Si hace cincuenta años estábamos hablando de alunizar y antes de lanzar a la perra Laika al espacio (sin ticket de regreso), hoy la humanidad está dando sus primeros pasos potentes para la colonización de Marte, nuestra primera, y cada vez menos lejana, escala para salir recorrer el universo.

Insight, la sonda que partió de la tierra el pasado 5 de mayo bajo las órdenes de la NASA, aterrizó en la superficie del planeta rojo y, cual millennial, ya está haciendo selfies y enviando mensajes. Y aunque eso hoy nos parece trivial, tuvieron que pasar siete años de investigaciones para que la sonda lograra entrar a la atmósfera marciana a 19.800 kilómetros por hora, para luego, en tan solo 8 minutos, descender lenta y plácidamente a 8 km por hora.

Insight tiene la misión principal de perforar la superficie y medir su actividad sísmica. “Un terremoto es casi como un flash. Ilumina el interior del planeta con ondas sísmicas. Y el sismómetro es como una cámara que recoge esas ondas para componer una imagen. Pixel a pixel reconstruimos una representación en 3D del interior del planeta”, explicó el científico principal de la misión, Bruce Banerdt. Además de contemplar por primera vez el frío amanecer marciano, del cual ya envió foto, Insight entregará información para que los astrónomos entiendan por qué la evolución de la Tierra y Marte fueron tan diferentes y qué es lo que fue esencial para que aquí sea habitable.

Mientras en la NASA todavía no terminaban de celebrar, sus socios de la Agencia Espacial Europea no demoraron en anunciar que “volveremos a la Luna en la próxima década e iremos a Marte en la siguiente”. Al igual que Armstrong en 1969 el hombre ya está en camino a volver a surcar el silencio del espacio. Insight es un paso gigante. La clave para lograrlo es y será la cooperación internacional. ¿Será el hombre capaz de lograrlo si antes no nos ponemos de acuerdo en algo tan urgente como combatir el cambio climático?