La madrugada del 31 de agosto de 1997, mientras el Mercedes Benz S280 en que iba Diana de Gales se estrellaba contra los pilares del Túnel del Alma, en París, el niño Harry dormía profundamente en una de las habitaciones del Castillo de Balmoral, al norte de Escocia. Acompañaba a sus abuelos, Isabel II y Felipe, a su padre Carlos y a su hermano William en el final de las vacaciones de verano. Se había quedado dormido pensando en la Play Station que su madre le había prometido como regalo de su cumpleaños número trece, que celebraría en sólo dos semanas.

Sin salir todavía completamente del sueño, su padre choqueado, casi sin habla, le anunció a él y a su hermano que durante la noche su madre había muerto. Le ocupó horas tomar conciencia de que ya no vería a Diana nunca más.

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Esa misma mañana de domingo, los abuelos lo llevaron a misa como si nada hubiera ocurrido. Nadie mencionó el tema, ni siquiera el cura, mientras cientos de fotógrafos los acosaban y su camino se llenaba de espectadores que lloraban por la princesa perdida.

Su padre viajó ese mismo día a París, con las hermanas de Diana, Sara y Jane, a recoger el cadáver. Los niños quedaron solos con sus abuelos en el castillo de Balmoral. Sólo un día antes del entierro, la familia real regresó a Londres con los niños.

La gente se enfureció con la abuela por su indiferencia y por no querer darle un funeral de Estado a la princesa. Un diario tituló: “¡Señora, usted no tiene corazón!”

Harry,  junto a William, siguió a pie el carruaje que llevaba el ataúd de su madre en el gran funeral que finalmente sí se le hizo. Y habló a pesar de que el protocolo no consideraba que lo hiciera.

“Mi madre nos hizo felices e hizo feliz a mucha gente. Así queremos que sea recordada”, dijo entonces.

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La Casa Real pensó que había que sacar pronto a los príncipes de su duelo profundo. No correspondía a su estirpe. Harry debió volver inmediatamente a su internado en Ludgrove. Según cuentan sus preceptores, sufrió durante mucho tiempo pesadillas sobre la muerte de su madre solo aplacadas por las visitas de su tía Sarah, quien en la mañana de su cumpleaños, le llevó la PlayStation que su mamá le había prometido. 

Dentro de la programación del olvido, a finales de octubre, su padre lo invitó a un safari en Bostwana para mezclarse con los zulúes y conocer a las Spice Girls, heroínas de Harry, quienes accedieron a estar con él en bambalinas y consolarlo luego de un show. Más adelante, afirmará algo muy significativo: “estar cerca de las Spice Girls fue el día más feliz de mi vida”.

Al viaje, además de su padre y de un amigo, lo acompañó su chaperona Tiggy Legge-Bourke, compañera de colegio de Diana, consuelo sentimental de Carlos. Diana la había despedido como institutriz de los niños poco antes de su muerte por celos. Sin embargo, después del funeral, Carlos la trajo de vuelta a la finca de Highgrove a hacerse cargo de ellos. Tiggy, cada vez que podía se refería a los príncipes como “mis bebés” y denigraba a Diana por mala madre. Famosa es su afirmación sobre lo que Tiggy consideraba que eran las necesidades de los niños en ese momento de dolor: “aire fresco, un rifle, y un caballo”.

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Diana solía describir a Harry como “muy artístico y deportivo”. Desde muy pequeño montaba a caballo y salía a cazar. William vivía en la burbuja de quienes se preparan de pequeños para ser hombres de Estado, más ordenado con los placeres del mundo. Su madre intentó que sus dos hijos tuvieran la vida más normal posible llevándolos a una guardería común en Notting Hill y los domingos a parques de atracciones masivos, McDonald’s  y otros sitios frecuentados por niños de su edad.

Después de la separación de sus padres, en 1996, Harry y William pasaron sus vacaciones escolares dividiendo su tiempo entre Carlos y Diana. Con él hacían deportes al aire libre y viajes oficiales al extranjero. Con su madre, vacaciones en lugares exóticos, visita a las clínicas de Sida del mundo y a ONGs que otorgaban refugio para los sin techo.

