No le bastó con las fachadas en 3D, o la colección para Nike que estrenó en 2018, ni llevar su arte cinético a una comunidad de Liberia, ahora busca transformar espacios de música en vivo para convertirlos en hologramas cinéticos.

Busca en su teléfono móvil las imágenes del trabajo de  Matilde Pérez. Para un milennial como Felipe Pantone (27), famoso por sus murales cinéticos, la obra de esta reconocida creadora chilena, quien alcanzó notoriedad como una de las precursoras de este arte en Chile, claramente lo emociona. “No la conocía pero me gusta”, sostiene este argentino radicado en España, sin ocultar su cara, que para sus seguidores sigue siendo un misterio.

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“Mi trabajo habla lo suficientemente de mí; no necesito más protagonismo. Mi rostro, que lo tengo protegido, no dice nada de lo que represento”, comenta. Y en cierta medida es cierto: su obra cinética, de colores vivos, formas geométricas y elementos op-art, trascienden los límites entre el graffiti convencional, con un sello inconfundible.

“Me gusta lo abstracto porque invita a la interpretación, en cambio el arte figurativo ya viene digerido. Intento llamar de atención, llevar el pensamiento a un sitio específico, sobre todo en esta época que es cuando  más cambios se han dado en la historia de la humanidad, con la revolución digital tecnológica”, afirma este artista callejero. No le bastó con las fachadas en 3D, o la colección para Nike que estrenó en 2018, ni llevar su arte cinético a una comunidad de Liberia —el país africano donde casi el 70% de la población vive en la pobreza—, o haber diseñado la carátula del disco de The Voidz, la otra banda de Julian Casablancas. Su proyecto más reciente ha sido  transformar espacios de música en vivo para convertirlos en experiencias sensoriales visuales que harán que la música cobre vida a través de hologramas cinéticos. De ello  dio muestras en la pasada versión del Festival Primavera Fauna que lo tuvo de paso por Chile y la serie True Music Series de Ballantine’s, donde ha itinerado con su visión en ciudades como Moscú a Santiago, inspirado en la cultura underground.

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“Mi abuela opina que mi trabajo es una mierda; no lo soporta y dice que no podría tener un cuadro mío porque le resulta perturbador; para los milennial, en cambio, lo que yo hago es muy interesante. Este es un arte que representa muy bien los tiempos que corren”.

Imposible no buscar la comparación con otro artista callejero que hoy acapara el interés mundial y que también ha mantenido su identidad en un estructo anonimato: Banksy. “Me encanta que la gente no sepa pronunciar bien su nombre —dice corrigiendo—, no decirlo bien es igual a decir ‘que se joda’”, afirma dejando claro que el muralista no le cae nada bien.