La idea de encontrar el sitio perfecto, de partida, me causa estrés. Y, sinceramente, no sé si armar una cápsula del tiempo sea una tarea que me resulte seductora. Dejar pistas materiales —si no soy una genio o testigo clave del hecho que cambiará el curso de la historia— me causa pudor. 

Por eso me resulta particularmente fascinante la seguidilla de descubrimientos ‘de vidas en papel’ con que partió el año.

El documental Finding Vivian Maier lidera estos hallazgos extraordinarios. Una artista de la cámara que escondió su talento (e interés privado) en cajas con infinitos rollos fotográficos. Sólo por azar y mediante químicos reveladores apareció su obra excepcional, donde la evolución de su sociedad queda registrada con un discreto lente. ‘Espejo de papel’ de valor innegable.  

A ella se sumó el libro Pago de Russo, del fotógrafo brasileño Iatã Cannabrava. Trabajo que también recopila fotos olvidadas en negativo por más de treinta años en un cajón y que, al revelarse, mostraron una Unión Soviética ochentera en los descuentos al arribo del ‘mercado’. El autor, según contó, no quería que su experiencia saliera desde cualquier imprenta. Buscaba páginas con ‘tonos cálidos’ para extender la sensación de una era. Por eso mandó el trabajo a España, donde estaba el material preciso.

Lejos de esa preocupación profesional, un hombre de negocios alemán registró entre 1969 y 1970 la relación con su secretaria, la que negó ofendido a su mujer. Hoy las pruebas de la aventura del adúltero con la colorina veinteañera de peinado perfecto (y también casada) cuelgan en una galería germana y otra en Nueva York. El affair en formato ‘paso a paso’ quedó al descubierto al abrir un maletín de un departamento abandonado. Allí estaban las copias de casi medio siglo con la amante y las piezas de hotel.

Sin ánimo de dejar cápsula propia en alguna cómoda, bodega o maleta, sí sentí la ‘necesidad de papel’. Y no me costó nada tentarme por una Polaroid básica. Con ella en las manos, entendí esa alarma que se desató cuando hace algunos años anunciaron el fin de su producción. Más que por el icónico objeto, presiento un pánico ante la posibilidad de perder el ampliado. El mismo que se lamenta más que cualquier bien, cuando el desastre destruye una casa.  

Hoy Instagram toma relevancia como la red social de mayor crecimiento, cambiando el álbum por una cuenta personal. Y la app Snapchat hace realidad la frase de espías “este material se autodestruirá”. Entonces, ¿dónde se harán los descubrimientos en el futuro? ¿Cuáles serán los cajones? ¿‘Nubes’? Por mientras, hay filas para las casetas de fotos en las fiestas, tiendas que tientan a los ‘niños milenio’ con cámaras que incluyen papel y suscripciones varias que lanzan ofertas con Polaroid de regalo. Revelados automáticos que en el futuro alguien encontrará.