En 15 años más, los niños y niñas que este año entraron al jardín infantil enfrentarán un mundo en el que, según el último reporte de Mckinsey, un 30% de las actividades ya estarán automatizadas. De acuerdo a esa información, la digitalización de los trabajos también puede evidenciar brechas en temas de género, ya que tradicionalmente la tecnología, ciencias e ingeniería han sido espacios privilegiados para hombres y en el futuro, serán estas áreas las que tendrán mayor demanda. (Según la Comisión Presidencial para la Ciencia y el Desarrollo, en Chile solo uno de cada cinco títulos de ingeniería son entregados a mujeres, es decir, un 20%).

Asímismo, estos cambios requieren de habilidades propias del ser humano. Desde la capacidad de pensar críticamente, resolver problemas de forma creativa, colaborar con otros hasta desarrollar la empatía. ¿El problema? Al entrar a una sala de clases nos encontramos frecuentemente con una escena congelada en el tiempo: un profesor dictando materia, estudiantes repitiendo y pruebas estandarizadas con contenidos memorizados.

Hay que reconocer que Chile ha dado pasos significativos en temas de educación (la Unesco y el BID lo destacan por su avances en política educativa). Sin embargo, los resultados del SIMCE prácticamente se han estancado en los últimos años y en la prueba PISA los peores colegios públicos de Shanghái obtienen mejores resultados en matemáticas que los mejores colegios de Chile. Entonces, ¿cómo damos el salto sustancial para rediseñar la forma como hoy educamos, de manera de enfrentar el futuro con más oportunidades para niños y niñas? Como lo informa la iniciativa Red de escuelas líderes, varios colegios públicos y privados del país han puesto en marcha distintas estrategias según las necesidades de sus estudiantes: se han tenido en cuenta los intereses de los alumnos y se han desarrollado a sus profesores como grandes facilitadores. En el increíble camino de observar de cerca a escuelas y colegios que innovan, he visto cómo han instaurado la estrategia de evitar culpar al currículo y profesores, para dedicar tiempo a reimaginar la forma de cómo las ciencias y matemáticas pueden desarrollarse junto a la creatividad y el pensamiento crítico.

También he visto el desarrollo del empoderamiento de agentes de cambio, que buscan influir positivamente en su entorno, donde la empatía desplaza la competencia, en espacios de educación no sexista, en que las mujeres también influyen ciencia y matemáticas. Pero lo cierto es que la educación del futuro requiere de decisiones urgentes. Necesitamos poner foco en la forma y fondo de por qué estamos educando y en el desarrollo de las habilidades claves para enfrentar los cambios. De la misma forma, se requiere poner atención (y no dar por superada) la inclusión en la educación de las mujeres, para dejar de reproducir sesgos al interior de las clases, brindarles espacios en ámbitos aún restringidos (incluidas las ciencias y tecnología) y empoderarlas para que accedan a las mismas oportunidades en ámbitos de acción y poder que los niños y niñas deberán enfrentar en las próximas décadas.

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