Harry terminó sus estudios secundarios en Eton, la gran fábrica de machos alfa del Reino Unido. Polo, rugby, esquí y barranquismo eran sus distracciones favoritas. Fue en ese tiempo cuando comenzaron sus primeras controversias públicas. Primero veniales, como cuando lo descubrieron fumando marihuana en el colegio o borracho cerca de la finca de la familia, situaciones que provocaron que su padre lo obligara a asistir a un centro de rehabilitación para que conociera de primera mano los peligros asociados al consumo de drogas y alcohol.

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A Harry le costó mucho adaptarse a los ritmos de las escuelas en que estuvo. Nunca fue un buen alumno como William. A pesar de no destacar, salió de Eton con buenas notas, circunstancia que dos años después le haría pasar un muy mal momento a él y su familia. Una ex profesora de arte, Sara Forsythe, denunció, al ser despedida, que algunos profesores habían ayudado al príncipe a hacer trampa en sus trabajos finales. El colegio desestimó la denuncia. 

Sin embargo, justo al salir de Eton, le llegó el segundo momento más difícil de su vida, después de la muerte de Diana. Su padre, para acallar rumores que afirmaban que Harry era hijo de un oficial de Palacio, lo llamó para conminarlo a que no hiciera caso, que él le garantizaba su filiación porque… James Hewitt, le dijo literalmente, oficial héroe de la primera guerra del Golfo Pérsico e instructor de equitación de Diana, efectivamente había sido amante de su madre mientras estaban casados, pero sólo después de que él nació.

Para Harry fue un gran golpe porque Hewitt había sido muy importante para él cuando niño. Desde los tres años lo encantó con sus historias sobre la vida militar y lo entusiasmó para que siguiera la carrera castrense, en vez de ir a la universidad, llegando a regalarle una copia de su uniforme a su medida. 

 A pesar de que el príncipe y soldado se parecen muchísimo físicamente, en su libro, Nuestro Amor Prohibido, Hewitt desmintió su paternidad:

 “En verdad, el color de su pelo es similar al mío y la gente dice que nos parecemos. Yo nunca he impulsado esas comparaciones y aunque estuve con Diana por mucho tiempo (cinco años), debo aclarar de una vez por todas que no soy el padre de Harry (…). Cuando conocí a Diana él era un bebé y tengo que decir que él es mucho más guapo que yo”.

Después de terminar el colegio, Harry se tomó un año sabático y viajó por Australia, Argentina y Africa huyendo de la Corte. En Lesotho, un pequeño reino devastado por el Sida, se involucró en obras de caridad. Trabajó en un hogar para huérfanos víctimas de la enfermedad e hizo un documental llamado El Reino Olvidado. La película recaudó aproximadamente dos millones de dólares para el Fondo de Lesotho de la Cruz Roja Británica.

A su regreso, empezaron sus problemas más serios con la opinión pública y su familia. En octubre de 2004, sólo unas semanas después de que su ex profesora denunciara los supuestos fraudes en sus exámenes, Harry le partió el labio a un fotógrafo pegándole con su propia cámara a la salida de una discoteca. 

Unos meses más tarde, a principios de 2005, se disfrazó con un uniforme nazi en una fiesta. Su foto, borracho y luciendo un brazalete con la suástica, llenó las portadas de periódicos de todo el mundo. Para peor, la fecha coincidió con el 60º aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz. Lo menos que le dijeron fue insensible.

Entretanto su padre se casó con Camilla Parker Bowles, por la que Harry siempre ha manifestado un entusiasta cariño que no todo el mundo cree: “Ella no es la malvada madrastra. Es una mujer maravillosa y hace muy, muy feliz a nuestro padre”,  dijo el día del matrimonio.

En mayo de 2005, siguiendo los pasos de Hewitt, Harry se matriculó en la Academia Militar de Sandhurst, comenzando su carrera militar. En febrero de 2007, la Corona anunció que Harry entraría en servicio en Irak. Pero finalmente no lo hizo debido a los problemas de seguridad que su presencia planteaba. Sin embargo, un año más tarde estuvo presente en Afganistán como controlador aéreo durante dos meses. A pesar de su escasa participación, recibió la Medalla de Servicio Operativo de Afganistán. 

