De rojo pasión, con un traje perfectamente entallado y un recogido en la nuca; la infanta Elena estaba espléndida y majestuosa el día que su padre firmó la renuncia a la Corona de España, el pasado 18 de junio.

El vestido era repetido. Se lo puso hace años, cuando su ex, Jaime de Marichalar, elegía sus outfits. Pero ahora, sin personal shopper, con unos años de más y en el día de su despedida pública, lo lució mejor que aquella vez.

Decimos despedida pública porque el abandono de su padre conlleva la salida de Elena del concepto ‘Familia Real’. A partir de ahora es sólo miembro de la ‘familia del rey’, si bien continuará siendo infanta y cubrirá algún evento si su hermano lo considera oportuno.

Aquel miércoles por la tarde se terminaba, pues, su contrato como representante real a tiempo completo. Pero que nadie confunda sus lágrimas en el Congreso al día siguiente, muy regina con un sastre blanco y una blusa con cuello de organdí plisado. No fueron por quedarse sin trabajo, sino por la emoción de ver a su querido hermano proclamado Felipe VI.

Al contrario, a los cincuenta -los cumplió el pasado diciembre– y sin obligaciones reales, Elena empieza el segundo acto de su vida. ¿O ya lo ha comenzado? Porque hace tiempo que la vemos diferente. Más sonriente en público, más amable con los medios (nunca le han gustado y lo hacía saber) más joven, más favorecida y sin esa sempiterna trenza. Vamos, que se ha soltado la melena literal y figuradamente. 

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¿A qué se debe? ¿Acaso está enamorada?, se preguntan en España. Es más, ¿será porque ha recuperado su primer amor? En los últimos tiempos la han fotografiado varias veces con Luis Astolfi, el jinete con el que mantuvo un noviazgo a los veintipoco años, lo que ha disparado la imaginación de los medios.

Las fotos son inocentes. Solo muestran a dos amigos charlando animadamente en cada encuentro hípico donde coincidían. Porque, a pesar de la ruptura, mantuvieron el contacto, y él, incluso, acudió a la boda de la infanta en 1995, ocho años después de separarse. La amistad se ha avivado ahora que Elena ha recuperado su afición por los caballos y a sus amigos, un círculo que nunca fue del agrado de Jaime.

Pero las suposiciones fueron más allá el pasado noviembre cuando, según el periódico El Mundo, los amigos se reunieron solos en un hotel de Sevilla, donde vive el jinete. Según los testigos se mostraron “amigables, cómplices, en actitud cariñosa”, publicó el diario.

Dos meses después el periodista español Antonio Rossi anunció que Astolfi – de 54 años y divorciado desde 2012 – y la infanta, que firmó los papeles en 2010, habían transformado su vieja amistad en algo más íntimo.

El scoop, la exclusiva, procede del entorno del jinete. “No sé si todavía están juntos, si fue un noviazgo serio o si se trata simplemente de dos personas adultas e independientes que se ven cuando se ven y que se lo están pasando bien”, cuenta Antonio Rossi ahora a CARAS. “Pero entonces la familia daba por hecho que había algo más”.

Los paparazzis se volcaron en el tema pero no hubo manera de pillarlos en actitud cariñosa. El veterano fotógrafo Antonio Montero llegó a preguntarle directamente a Astolfi. La única respuesta que obtuvo fue, entre risas: “No te voy a contestar a eso”.

“Se cuidan mucho”, explica Rossi en tiempo presente sobre por qué cuesta tanto conseguir una imagen que confirme las palabras del entorno de Astolfi. “Siempre se mueven en pandilla y sus amigos les prestan sus fincas en Sevilla, en Toledo o sus casas en Madrid”. Unos encuentros que –según le contaron– se producían dos fines de semana al mes. 

El único testimonio gráfico de los dos fuera de la hípica se produjo el pasado 11 de febrero, cuando Astolfi acudió a la inauguración de una exposición de arte en el centro de cultura que ella preside. El,  “solícito (…) mostraba una complicidad y una cercanía que parecía ir más allá de la relación que une a dos colegas deportivos”, narró la web Vozpópuli, la cual también afirmaba: “ella está profundamente enamorada de él, y él, en cierto modo, se deja querer”.

