Tiene una risa descarada, fuerte, como sólo la tienen los que conocen el dolor profundo. Intensa la Javi, dicen. De grandes ojos marrones, como dos castañas, pícaros a ratos, coquetos, profundos cuando la risa se acaba y ella habla de sus recientes decisiones, de su pasado pero, más que nada, del Chile que sueña, del futuro que se viene encima. Luce el cuerpo de una joven de quince años, menuda, casi insignificante. Hasta que habla.

Con entusiasmo asegura que se siente una privilegiada de “estar viviendo este momento en Chile. ¡Este año es de una importancia histórica, gigante, como lo fue el ’88! Tenemos la posibilidad de hacer cambios estructurales después de 25 años de transición, de cambiar un modelo económico que privilegia las ganancias por sobre el ser humano —acota, y su mirada es luminosa—. ¡Eso es emocionante, entretenido, excitante!”.

El 3 de mayo, tras un mes en el cargo, Javiera Parada renunció como encargada cultural del comando de Michelle Bachelet cuando los partidos PPD y PS no llegaron a un acuerdo para realizar primarias parlamentarias dentro del plazo. En una carta advertía que “la no realización de dichas primarias habla de lo peor de las viejas prácticas políticas, que sólo contribuyen a alejar a la gente del ejercicio ciudadano y la toma de decisiones”. Explicó entonces y en los días siguientes que se mantuvo “congelada” para que las negociaciones para llegar a primarias resultaran y cuando eso no ocurrió, tomó su decisión.
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Primera baja del comando.

Entonces hizo rewind. Se eintegró al equipo de producción como jefa de programación de la empresa Santiago a Mil (Romero y Campbell), donde trabajaba antes de entrar al comando. Regresó al movimiento Revolución Democrática, que lidera Giorgio Jackson, para que éste y otros lleguen al Congreso, y asumió como vocera de la campaña “AC” que persigue conformar una Asamblea Constituyente que dé a luz a una nueva Constitución. Como si hiciera falta, explica: “Me interesa transformar la realidad, articular y conspirar para cambiarla”.
—¿Te costó tomar la decisión?

—Sí. Me costó un par de días de reflexión.
—¿Aún crees que hiciste lo correcto?
—Sí. Era necesario que alguien hiciera un gesto para denunciar el secuestro de las decisiones que tienen ciertas cúpulas políticas.
—¿Un gesto de protesta o un berrinche?
—De protesta. Así ha sido leído. En los diversos actos públicos en que he estado, por los mails que he recibido dentro y fuera de Chile, la gente ha saludado el retorno de la ética a la política.
Sin aspavientos, dice lo que piensa y piensa lo que dice. Arremete contra los partidos políticos y sus dirigentes, y advierte que “no participaremos de las primarias truchas de la Concertación”. Dice estar convencida de que Bachelet será la futura Presidenta de Chile pero, aclara, “las elecciones no están ganadas”.
—Dijiste que tu salida fue por tu “compromiso y lealtad” con el movimiento Revolución Democrática (RD). ¿Dónde queda tu lealtad con Bachelet y el comando?
—Cuando entré al comando informé que era de RD y que participaría si y sólo si existían las primarias parlamentarias..
—¿Temiste alguna vez que sucedería esto?
—No, jamás pensé que no habría primarias.
—¿Ingenua
—Creyente.
—¿Cuál es tu lectura de lo que sucedió con el PS y PPD?
—Patético, es terrible que los partidos que hicieron la ley no la usen. Hay señores que no quieren perder sus parcelas de poder. Estas últimas semanas hemos sido testigos de lo peor de la política chilena, desde Cencosud hasta BancoEstado. Hay algunos aferrados a una imagen de país que ya no existe. Me parece tremendo que los partidos que fueron capaces de aliarse para terminar con una dictadura sangrienta y recuperar una democracia para Chile hoy no estén dispuestos a profundizar la democracia, a abrirse a nuevos actores.