A principios de 2009, tuvo que enfrentar una vez más críticas por su falta de sensibilidad. Llamó a un soldado “paqui”, el término despectivo que usan los ingleses con sus compatriotas de origen paquistaní. El Ejército le ordenó entonces someterse a un entrenamiento de inteligencia emocional. Más adelante, tuvo otra vez problemas con la opinión pública cuando se difundieron fotografías suyas con una chica, desnudos ambos, después de haber jugado una partida de streeptease pool en una fiesta privada en Las Vegas.

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Después de dos años y medio, finalmente terminó su programa de adiestramiento como piloto de helicóptero Apache en el Cuerpo Aéreo del Ejército. En mayo de 2010, su padre le hizo entrega de sus alas de vuelo, felicitándolo. 

Entonces volvió a Afganistán por cuatro meses donde participó en algunas misiones de combate. Reconoció, al volver, haber puesto “fuera de juego” a varios talibanes comparando su habilidad de piloto artillero con su pericia en la PlayStation. Otra vez la prensa le cayó encima por la liviandad de su declaración. Los talibanes dijeron que un verdadero príncipe peleaba a cara descubierta y no desde el joystick de un helicóptero. Juraron matarlo.

Harry combina hoy sus actividades de beneficencia y de relaciones públicas de la Corona con un trabajo menor de escritorio en el Ejército que consiste en planificar eventos, como visitas de estado y otras ceremonias. En su oficina, un puñado de admiradoras soldados, de todas las edades, hacen fila para llevarle el almuerzo, tazas de té y hasta pedazos de torta. Sus compañeras lo tratan como una gran celebridad y ponen ojos de cordero degollado cuando le hablan. Algunas, incluso, protagonizan escenas de histeria, según testigos. El las trata a todas por sus nombres de pila pero ellas están obligadas a llamarle ‘señor’. 

En materia de preferencias femeninas, confiesa que su prototipo de belleza es Jennifer Lawrence, la actriz de Los Juegos del Hambre, y en general las chicas altas y rubias como Diana.

Antes de comprometerse con Cressida Bonas —una modelo de 25 años, alta, rubia, con piernas largas—, que lo acaba de abandonar, estuvo simultáneamente con Chelsy Davy, una estudiante de derecho y Catherine Davies, una mujer diez años mayor que él. Sus conocidos dicen que se transformó en un rompecorazones una vez que no pudo conquistar a Laura Leigh Gerard, un obsesivo amor colegial no correspondido. Aunque, en ese mismo momento, también cortejaba con éxito a Margaret, una sencilla empleada de un supermercado cercano a Eton, la que rompió su silencio el año pasado hablando por primera vez sobre su relación en el libro Harry, El Príncipe del Pueblo, que publicó por fascículos el diario Daily Mail

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“Me gustaba mucho, pero sabía que nuestro romance no llevaba a nada y que estaba poniendo en peligro la relación con mi entonces pareja, con la que llevaba saliendo dos años. También pasé muchísima vergüenza porque había un hombre que controlaba todo lo que hacíamos. Después de romper, me siguió llamando pero tuve que decirle que me era imposible volver a verle. Me lo suplicó pero sabía que no era correcto lo que estábamos haciendo. Y además, sabía que nunca podría ser parte de su mundo. Lloré mucho después de su última llamada pero después de eso, no me volvió a llamar”.

Con Cressida Bonas estaba dispuesto a sentar cabeza, entusiasmado con la vida matrimonial que lleva su hermano William, con el cual se ha visto alejado desde que éste se convirtió en el Duque de Cambridge. Estuvo a punto de anunciar su matrimonio, y todo el mundo lo daba por hecho. Pero una vez más fue rechazado. Cressida, licenciada en danza por la Universidad de Leeds y el conservatorio Balan de Londres, no quería abandonar su carrera de bailarina y actriz y las formalidades de la Corona no la permitirían seguir desarrollándose.

