La presencia de una lechuga en el menú familiar es tan común que casi olvidamos que existe, hasta ahora cuando casi bordea los $1.000 en supermercados e incluso en la famosa y capitalina Vega.

El alza, producto de este veleidoso invierno, no sólo obligó a sacar calculadora a la hora de comprarla sino también a buscarlas con  lupa, porque definitivamente se volvieron escasas, no importa si el objetivo es una escarola, la tradicional costina o más bien, una sofisticada lollo rosa.

Toda una tragedia para una lechugo-dependiente como yo que disfruta acompañarla de las cosas más variadas cuando el refrigerador y la despensa están llenos o simplemente sola.
Fieles a la creencia de que todo problema puede convertirse en desafío, desde mi hogar surgió una voz creativa que propuso plantar nuestras propias lechugas. Y sacó aplausos. Lo mejor es que ponerlo en práctica no es difícil ya que no se requiere gran espacio, sino una almaciguera para plantar las semillas, que una vez que comiencen a germinar se trasplantarán a la tierra. Y de ahí a nuestras mesas, eso si se animan a plantarlas.

Wp-Lechugas-450Una vez aprobada la propuesta nos dimos a la tarea. Descubrimos que en Homecenter ( que dicho sea de paso, acaba de ampliar sus puntos de reciclaje) se venden las semillas. También existe otra alternativa como la propuesta de Pot Garden que en su lúdica línea para niños ofrece llamativos envases de coco biodegradable, también incluye tierra para hacer la tarea más simple.

Ahora habrá que esperar si la idea da “frutos”, en este caso verduras y si podremos celebrar el éxito con una ensalada acompañada por los pimentones que hace tiempo adornan, con su rojo colorido, nuestro jardín.

Me encanta saber que dentro de poco no dependeremos de las variacione$ del mercado para comprar parte de nuestros alimentos, sino del cuidado y preocupación que entreguemos como nuevos y caseros agricultores al huerto.

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