Una periodista madura, una actriz y el presidente de Francia es el triángulo sentimental que hace temblar los cimientos del Elíseo. La relación entre Francoise Hollande y la intérprete Julie Gayet, a espaldas de su pareja oficial Valèrie Trierweiler, provocó un terremoto en la vida política y personal del mandatario que se enfrenta a la opinión pública en el momento más delicado de su gestión. De hecho, hace unos días, miles de ciudadanos salieron a la calle a protestar y pedirle que dimita.

Esto después de que Hollande anunciara en un comunicado escueto que la vida en común con Trierweiler llegaba a su fin. Un mensaje en el que no aclaraba si la decisión había sido tomada de mutuo acuerdo, si bien según la prensa francesa, dos días antes de confirmarse la noticia, la ya expareja se había visto cara a cara para concretar los términos de la separación.

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Todo partió hace unas semanas cuando la revista Closer publicó unas fotografías donde quedaba en evidencia el romance. En ellas se veía al presidente saliendo de la casa de la actriz en reiteradas ocasiones. Y era evidente que pasaba la noche allí.

Hollande reaccionó, en su primera comparecencia pública, diciendo: “Los asuntos personales deben tratarse en privado”. Pero la situación acabó por complicarse aún más cuando Valèrie, pareja oficial de Hollande hasta hace una semana, tuvo que ser ingresada en un hospital parisino tras sufrir un ataque de ansiedad después de ‘la noticia’.

Por su parte, Julie Gayet, de 41 años —18 menos que el político— y divorciada del cineasta argentino Santiago Amigorena del que tiene dos hijos, presentó una demanda contra la revista. La actriz fue uno de los rostros famosos que hicieron campaña a favor de Hollande en las elecciones de 2012. Según la prensa francesa, fue entonces cuando ambos comenzaron una relación intermitente que habrían decidido romper en la primavera de 2013, tras un ataque de celos de Trierweiler. Sin embargo, el pasado otoño volvieron a retomarla con más fuerza que nunca. Los rumores de una supuesta relación entre el presidente y la actriz no son nuevos y ya en marzo del pasado año Gayet interpuso una demanda a una publicación online que especulaba sobre su posible romance.

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Pocas horas antes de la difusión del comunicado, el mandatario francés se presentó solo en una visita oficial en el Vaticano, y en los próximos días deberá viajar a Washington para encontrar a Obama. Una reunión a la que estaba previsto lo acompañara Trierweiler, que continúa con sus viajes humanitarios (por India) como madrina de la organización ‘Acción contra el hambre’, a pesar de haber abandonado ya la residencia presidencial.

Hollande insiste en que nunca ha existido una ‘primera dama’ en Francia, pero lo cierto es que desde su llegada al Elíseo en 2012, Valérie ha acompañado siempre al presidente, asumiendo di fatto el papel de prèmier dame. Además, la periodista tiene una oficina en el Palacio con seis funcionarios pagados con dinero de las arcas públicas. Según una reciente encuesta publicada por el diario Le Parisien, Valèrie es la menos valorada de todas las esposas y parejas de presidentes de los últimos tiempos, y un 54 por ciento de los franceses preferiría que no existiera ningún estatus oficial para la pareja del jefe de Estado.

Está claro: Valèrie no cae simpática a los franceses. Quizá porque el inicio de su relación con Hollande fue similar a lo que está pasando hoy con Gayet. Tras una larga unión con la política socialista Segoléne Royal —con la que se debatió en unas primarias por la presidencia del partido—, Hollande oficializó en 2010 su relación con Trierweiler, divorciada y madre de tres hijos. Sin embargo, los rumores siempre han apuntado a que el romance entre ambos comenzó mucho antes de la separación definitiva de Royal en 2006. Quizás es ese el motivo por el que la relación entre Trierweiler y los cuatro hijos de Hollande es casi nula, y el enfrentamiento entre ésta y la ex mujer del político, es vox populi.

Los franceses han acogido la noticia de la separación con una mezcla de incredulidad, indignación e indiferencia. Incredulidad porque el escándalo salta a la luz justo en uno de los momentos más difíciles para el presidente francés, mientras crece el número de desempleados y su índice de popularidad se derrumba. Indignación porque muchos se preguntan si el presidente trabaja para sacar a Francia de la crisis o está más preocupado por sus asuntos personales. E indiferencia porque lo cierto es que no es la primera vez que los franceses ven a su presidente envuelto en un escándalo de faldas.