Pero también Carlos presionó a Harry para que la dejara ir por no ser Cressida “material real”, debido a su profesión y porque Christopher Shaw —el cuarto marido de la madre de Cressida— había sido encontrado muerto de una sobredosis de drogas recientemente. Entonces, lo instó a terminar, lo que Harry acató con resentimiento, alegando que por primera vez amaba a alguien en serio.

En estos días, Cressida está volcada completamente a lo suyo. Recientemente debutó como actriz en el festival Hay-On-Wye, en la obra There is a Monster in the Lake y fue muy aplaudida por la calidad de su interpretación. También fue seleccionada para actuar en una película con Judi Dench y Cristoph Waltz (ver recuadro).

La fama de seductor de Harry ha dado pie para que la Fox americana haga un reality show llamado “Quiero casarme con Harry”, que se emite en estos días en Estados Unidos, Reino Unido y Australia. El programa ha causado enormes molestias a la Corona pero también a las mujeres norteamericanas. La cadena trasladó al castillo de Englefield, cercano a Londres, a doce jóvenes para conocer a quien les prometieron sería el hombre de su vida: un doble de Harry llamado Matthew Hicks, un simpático consultor de Medio Ambiente, de 23 años, que intenta hacerse pasar por el noble colorín.

Matthew, cual James Bond, las lleva a pasear en helicóptero, lanchas rápidas y autos soberbios. También las invita a bailes de máscaras y a la luz de la Luna prueba sus besos; supuestamente, para elegir a su princesa.

El Washington Post calificó al reality como uno de los más crueles y humillantes para las mujeres norteamericanas, cuya cultura Disney las hace perder el sentido frente a la posibilidad de relacionarse con la nobleza. ¿Las han drogado? ¿Quién puede pensar que Harry va a recurrir a un reality para elegir a su esposa?, se preguntó el periódico.

Las muchachas se han mostrado tan deslumbradas que incluso practican hablar “royal”, entre ellas y con Hicks. Es decir, imitando el acento británico. La Fox se defiende con que nunca se les ha dicho a las chicas que el hombre es efectivamente Harry. Ellas sólo saben que están en un programa de citas en que les muestran un gallardo pelirrojo soltero en un castillo para intentar conquistarlo. Y son ellas las que han concluido “incorrectamente” que es Harry.

Lo cierto es que el príncipe pelirrojo es un rock star, con todos los ingredientes necesarios para un guión de película… simpatía, carisma, romance, desenfreno y nobleza… un producto tentador para la industria del showbiz donde la realeza hace rato ya tiene un papel relevante. 

CRESSIDA SIN HARRY – Por Olga Mallo desde Londres

Se especuló que una de las razones del término de la relación de Cressida y Harry podría haber sido que ella no quería abandonar la carrera que estudió y que la apasiona: danza y teatro. Estar sobre un escenario con funciones diarias y expuesta al público constantemente no era compatible con la vida de la princesa en que se convertiría si su relación con el príncipe prosperaba. Pues el fin de semana pasado esta teoría adquirió cierto sentido. En un contexto muy lejano a la formalidad de Buckingham Palace la joven, de 25 años, hizo su debut en el festival de literatura y artes de Hay realizado en Gales. El teatro consistió en una carpa estilo hippie con cortinas de colores iluminada con una lámpara turca y olor a té chai e incienso. 

La obra de bajo presupuesto fue dirigida por Lily Ashley, nieta de la fallecida diseñadora Laura Ashley, quien ademas acogió a Bonas, y al resto del elenco, en su casa durante la semana en que ensayaron y se hizo la presentación. Nada de hoteles lujosos ni palacios para la novata actriz. Ensayaron en un granero mientras afuera llovía incesantemente y las ovejas pastaban en los enlodados campos que rodeaban el lugar. La situación lejos de incomodar a Cressida pareció seducirla, pues en conversación con Katie Glass de “The Sunday Times” dijo: “Actuar, bailar, cantar es algo que he hecho toda mi vida y ser parte de un equipo creativo es lo mejor del mundo. Me siento muy feliz en un ambiente artístico como éste”. En la obra llamada “Hay un monstruo en el lago” escrita por Tallulah Brown, la joven hace de un lobo que reside en la imaginación de un anciano con demencia senil. Este lobo que habla con un fuerte acento ‘cockney’ del Este de Londres, ciertamente muy alejado del verdadero acento de Bonas, criada en el elegante oeste de la capital inglesa. 

