Desnuda, sentada en un taburete con las piernas abiertas e inmovilizada por tres mujeres. De esa manera, Fátima deja atrás sus ‘impurezas’ y se transforma en una mujer decente. Al menos eso es lo que le hicieron creer. A ella y a todas sus amigas, hermanas, primas y conocidas… Ninguna de las cuales supera los 10 años.

Mientras una de sus captoras le sostiene los brazos, las otras dos le separan los muslos. Una cuarta en tanto, se acerca con paso firme. Es la más anciana y trae una navaja en las manos. Probablemente ha utilizado la misma cuchilla en incontables ocasiones para llevar a cabo rituales idénticos. Con un movimiento rápido y sin prestar atención a los gritos de la niña, la curandera extirpa el clítoris de la pequeña. Esta se retuerce, pide ayuda y llora. Pero ninguna de las mujeres en la estancia toma en cuenta sus quejidos. Una rápida sutura y listo. Ahora Fátima apenas conocerá el placer sexual. Al fin será aceptada y respetada, encontrará un esposo y podrá formar una familia. Siempre y cuando, por supuesto, no muera desangrada luego de esta rudimentaria mutilación.

Esta historia no es un caso aislado. Fátima representa a miles de mujeres provenientes en su mayoría de Africa y Oriente Medio que, cuando niñas, son sometidas a este ritual de purificación. La circuncisión femenina —como se conoce científicamente— es la ablación o eliminación de cualquier parte de los genitales femeninos por razones culturales, religiosas o cualquiera otra que no sea médica. El propósito es simple: inducir la pérdida de la sensibilidad sexual. Según cifras de Amnistía Internacional, son más de 120 millones de mujeres y niñas las que se han visto afectadas por este procedimiento en 28 países del mundo.

Frente a estas desesperanzadoras cifras, aparece una luz que promete un futuro distinto para todas ellas. Lo llaman el hospital del placer y se trata del primer centro hospitalario dedicado íntegramente a reparar a víctimas de mutilación genital, mediante una técnica quirúrgica que promete devolverle la sensibilidad y la dignidad a algunas de todas estas mujeres. Imponente y esperanzador, se eleva en pleno Burkina Faso, uno de los países más pobres de Africa Occidental.Hospital-04

Decenas de mujeres han llegado hasta esta nación africana para someterse a la operación. La lista de espera ya supera las cien personas… Desde Guinea y hasta Kenia han arribado féminas que, dejando atrás sus temores y dispuestas a recuperar la dignidad, dan el sí y deciden realizar un cambio en sus vidas sexuales. Muchas de ellas escondidas tras su burka, aún tienen miedo y apenas se atreven a aceptarlo. Pero hoy se sienten empoderadas.
La cruzada a su favor nació hace diez años, cuando un grupo de raelianos —secta religiosa que cree que la principal labor de los humanos en la tierra es la búsqueda del placer— creó una ONG llamada Clitoraid. Basados en su filosofía y gracias a múltiples donaciones, lograron juntar 400 mil dólares, monto que les permitió iniciar la construcción del edificio hace ya ocho años. “Hasta el momento, la mutilación genital femenina sólo se ha combatido con campañas de prevención, pero ninguna otra ONG se ha ofrecido nunca para ayudar a las miles de mujeres que ya están mutiladas y que buscan desesperadamente recuperar su identidad, su dignidad”, asegura Nadine Gary, vocera de la organización.

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El hospital cuenta con el apoyo de un equipo médico estadounidense. Su jefe es el cirujano Marci Bowers. Transexual y experto en cirugía reconstructiva, se ha consagrado como uno de los más reconocidos especialistas en operaciones de reasignación de sexo. “El clítoris es como un iceberg. Cuando se realiza la circuncisión femenina muchas veces sólo se corta la poción visible de éste. Pero pese a ello, aún queda buena parte del tejido nervioso que puede ser estirado hacia el exterior y retomar las sensaciones placenteras”, asegura. Según las estadísticas, de las casi tres mil mujeres sometidas a esta operación, el 81 por ciento confirmó haber sentido una mejora en su vida sexual y el 51 por ciento habría experimentado el orgasmo. La cirugía dura 45 minutos, se puede realizar con anestesia local y la paciente es capaz de caminar y volver a casa sin mayores dificultades.
Pero no todo son buenas noticias. En marzo y a sólo días de haber iniciado sus funciones en Burkina Faso, el equipo médico del hospital del placer se enteró de una devastadora noticia: El gobierno retiró las licencias de los cirujanos estadounidenses, impidiéndoles trabajar en el país. “Organizaciones médicas deberían centrarse en salvar vidas, no en publicitar su religión y tratar de convertir a gente vulnerable”, aseguró en las horas siguientes el ministro de Salud del país africano, Lene Sebego.

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Angustia, rabia y resignación. De esa manera, los doctores a cargo del proyecto deben volver a casa y el hospital se cierra. Pero no por mucho. Tal vez los cirujanos sólo alcanzaron a concretar 29 operaciones, no obstante, también se encargaron de instruir sobre la técnica de reconstrucción a unos cuantos médicos locales. Por mientras, las decenas de mujeres que llegan desde toda Africa y Oriente Medio están siendo atendidas en una clínica privada, ofrecida voluntariamente por su dueño. La cruzada continúa y, según la vocera de Clitoraid… “Nada nos detendrá. El hospital fue clausurado, así es, pero las operaciones se siguen realizando. Y nosotros continuamos desde Estados Unidos gestionando las autorizaciones para pronto poder reabrir el quirófano. Esta vez para siempre”. Las mutiladas lo ven como un sueño