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El anterior inquilino del Elíseo, Nicolas Sarkozy, fue protagonista también de una larga historia de amor salpicada por infidelidades. En 2007, Sarkozy y Cécilia Ciganer Albéniz, ponían fin a once años de matrimonio. Dos años antes, Cécilia había abandonado la casa para vivir en Nueva York junto a su amante, el publicista Richard Attias. Un año más tarde, volvió arrepentida al lado del político de centro-derecha y le ayudó a ganar las elecciones, pero la pareja ya estaba rota.

Unas fotos al lado del publicista por las calles de París, junto con la supuesta infidelidad de Sarkozy con una periodista mientras era ministro del Interior, terminaron por sepultar el matrimonio. Poco tiempo después fue el propio Sarkozy quien se encargó de confirmar los rumores de su relación con la ex modelo y cantante italiana Carla Bruni, que seis meses más tarde se convertiría en su tercera esposa y madre de su cuarto hijo.

En el best-seller francés Sexus Politicus sus autores, Christophe Dubois y Christophe Deloire, aseguran que uno de los presidentes más mujeriegos de la historia de Francia fue Jacques Chirac, apodado entre sus empleadas como ‘cinco minutos, ducha incluida’, para desgracia de su mujer Bernardette. El libro recoge como la noche del 31 de agosto de 1997 en la que Diana de Gales perdió la vida en un trágico accidente en París, el staff presidencial no consiguió contactarse con él hasta pasadas varias horas porque el político se encontraba en compañía de la actriz italiana Claudia Cardinale.

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Chirac tuvo un buen maestro con el que incluso llegó a compartir amante. Francoise Mitterrand no fue un marido infiel sino que durante años mantuvo una doble vida. Cuando en 1981 fue nombrado presidente, estaba casado con Danielle pero mantenía desde hace años una relación paralela con Anne Pingeot. En 1974 Pingeot dio a luz a Mazarine, que el político reconoció legalmente 10 años más tarde. La prueba irrefutable de su bigamia se verificó el día de su entierro en París, con las dos familias despidiendo en primera fila al mandatario.

Las crónicas de la época apuntan sin embargo, que el apetitito sexual de Mitterand no se sació sólo con sus dos mujeres ‘oficiales’, sino que a lo largo de los años coleccionó un buen número de amantes más o menos breves. Actrices como Carole Bouquet, a la que llegó incluso a pinchar el teléfono muerto de celos, según cuentan los autores de Sexus Politicus, o una por entonces joven y prometedora periodista de la que quedó fascinado, que sin embargo no sucumbió a sus encantos: Valèrie Trierweiler.

“Excepto De Gaulle, la mayoría de los jefes de Estado franceses han sido infieles a sus consortes, dedicándose a perseguir damas en vez de solucionar los problemas de Francia”, asegura Renaud Revel en el libro Les amazones de la République.

¿Pero cuál es el futuro de Valèrie? “He comprendido que siendo útil a los demás, puedo ser útil a mí misma”, dijo la periodista en su primera aparición tras el escándalo durante un viaje humanitario a India. Quizá sea una pista de lo que espera sea su futuro más inmediato. Eso o volver al periodismo activo. Trierweiler abandonó su trabajo en la televisión privada D8 —aunque siguió manteniendo su colaboración con Paris Match— cuando se trasladó al Elíseo con Hollande.

Al no estar legalmente casados, Hollande no está obligado a pagar ninguna compensación económica a su ex pareja, por lo que ella tendrá que reincorporarse a la vida laboral como una ciudadana más. Su abogada, Frédérique Giffard, aseguró en una entrevista a Le Figaro poco antes de que se confirmara la ruptura, que la periodista estaba negociando una separación ‘amistosa’ con el presidente francés. Y aunque poco después el jefe de gabinete de Trierweiler desmintió las palabras de la letrada —que fue cesada inmediatamente—, a nadie en Francia se le escapa que una mujer despechada y traicionada, que además es periodista, puede ser muy peligrosa fuera del Palacio Presidencial.