Pero las fuentes de expertos reales, como Paloma Barrientos, aseguran que por ahora no hay nada más entre ellos. Le preguntamos por el tema a Carmen Duerto, la biógrafa oficiosa de la infanta. “No tengo ni idea”, nos dice.

A la autora de La infanta Elena, la reina que pudo ser le cuesta ver una relación. Cuenta en su libro que durante su noviazgo – entre 1985 y 1987 – él no estaba tan enamorado como ella. Según la versión popular, cortó él porque Zarzuela le quedaba grande, si bien su familia es de corte aristocrático. Andrew Morton, en su libro Ladies of Spain, apunta a que tampoco era aceptado en palacio. Mientras que Duerto aporta que los continuos viajes de ambos y el andar siempre ocultos para que los medios no les asediasen contribuyó a matar la relación.

Elena lo pasó mal. “Esos primeros amores se idealizan y no era difícil enamorarse de un apuesto jinete como Astolfi”, opina Duerto. Porque él siempre ha sido lo más parecido a un caballero. Ha participado en cuatro juegos olímpicos, tiene una buena reputación dentro y fuera de España, y nunca ha querido sacar provecho económico a su relación, cosa que le hubiera venido bien pues dicen que su carrera no fue a más por falta de dinero.

Padre de dos hijos que ya rondan los veinte años, hoy es profesor de saltos y entrena en Barcelona a los caballos de una princesa árabe, según la revista Vanity Fair. Y pese a los años, mantiene el atractivo, la discreción y el buen humor que siempre lo han caracterizado.

Por cierto, por si alguien se lo pregunta, el regreso de Elena no ha tenido nada que ver con el divorcio del jinete. En eso coinciden todas las fuentes. Es más, su condición de separados es lo que les habría acercado. “Ya se hablaba de una “presunta relación” incluso cuando estaban casados pero, dadas las situaciones y creencias de ambos, lo veo inviable”, dice Duerto sobre esos rumores cíclicos.

Vale, no está claro si hay algo entre ellos pero ¿ha tenido otros novios desde su separación? Se ha especulado con un par de nombres pero los expertos y el tiempo lo han desmentido. “A Elena le gustan los hombres y claro que ha tenido otras alegrías después de su divorcio”, nos dice Carmen. “Tiene sus ilusiones, pero sin concretar, de momento”.

Por cierto, una cosa que gana con su salida del cuadro real es que ahora tendrá más libertad para vivir su vida amorosa, un anonimato que ella siempre ha deseado pese a ejercer su trabajo de corazón. 

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Elena es la más Borbona de toda la familia. Palabra de Jaime Peñafiel, el tótem de la prensa real. “Tiene sentido de la historia y sabe cuál es su deber”, ha dicho el marqués de Griñón, Carlos Falcó. “Considero muy interesante haber podido aportar mi granito de arena para que España y las funciones de la Corona sean más conocidas y más queridas”, opina la propia infanta en la entrevista que la agencia EFE le hizo al cumplir medio siglo de vida.

Es también la más patriota. Le gustan los toros, siempre lleva alguna pulserita o complemento con la bandera nacional y cuando la selección de fútbol y similares ganan es la primera en pintarse la cara. “No tiene que aprender a sonreír como ha pasado con Letizia”, dijo una fuente del Comité Olímpico Internacional a la revista Vanity Fair en 2013.

“Es majestuosa (…) una secundaria de lujo para la Corona”, resume el marqués de Griñón, una de las voces aristocráticas más respetadas del país. En 2012 empezaron a reducirle la agenda para no ser tan evidente la expulsión de su hermana Cristina por el caso Nóos. Lo asumió con elegancia. “Sabía que ese momento tenía que llegar (…) siempre estaré ahí para lo que me manden”, dijo a los medios cuando ese año la sacaron del palco destinado a la Familia Real en el desfile militar del Día Nacional.

Efectivamente continuaron mandándola aquí y allá, cobrando 25.000 euros al año por dichas labores –Cristina no recibe nada– pero ahora goza de mayor libertad y eso quizá también ha influido para estar más relajada.

