Dinamarca está triste. La Casa Real se ha vestido de luto tras el fallecimiento del príncipe consorte Henrik, quien descansó en paz en el Castillo de Fredensborg a las afueras de Copenhague hasta donde había sido trasladado por deseo expreso, desde el hospital Rigshospitalet. Allí había sido ingresado tras ser trasladado desde Egipto donde pasaba unas vacaciones, a fines de enero.

Mientras estuvo en el hospital fue visitado permanentemente por su familia, la reina Margrethe, el príncipe Joachim y su familia, así como por el príncipe heredero Frederik, quien viajó rápidamente desde Corea del Sur, para ver a su padre acompañado de la princesa Mary y sus cuatro hijos.

También llegó su familia francesa más cercana, como su hermana Catherine de Monpezat, y amigos cercanos de la familia. Su estado, sin embargo, empeoró con rapidez, y ayer martes fue trasladado al Castillo de Fredensborg, a las afueras de Copenhague, donde “su Alteza Real el Príncipe Henrik (…) estará rodeado de sus más cercanos en sus últimos momentos y estará en el entorno que tiene un significado especial para él”, explicaba Lene Balleby, jefa de comunicaciones de la Casa Real, a un medio danés. Fue allí, finalmente, donde el príncipe descansó en paz la noche de ayer.

Hace dos años, en el discurso que la reina Margrethe entrega cada Año Nuevo a sus súbditos, anunció la decisión de su marido de “jubilarse” y desde entonces el príncipe había estado al margen de las actividades oficiales y se había dedicado a viajar, al arte -una de sus grandes pasiones- y a pasar más tiempo en el Château de Cayx, que la familia real tiene en el sur de Francia. El año pasado, tras unas críticas declaraciones del príncipe sobre su esposa, incluyendo su deseo de no ser enterrado junto a ella como indica la tradición, pues nunca le fue dado el título de “rey”, la Casa Real informó en septiembre que el príncipe consorte padecía demencia.

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El príncipe danés, nacido en Talence (Francia) y bautizado Henrik Marie Jean André de Laborde, conde de Monpezat, conoció a la soberana danesa durante una cena con amigos comunes en Londres, en la primavera del ’65. El compromiso se formalizó un año después y se casaron en 1967, en una boda que congregó a todas las casas reales europeas. Sus dos hijos, Frederik (1968) y Joachim (1969), vinieron a completar la familia real.

Si bien el príncipe ha sido el gran amor de la reina y cumplió impecablemente su papel de consorte, desde comienzos del 2002 comenzó a hacer pública su insatisfacción al sentirse relegado. Si bien mucho se ha escrito sobre este hecho y sobre los problemas de aceptación que tuvo dentro del pueblo danés, también se le recordará por haber sido un príncipe de excepcional cultura, por su amor a las artes, por su buen humor y por su espíritu “bon vivant” para disfrutar de la vida.

Por deseo expreso del príncipe, su entierro no tendrá el carácter clásico de funeral de Estado, sino que será una ceremonia más privada en la Iglesia del palacio de Christiansborg, el próximo 20 de febrero a las 11 de la mañana. La Casa Real ha decretado también un mes de duelo para la Corte, donde la reina y el resto de la familia real, no participará de eventos sociales o de entretención y su lucirá ropa oscura en público.

Además, también saliendo de la tradición, el príncipe consorte será cremado como era su deseo. La mitad de sus cenizas será esparcida en aguas danesas y la otra mitad será puesta en una urna que será enterrada en un jardín privado en el Castillo de Fredensborg, sin acceso al público.