De rojo furioso y sin tocado. Look de royal rockera y posando frente al lente como una más de la familia real de Mónaco. Los paparazzis se rindieron ante su veinteañera figura con aires reales. En minutos la estadounidense Jazmin Grace Grimaldi (24) había dejado en claro que estaba de vuelta en la Costa Azul para la fiesta Amber Lounge Fashion del Gran Premio Fórmula 1. Visita al Principado de Mónaco que desde hace una década remece a la tierra Grimaldi, cuando Alberto II reconoció a una adolescente Jazmin Grace como hija después de una relación fugaz con la agente inmobiliaria Tamara Rotolo.

Desde pequeña Jazmin supo de la existencia de un palacio al que no pertenecía por completo y a los once años decidió cruzar por primera vez el Atlántico en busca de respuestas. Tres años más tarde fue reconocida como hija de un príncipe frente al mundo: era una más del clan Grimaldi. Desde entonces viajar hacia el reino de su padre ha sido bajo su voluntad y pacientemente se ha hecho de un espacio exclusivo en el Palacio Real, sitio donde tienen más que claro que aunque Jazmin no posea derechos sucesorios al trono, sí tendrá acceso a la fortuna del príncipe al igual que sus medios hermanos, los mellizos Gabriela y Jaime de Mónaco y el segundo hijo ilegítimo de Alberto, Alexandre Coste.

Pero su llegada a tierra monegasca va más allá de la adjudicación de una herencia. Allí conquista con personalidad y soltura a los principales flashes sociales bajo el sello de una familia de monarcas que ha rozado la fama desde muy cerca. “Estoy lista para dar mi gran salto en sociedad”, dijo en su primera entrevista para Harper’s Bazaar en 2015. Y se ha empeñado en lograrlo.

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Dicen que su humor estadounidense es lo que le faltaba a la casa Grimaldi. Algo así como una versión millenial de sus pares y antecesores reales. Coqueta y amante de los brillos, muchos ven en ella el legado más auténtico de Grace Kelly: “Siento una conexión especial con mi abuela paterna”, aseguró al medio de moda estadounidense donde también imitó el look de la musa de Hollywood, a quien admira desde su niñez. “Mi madre me mostraba sus fotografías más famosas y en ese entonces yo no entendía que ella fuera un ícono popular tan querido”, dijo Jazmin sobre una sesión de fotos de Grace Kelly poco antes de ingresar a la familia real como cónyuge del príncipe Raniero III.

Pero Jazmin busca mucho más que un palacio y aprobación social. Hace un año debutó como cantante de jazz y soul en Manhattan y consiguió un cupo en las tablas del teatro The Duplex de Nueva York. Desde ese entonces vive entre Mónaco y la Gran Manzana. Como princesa y peatona del Greenwich Village, reparte su tiempo entre estudios empresariales en la Universidad de Fordham, proyectos filantrópicos en ayuda de las islas de Fiji y como invitada VIP de los clubs más exclusivos de la ciudad, donde se le ve frecuentemente junto a sus primas Pauline Ducruet y Carlota Casiraghi. Ante toda proyección, su figura ya es carta segura para los principales medios sociales y su lugar en la órbita internacional va más allá de sus derechos en el Palacio de Mónaco. Porque con o sin reino, Jazmin es una Grimaldi más. Y el mundo ya lo sabe.