—¿Alguna autocrítica como Revolución Democrática?
—Nosotros estuvimos siempre dispuestos a conversar. Pero quedó claro que no existe la voluntad de cristalizar esa nueva mayoría en un pacto electoral. Se nos cerró la puerta en las narices después de muchos meses de conversaciones y esa responsabilidad la deben asumir esos partidos. Se le ha hecho un enorme daño a la política y los dirigentes que se negaron a hacer primarias no le tomaron el peso a las tremendas ansias de participación de los ciudadanos.

—¿No era esto evitable? ¿Habría bastado que la candidata Bachelet ejerciera su liderazgo?
—Ella ha sido muy clara, desde que puso un pie en Chile, como defensora de las primarias. Los dirigentes de los partidos no han hecho la pega ni han estado a la altura.
—¿No hay nada que ella pudiese haber hecho mejor en este tema?
—(Pausa) Ella ha sido muy clara con los dos partidos que la proclamaron y empujaron para que hubiese primarias.
Su madre Estela Ortiz, ex vicepresidenta de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji), amiga íntima de Michelle Bachelet, trabaja hoy en su comando. Su padre José Manuel Parada, sociólogo, fue degollado en marzo de 1985, junto a otros dos comunistas, Manuel Guerrero y Santiago Nattino. Javiera tenía entonces once años. Su afinidad con la cultura y la política, dice, viene por familia. Es bisnieta del escritor Manuel Rojas y nieta de los actores Roberto Parada y María Maluenda. Su abuelo Fernando Ortiz, activo dirigente comunista, fue detenido y desaparecido en 1976. Sólo el año pasado encontraron sus restos y pudieron enterrarlo. Fiel a la tradición, entró a las Juventudes Comunistas a los trece años y desertó a los 16. De niña estudió danza con Malucha Solari, luego con Karen Connolly y en El Espiral. “Bailaba todo el día, militaba en la Jota, iba a las protestas y al colegio”.

Hoy, a los 39 años, vive sola en un departamento ubicado en el Parque Bustamante de Santiago. Dice que no tiene pareja. “Mi trabajo es mi vida personal. Siempre ha sido así”.
—¿No ha escuchado la pregunta ‘qué sabe Javiera Parada de cultura’?
—No se atreven a hacérmela a mí, pero sé que algunos la hacen.

—¿Por qué te eligió Michelle Bachelet en el cargo? Algunos suponen que por la estrecha amistad con tu madre.
—Por mi trayectoria como actriz, gestora cultural, productora. He trabajado en el aparato público y en el privado. Cultura y política han estado siempre en el centro de mi vida, desde los siete años. Me apasiona el tema y creo que es un elemento y una energía transformadora de la sociedad.

Wp-Javiera-193-2—¿Entrarás de lleno a la política y dejarás de coquetearle?
—A mí me gusta coquetear… Además, soy buena haciendo compromisos informales. Me va bien pololear harto tiempo, más que casarme.

— ¿Te interesa una carrera política?
—Me interesa la política. Quiero dedicarme a trabajar por las candidaturas de Revolución Democrática, a aportar desde mi experiencia en el mundo de la cultura y a abocarme en cuerpo y alma a esta campaña por una Asamblea Constituyente.

—¿Chile está listo para eso?
—Totalmente. ¡Para esto y mucho más! Somos un país maduro, que está teniendo discusiones políticas sofisticadas. Los ciudadanos deben dejar de ser tratados como de clase “A” o “B”.

—También hay muchos jóvenes que no adhieren a la candidatura de Bachelet ni a ninguna otra. Están decepcionados, enojados.
—Para eso era clave tener primarias parlamentarias. Para reencantar a muchos, no sólo jóvenes. No soy representante de ellos, pero ya está pasando. He recorrido el país y hay mucha gente que quiere opinar, no sólo jóvenes, y hay que articular esa opinión.
—Bachelet va a la Región de los Ríos y dice que “los partidos están conversando y avanzando”. ¿A qué va, a poner orden?
—¡No tengo idea! No me voy a referir a lo que ella hace o no hace. Es la candidata de un comando al cual yo renuncié.

—Miremos hacia la derecha. ¿La incorporación de Longueira aumenta las posibilidades del gobierno de seguir en La Moneda?
—Longueira es un buen candidato, lleva muchos más años en política y es muy claro lo que propone. Es el candidato de la derecha más dura, tensiona las elecciones, le mete carne, le mete chicha.