A los 19 años, Harry se enamoró. Pero no de una de las cientos de chicas que morirían por estar con él. Mientras se encontraba en un año sabático, el príncipe visitó por primera vez un pequeño país al sur de África que lo conmovió profundamente. Hoy, más de una década después y luego de haber dejado su carrera en las Fuerzas Armadas, el royal volvió a Lesoto para inaugurar un centro que acogerá a niños huérfanos que hayan perdido a sus padres como consecuencia del VIH.

“Sé que siempre habrá un espacio que jamás se podrá llenar”. Con esas palabras, Harry recordó la trágica muerte de Diana, cuando él tenía sólo 12 años. “Los niños del centro son muchos más jóvenes que yo y, obviamente, su situación es mucho más difícil que la mía. Sin embargo, compartimos un sentimiento similar de pérdida, haber tenido a un ser querido –en mi caso uno de mis padres– que nos fue arrebatado tan repentinamente”, dijo a los medios el royal, luego de la apertura del hogar que se construyó en tres años gracias al apoyo de la fundación Senteble, que creó en conjunto con el Príncipe Seeiso de Lesoto.

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Además de estas sentidas palabras, el heredero de 31 años, homenajeó a su madre y a otra de las mujeres más importantes de su vida, su niñera, Olga Powell, quien cuidó de él y su hermano durante 15 años y que falleció el 2012. El centro, que ayudará a cerca de 1.500 niños al año, fue dedicado a su adorada nanny, mientras que el comedor lleva el nombre de Diana.

El compromiso de Harry con Lesoto no es casual. Como una forma de seguir el legado de Lady Di, el príncipe decidió trabajar en este país, que es el segundo del mundo con más infectados por VIH y en el que el 40% de la población vive bajo la línea de la pobreza.

La gira de Harry por África continuará esta semana. Hoy, el royal aterrizó en Sudáfrica, donde jugó un distendido partido de fútbol en uno de los centros del programa Football for Hope, que busca ayudar a niños en riesgo social a través del deporte.