Felipe ya ha anunciado que seguirá contando con sus servicios para actos “puntuales y ocasionales” pero a precio gratis, así que Elena es ahora una madre divorciada de 50 años que depende de su sueldo como directora de Proyectos Sociales y Culturales de la fundación asociada a la compañía de seguros Mapfre.

Está en el cargo desde 2008, después que palacio le obligase a cerrar una consultoría semejante a Aizoon, la empresa de Cristina e Iñaki Urdangarín también investigada. Duró diez días y fue un proyecto a medias con su secretario Luis Carlos García Revenga, el mismo que actuó de tesorero en el instituto Nóos y que se ha salvado in extremis de ir a juicio si bien también ha estado imputado.

El Mundo publicó hace unas semanas que la infanta bromea a veces con la idea de mudarse a otro país pero el diario asegura que continuará en su piso cerca del parque del Retiro. También que su cuenta corriente ya no es tan abultada, hasta el punto de que se ha deshecho del camión que utilizaba para desplazar sus caballos. No está claro si recibe una pensión de manutención por parte de Jaime pero, de todos modos, el internado inglés donde su hija Victoria ha estudiado los dos últimos cursos puede que le haya pasado factura.

Su relación con Marichalar, por cierto, también ha mejorado en el último tiempo. Jaime mantiene el cariño de su suegra y sus cuñados Felipe y Letizia, pero la relación con su ex mujer siempre ha sido fría y fuentes cercanas a Jaime se quejan de que la infanta es demasiado estricta con los términos de la custodia.

Por ello fue toda una sorpresa que Elena se presentase en el hospital donde falleció la madre de Marichalar a mediados de marzo de este año. Dicen los testigos que el encuentro fue muy afectuoso. Elena volvió a mostrarle su apoyo asistiendo al funeral dos semanas después.

Aparte de sus hijos, la mayor contribución del ex duque de Lugo fue crearle un nuevo fondo de armario. Como dice Morton, Elena pasó de ser “el patito feo de la familia real” a una de las royals más admiradas. Pero a ella nunca le gustó. La prueba es la conversación con una amiga a la que envidiaba su casual look: “¡Qué gusto, hija! Yo me pongo cualquier zapatilla y Jaime me mata. ¡No puedo ni llevarlas en casa!”, publicó Vanity Fair. Hoy todavía conserva el traje rojo pasión pero ha vuelto a calzarse deportivas.

Si algo le quita el sueño estos días quizás es la situación de su familia y las malas notas escolares de su hijo Froilán, de 16 años. La abdicación de su padre no ha sido un plato de buen gusto en casa de los Borbones. Elena “le tiene muchísimo cariño a su hermano”, dice a CARAS Carmen Duerto –“como para no emocionarse”, dijo la infanta a los medios tras la proclamación– pero “otra cosa es la versión personal que ella nunca contará de puertas afuera y que no será tan positiva y feliz como la versión oficial”, sostiene Duerto.

Elena es la más parecida a su padre en carácter. Los dos son gozadores  y comparten el pronto Borbón – que te peguen un grito repentino. Padre e hija son, además, uña y carne.

Juan Carlos ha sufrido un bajón de ánimo con la jubilación, escribía El Mundo a mitad de julio, lo que preocupa a Elena, que le llama por teléfono todos los días y almuerza o cena con él una vez por semana como mínimo.

También se ocupa de su hermana Cristina, hundida por su proceso judicial, su condición de apestada por parte del pueblo y el rechazo de Felipe y Letizia. El nuevo monarca, que quiere distanciarse del escándalo de su hermana, no la dejó acudir a la proclamación y tuvo que verlo por televisión en Zarzuela.

Elena voló días después a Ginebra –donde Cristina, su marido y sus hijos están desterrados–  y ambas hermanas fueron vistas sentadas en los escalones de una plaza con semblante serio. Es “la gran mediadora, ya que la relación que mantiene con todos es excelente”, cita El Mundo.

Elena sería hoy reina si se hubiese derogado la Ley Sálica en España. Peñafiel, Duerto, el marqués de Griñón y otros muchos hubieran sido grandes elenistas. Pero ella es más feliz en un segundo plano, dicen quienes la conocen. “Me encuentro bastante satisfecha y muy agradecida con la vida que llevo”, dijo a la agencia de noticias. Se le nota.