“Representar personajes excéntricos y cómicos me atrae mucho, así que me alegro obtener el papel del lobo aunque al principio había postulado al rol de la bailarina por mis estudios de danza”, le cuenta a Grass.

Sin embargo, cada día se hacen más fuertes los rumores de que ha sido reclutada para ser parte del elenco de la película “Tulip Fever”, una gran producción basada en la novela de Deborah Moga autora también de “The Best Exotic Marigold Hotel”. El filme comenzará a rodarse el 25 de junio en Norwich, al noreste de Londres, cuya catedral será el escenario principal.

Tulip Fever cuenta con la actuación de la prestigiada actriz británica Dame Judi Dench y reúne además a las modelos Cara Delevigne y Daisy Lowe. La cinta, dirigida por Justin Chadwick, narra la historia de los amores ilícitos de un pintor y su acaudalada musa.

MATTHEW HICKS, EL DOBLE DE HARRY

Matthew Hicks es rubio. Sólo se tiñó de colorín para hacer el show.

“¡Llegó el príncipe!” es el grito que viene escuchando desde los 17 años, cuando entra a algún lugar público.

Estudió en la Universidad de Southampton, Geología y Oceanografía, y trabaja como jefe de proyectos en una firma de consultorías medioambientales. Su jefe le dio permiso para ausentarse durante seis semanas para participar en el ‘reality’ porque encontró que esa experiencia, tan ridícula y tan divertida, sería muy enriquecedora. 

Desde hacía ya algunos años había fichado para una agencia de modelos especializada en “gente parecida”. En ella lo descubrió Zig Zag, la productora de ‘Quiero casarme con Harry’.

Tuvo que hacer propia toda la vida del príncipe: árbol genealógico, colegios, experiencias familiares, carrera militar, ex novias, escándalos. Y también aprender a cabalgar (nunca se había subido a un caballo, sólo una vez a un camello), jugar polo, bailes de salón, etc. Lo más difícil fue aprender los rangos militares, las divisiones del Ejército; cómo se asciende de teniente a capitán. También tuvo que exagerar su propio acento de chico bien, porque a ellas las volvía locas escucharlo.

Como nació en Papúa Nueva Guinea, un país de Oceanía fronterizo con Indonesia y Australia, no necesitó aprender mucho de viajes, simplemente les contó sus propias experiencias. 

Entre las participantes había de todo. Desde reinas de concursos de belleza a asistentes sociales. Según él, muy divertidas, algunas atrevidas, otras tímidas. Venían de diferentes lugares de Estados Unidos y de distintas experiencias sociales.

Las seis semanas que duró la realización del programa vivió en el castillo. Ellas en el tercer piso, él en el segundo en un dormitorio con cama matrimonial gigante y espléndidas vistas a la campiña inglesa.

Para engatusar a sus pretendientes, les soltaba algunas pistas de vez en cuando, como que tenía un hermano que se llamaba William, que acababa de ser padre, y que a su sobrino le había puesto George. Y las dejaba especular. Facilitaba la situación que las participantes estaban completamente incomunicadas. No tenían acceso a ningún medio de comunicación. Durante seis semanas se llevó diariamente una a la Suite Real mientras expulsaba a otra del castillo porque pensaba que no era adecuada para un príncipe. 

Resumiendo su experiencia, Matthew ha comentado que “Harry lo debe pasar muy mal en la vida real. No es conveniente que las chicas quieran estar con uno solo por sus parientes”.

Pero el show no fue a la medida de las pésimas críticas, el orgullo norteamericano, el bajo rating y las presiones desde la Corona británica. Con sólo cuatro episodios al aire la televisora sacó al colorín de pantalla. El final de las aventuras del falso príncipe sólo se podrán ver en internet, por Fox.com   

La revista Time resumió así su alegría por la cancelación: God bless America