round the flag, boys (1958) consagraron su icónica y sensual imagen de pin-up durante las siguientes décadas y la impulsaron a darle vida al personaje con el que rozó las estrellas durante los ’80, la malvada Alexis Carrington Colby de la serie Dinastía y que no sólo le significó la fama mundial para la nueva rompecorazones de Hollywood de ese entonces –¡y hasta ahora!– sino que también ganar el Globo de Oro como mejor actriz de reparto en 1982. 

Wp-joan-collins-2-450

No es casualidad que sea la segunda vez en su carrera que ingrese al palacio del Reino Unido con toda propiedad, fue en 1997 la primera vez que la nombraron miembro de la Orden del Imperio Británico. Más de 65 años de trayectoria, la misma cantidad de películas y 50 series en el cuerpo, la sitúan como una de las reinas de  las soap operas estadounidenses y como una de las mujeres más cotizadas, deseadas y vigentes de toda la historia hollywoodense. Toda una vida de estrella que no ha sido en vano para la veterana que, ad portas de cumplir los 82, al parecer ‘las tiene todas’. Hombres rendidos a sus pies y que hoy se traducen en cinco maridos –y el actual, Percy Gibson, 32 años más joven que ella– y una fila de admiradores que olvidan sus más de ocho décadas cuando la ven posar como lo hacía 60 años atrás. De duquesa en el set a dama en el palacio real. Una nueva llegada a la televisión y un nuevo título que evidencian que la realidad puede superar a la ficción. Y es que la belleza y talento eterno de Joan Collins ha demostrado que la juventud no es sólo cuestión de años sino que de actitud, y nadie puede negar, que esta legendaria sex symbol de Hollywood, ya lo comprobó.