“…Y el mago le dijo a la princesa ahí tienes tu primer beso, pero debes ser sabia y guardarlo para el hombre con que te vas a casar…”, dice el libro Princess and the kiss, que arrasa en Amazon y en las librerías estadounidenses. Un cuento para niñas que explica en palabras simples y fantasiosas el mensaje de conservar la virginidad hasta el matrimonio, desde que son guaguas. Una tendencia al alza, pero con muchos contrincantes, que indican que esta práctica es machista y misógina.

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“Mi sueño es casarme con Dios y que mi papá sea mi pololo. Mi beso lo guardaré para mi marido”, dice convencida Claire, una niña de 16 años, mientras le acomodan su vestido. Es uno blanco el que se escogió para mostrar su pureza, con otras 200 niñas en su primer Purity Ball. Ahí Claire junto a sus otras compañeras bailará alrededor de la cruz, ofreciendo la pureza para Dios, lo que incluye también el primer beso, las manos o cualquier tipo de contacto físico hasta el matrimonio.  

Las niñas con vestidos blancos y rosados esperan en fila el momento para dar los votos, mientras sus padres las abrazan y les dan besos, se firma el protocolo de castidad, que incluye diez cláusulas. Entre ellas, que el padre será el responsable de decirle a su hija lo linda que es para que ella no intente buscar ese amor o reforzamiento fuera de la casa. Mientras que en su papel él promete mantenerse fiel, ser un buen padre y el primer boyfriend de la niña.

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Todo es estrambótico, rimbombante. “Queremos que nuestras niñas puedan sentirse como princesas”, comenta Kenneth, el papá de Claire, quien confiesa que el Purity Ball es perfecto para la educación de su hija.

“Cuando supe de esta práctica, me pareció algo chocante y me espantó. Lo primero que me imaginé fueron esos norteamericanos locos con escopetas haciendo cualquier cosa por cuidar la virginidad de sus niñas”, dice David Magnusson, fotógrafo sueco.

Hasta que el 2010 sintió que quería retratar todo lo que encontrara en esos bailes, y en el camino se topó con varias sorpresas. Entre ellas, que muchas de las niñas que participaban de los bailes, “lo hacían de manera voluntaria, sin que sus papás las obligaran”, cuenta.

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Estuvo seis meses viajando por Colorado, Arizona y el sur de California para conseguir retratos de esta extraña relación padres-hijas. Todas las fotos se sacaban un par de horas antes del evento, y cerca de las casas. Les decía que podían hacer lo que quisieran; abrazarse, mirarse, besarse o nada”, comenta.

El resultado fue extraordinario, ya que la emoción de las niñas y sus papás lo sorprendió. Todos lloraban de emoción. “Para mí fue increíble ver como hasta las de siete años se sentían maduras para tomar una decisión así. Yo no pretendo decir si esto está bien o no, sólo quería mostrar lo que ocurre con esta tendencia. Lo que me interesa retratar no es a las personas sino la fuerza que hay en esa relación”, concluye.

Los Purity Ballsfueron creados por Randy y Lisa Wilson,una pareja de Colorado Springs, con 5 hijas. Ellos “apostaron por la castidad para que  las niñas no cometieran errores en sus futuros matrimonios”. Formaron el movimiento de la Nueva Virginidad, que ya se ha extendido a 48 de los 50 Estados de EE.UU., llevando un baile a cada uno de esos lugares. De todos los Purity Balls que existen, el de Colorado Springs es el que nadie quiere perderse. Todos los años más de 70 granjeros y padres de rincones alejados viajan miles de kilómetros para participar de este baile. 97 dólares cuesta inscribirse, y si no tiene padre no importa, porque puede llevar un primo, tío o abuelo. A las niñas también se les ofrece ser miembros del  School of Grace. Una especie de campamento de verano, donde aprenden, durante una semana, reglas de etiqueta y cómo vivir en lo que llaman “un ambiente amoroso”. Ahí les enseñan a conversar, a hacer preguntas inteligentes y hasta escribir cartas de amor. Todo para que se encuentren preparadas cuando llegue el futuro marido.