Solitario, pero con el clásico smoking de seda rojo bien puesto. Ni conejitas, ni brandy, ni amigotes. Eso es parte del pasado. Su tercera mujer, parte de su staff y uno que otro pavo real que aún corre por los jardines de rosas en medio del cemento de Los Angeles, lo acompañan cuando está ad portas de cumplir noventa años. El tiempo corre mucho más lento que de costumbre en el antiguo palacio del sexo de Hugh Hefner (89), tras haber sido anunciada la venta de la propiedad por parte de Playboy Enterprises en doscientos millones de dólares. No hay claridad del motivo de ingreso al mercado de la residencia, pero una supuesta crisis y la reducción en la circulación de la revista en casi un 80 por ciento habrían desatado la decisión.

Cierto o no, los cuarenta años de fiesta y lujuria selladas con misterio en la mansión serán recordados de por vida. Las ansias de llevar su negocio porno a Hollywood, fue la principal motivación del magnate para trasladar su primera residencia Playboy ubicada en Chicago hacia uno de los barrios más costosos de California, en los cerros de Holmby Hills, donde también vivieron Walt Disney, Frank Sinatra y Michael Jackson. Hasta allí llegó en 1974 junto a su ejército de rubias conejas, a las que seleccionó personalmente para que se unieran a su staff de inquilinos permanentes –que incluía estilista, personal trainer, consejero, chef personal y asistente– y para que se transformaran en sus novias de turno o en un escalafón menor, sólo playmates, a quienes pagaba millonarios sueldos –y una vida de lujos– a cambio de tenerlas viviendo en la mansión.

Pero la extravagante residencia era zona de confort para muchos otros comensales. Celebridades encubiertas, empresarios de elite, demócratas y republicanos, frecuentaban las alocadas veladas que organizaba Hefner más de una vez por semana para los socios de Playboy. La realidad superaba a la ficción dentro de la fortaleza construida por Arthur R. Kelly en años ’20 y ubicada en el 10.236 de la calle Charing Cross. Se hablaba de orgías entre famosos, tráfico de drogas, armas y animales exóticos y hasta de la existencia de pasadizos secretos que refugiaban la identidad de algunos de los invitados más vip del magnate del sexo, porque no cualquiera estaba invitado. Eso está claro.

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Desde leyendas como Elvis Presley y Mick Jagger, hasta estrellas como Brad Pitt y Leo DiCaprio eran pieza clave en el guest list de Hefner. Incluso el mismísimo John Lennon, quien se emborrachó y terminó quemando con un cigarro un cuadro de colección de Henri Matisse valuado en más de 40 millones de dólares. Música, alcohol y hasta fuegos artificiales 24/7 bajo el alero de la belleza de sensuales conejitas con piernas kilométricas, pelo dorado hasta la cintura y adornadas con brillantes de lujo, quienes confiesan que sólo estaban ahí para divertir a los comensales… y de vez en cuando pasar a la siguiente fase.

Pero las malas –y no tan malas– lenguas dicen que esos años dorados ya no son más que recuerdos… Pintura descascarada, muebles en mal estado y azulejos rotos son el resultado de décadas de parranda al estilo Playboy. Atrás quedaron las imperiosas instalaciones desplegadas en los dos mil metros cuadrados de terreno, con las que la mansión conoció la fama mundial a través del show The Girls Next Door (2005) transmitido por canal E!. Veintinueve habitaciones, un restorán internacional a cargo del chef William S. Bloxsom-Carter, casa de invitados, piscina olímpica y lagunas con cuevas submarinas, cancha de tenis y vóleibol, cine, gimnasio, solárium, biblioteca, sala de juegos y galerías de fotografías, que incluyen piezas de colección, como la primera portada de la revista con Marilyn Monroe. Todo eso permanece ‘en mantención’, es por eso que la casa está tasada a la mitad del precio estipulado por Hefner.

La identidad de la casa ya no es la misma. Las conejitas ya no residen en la propiedad como en los tiempos mozos de la empresa fundada en 1953. Algunas dicen que no les pagaban el sueldo acordado y que se quedaban sólo para tener un techo donde vivir. Otras, en cambio, se lanzaron con todo en contra del magnate. “Con Hef teníamos la posibilidad de ahorrar”, aseguró Holly Madison, la conejita más famosa de la última década y la que fue su novia oficial por siete años. “Pero no todo era color de rosa como se veía, había violencia psicológica, sexo forzado entre conejitas e incitación al consumo de drogas duras”, confesó la platinada en su libro autobiográfico, Down the rabbit hole (2015).

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Algunos hablan del fin de una era. Pero la realidad es que una drástica baja en el imperio porno gracias a la masificación de este mercado en internet, hizo que la revista publicara su última mujer desnuda a fines de 2015. “El clima sexual y político ya no es el mismo de los años cincuenta, hoy en día las cosas van mucho más rápido y debemos renovarnos con otro tipo de erotismo” , dijo el CEO de Playboy Enterprises, Scott Flandes tras imprimirse la última portada de Playboy con Pamela Anderson en topless, la rubia con más desnudos difundidos en el medio de Hefner.

Pero más allá del papel y de supuestas finanzas al punto de la quiebra, la crisis del conejito más sexy de la Tierra también arrasó con los más profundos intereses del veterano del amor. Por estos días, la peor de sus rachas le tocó la puerta. Está solamente emparejado con su tercera mujer, la treinteañera y no tan rubia Crystal Harris, un estado marital nunca antes visto en los sesenta años que lleva a la cabeza de Playboy. “Amo a todas y cada una de las mujeres que me quiere y me besa”, confesaba en la segunda temporada del reality que registró su poligamia tantas veces venerada. ¿Se acerca el fin del macho alfa más antiguo? Eso está por verse, pero Hef no dejará la residencia, porque quien compre la lujuriosa mansión tendrá que respetar la voluntad del magnate y dejar que este siga viviendo en la misma pieza con la que llegó a la gloria como empresario del porno. Sin rubias ni fiestas, el sigue siendo Hugh Hefner… . Quebrado o no, el magnate no abandonará su jaula.