El 1º de mayo París acoge la manifestación del Día del Trabajo y también el homenaje a Juana de Arco de parte del Frente Nacional (FN), partido de ultraderecha francés. Mientras su presidenta, Marine Le Pen, daba un discurso, voces femeninas la interrumpen. Del balcón de un hotel, tres chicas con pelucas platinadas, en topless, gritaban ‘Heil Le Pen’, haciendo alusión al saludo nazi. No pasó mucho tiempo hasta que un grupo de la seguridad del partido las expulsó de manera violenta. Las tres son parte del movimiento feminista Femen. Aquel que durante el último tiempo ha estado enredado en controversias y que gracias a esta acción recupera apoyos.

Cuando se formaron en 2008 en Ucrania, una de sus fundadoras, Anna Hustol, explicaba que creían haber inventado una manera única de expresarse, basada en la creatividad, en el coraje, en el humor, en la eficacia y, sin dudar, en el golpe efectista. “La gente no se interesaría en nuestro mensaje si no estuviéramos vestidas de esta manera”, dijo en esta oportunidad. En 2010, el nombre Femen comenzó a circular en los medios, cuando éstas convocaron a una huelga de sexo para protestar por la ausencia de mujeres en el entonces nuevo gobierno y las provocadoras declaraciones del Primer Ministro Mykola Azarov: “La situación en el país es difícil, pusimos en el gobierno gente capaz de trabajar 16-18 horas por día y de llevar a cabo las reformas. No es una cosa de mujeres realizar reformas”.

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No pasó mucho tiempo antes de que llegaran los problemas. El 17 de agosto de 2012 se entregó el veredicto de las Pussy Riot, el grupo punk ruso acusado de “incitación al odio religioso” luego de haber cantado una “oración punk” pidiendo a la Santa Virgen que se deshiciera de Vladimir Putin, en la catedral del Cristo Salvador en Moscú. Para apoyar, Inna Shevchenko cortó con una sierra eléctrica una inmensa cruz. Así empezó el periplo francés de Shevchenko, quien tras la acción tuvo que escapar de las autoridades ucranianas y pidió asilo en el país galo.

Inna es alta, rubia, ojos claros y de silueta fina. Podríamos decir que casi tiene la contextura de una modelo. Es la jefa de las Femen en Francia y su cara más visible. Ella y el movimiento se definen como “sextremistas”, lo que explican en un manifiesto publicado en enero de este año: “Usamos los cuerpos desnudos, nosotras los hemos adornados de eslogans y puesto en una actitud guerrera. La imagen es simple y radical: los cuerpos, esclavos ayer, se levantan y caminan juntos hacia la liberación”.

Además de la desnudez, las Femen utilizan otros símbolos que han causado polémicas a través de su corta historia, ya que muchos piensan que hay más acciones e imagen que discurso. Uno de éstos son las coronas de flores: “atributo de trajes tradicionales femeninos que sólo las mujeres ‘dignas’, es decir, vírgenes y no casadas, eran autorizadas a usar en Ucrania”, declaran. Un “símbolo patriarcal” que lo vuelven contra sí mismo y lo convierten en lo que ellas denominan “el emblema de la mujer combatiente, orgullosa, libre e insumisa”. Lo mismo en cuanto a la estética ultra girly en mini short: “Nuestras activistas se deslizan en el corsé que los hombres inventaron para someterlas y se sirven como un arma”.

A su llegada a Francia no había cuestionamientos, eran mimadas por diferentes asociaciones e intelectuales y la prensa les regalaba portadas; cuando aparecieron delante del domicilio del ex presidente del FMI todos aplaudían el coraje de las chicas. Hasta que comenzaron las controversias.

Las nuevas campanas de la iglesia de Notre Dame de París eran expuestas en la nave cuando sonaron de manera inesperada. Ocho militantes, senos desnudos como siempre, las golpeaban frenéticamente para celebrar la renuncia del Papa en 2013 y denunciar la homofobia de la Iglesia. La acción no fue bien recibida, llevando incluso al ex alcalde de París, el progresista Bertrand Delanoë, a denunciarlo como “un acto que caricaturiza el bello combate por la igualdad mujeres-hombres y choca inútilmente a numerosos creyentes”.

A mediados del mismo año, otro hecho complicó la imagen de las Femen. El documental Ucrania no es un burdel de la directora Kitty Green, quien siguió al movimiento durante un año, revelaba la existencia de un hombre que, según la autora, era la “eminencia gris” del grupo.

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Victor Svyatski había sido mencionado por el movimiento como un simple consejero. Pero Green, entrevistada por el diario inglés The Independent, relataba que es él quien realmente maneja los hilos: “Es él quien elige a las chicas, es él quien elige las más lindas, porque ellas venden más papel. Ellas consiguen las portadas y eso se convierte en su imagen, la manera en la que ellas venderán su marca”. Y para llegar a esos fines, dice Green, Svyatski “era terrible con las chicas”. Frente a lo que puede sonar como una desacreditación de las Femen, Inna Shevchenko quiso aclarar las cosas rápidamente en una tribuna publicada en el sitio del diario inglés The Guardian. “Sí, él participó en el movimiento (…), lo dirigió hace tiempo (…), pero no es el fundador”, precisó. Luego situó a Svyatski en el contexto del país en el cual las militantes fueron educadas: “Las Femen fueron fundadas por un grupo de estudiantes en una cultura en la que los hombres hablan y las mujeres escuchan; los hombres deciden y las mujeres aceptan (…) Cuando el movimiento se hizo conocido, él tomó el control del equipo. ¿Cómo puedo hacerlo? Porque él es un hombre”.

Pese a la controversia, las chicas continuaron sus operaciones. Apoyadas por otras organizaciones, tuvieron que soportar golpes cuando se presentaban en las manifestaciones de los ultracatólicos contra el matrimonio igualitario. Pero las acciones que atacaban la religión comenzaron a agotar, como cuando una de ellas irrumpió en diciembre de 2013 en la iglesia de La Madeleine con trozos de hígado de ternero que representaban el aborto del Niño Jesús. Era una forma de atacar la posición de la Iglesia Católica en el debate sobre el derecho al aborto en España. Este rechazo las llevó a explicar, en su último manifiesto, su punto de vista: “Lejos de atacarnos a la preciosa libertad de pensar, que defendemos con mucho vigor, combatimos todas las religiones en la medida que constituyen sistemáticamente modelos de sociedades competitivas y antidemocráticas, donde jerarquía y obediencia absoluta son las máximas”.

Gracias al 1º de mayo, los apoyos reaparecieron. Luego de que la presidenta del FN las calificó de “arpías obscenas”, fueron defendidas por la ministra de Educación, Najat Vallaud-Belkacem, quien dijo que las militantes “estaban en un balcón privado” y que sólo se estaban expresando. Para la historiadora del feminismo Françoise Picq, las Femen son apoyadas dependiendo de “a quien ataquen”. Recuerda que la clase política y otras asociaciones feministas habían juzgado “que ellas sobrepasaban los límites” luego de la última acción en la Iglesia. En esos días “se dijo que se equivocaban de blanco, que no se actúa en un país laico de la misma manera en que nos comportamos en un país en el que hace falta luchar contra la omnipotencia de la Iglesia (Ucrania)”, explica la historiadora.

Incomprendidas o no. Discurso vacío o no. Su forma de actuar tiene una razón de ser, según la filósofa Geneviève Fraisse: “La irrupción agresiva es una táctica feminista histórica, a la cual ellas suman la desnudez, una temática muy actual”. En todos lados “las mujeres luchan por tener el derecho de taparse o destaparse”, entonces no es ilógico, continúa, que las Femen “venidas de Ucrania, un país conocido por la trata de blancas, se apropien de esta cuestión”.

Tras el éxito de la acción del 1º de mayo, las Femen han sido contactadas por más de una veintena de chicas que se les quieren unir. Gracias a las nuevas reclutas, parece que veremos irrumpir a la Femen por un buen rato.