Soy la prueba viviente de que una picadura de abeja no nos matará. Al menos de una, lo que las hace bastante inofensivas. Por eso no entiendo cuando en la mitad de un paseo campestre o incluso en una tarde de piscina, aparecen e inmediatamente alguien grita descontrolado “mátenlas, mátenlas”. Esa es una pésima decisión porque más que enemiga, las abejas resultan unas grandes aliadas para nuestro equilibrio ambiental, es más, forman parte de nuestra cadena alimenticia. Me refiero a algo que va mucho más allá de la producción de la miel y derivados, de los cuales ya hay toda una industria.

La abeja no es sólo esa lanceta que parece atacarnos sin piedad cuando estamos descalzos en el pasto, ese es un detalle que se sana en pocos días. Lo que parece que no se cura tan fácil es la disminución de su presencia a nivel mundial y su lenta desaparición, situación que tiene un gran impacto en nuestras vidas. Eso porque son grandes polinizadoras y como tal se encargan de transportar el polen entre las flores para fecundarlas, o sea para que den frutos. Y así ocurre con hortalizas y vegetales, entre otros.

Wp-bee-450

El problema es que estas incansables trabajadoras se han visto afectadas por las nuevas prácticas del mundo agrícola, como el uso de pesticidas o transgénicos, los que están reduciendo su número notoriamente. Tanto que ya incluso hay ONGS que se encargan de difundir el tema (www.ongplanbee.com). Los riesgos de la desaparición de estos laboriosos insectos se han visto en las plantaciones de distintos puntos del globo, llevando a prohibir el uso de ciertos químicos debido a que alteran el funcionamiento de las colmenas (nacen menos reinas) o definitivamente las liquidan a todas. Sólo como dato, 35% de las abejas se muere cada año en todo el mundo.

Al gran Albert Einstein se le atribuye la frase “si las abejas comenzaran a desaparecer, a la humanidad le quedarían pocos años de vida”.

Una vez más la responsabilidad está en nuestras manos, las abejas no son enemigas, hay que verlas como benefactoras que requieren de nuestro apoyo para su ya precaria sobrevivencia. También de la nuestra.

>Te podría interesar: Peligro en la colmena.

Comentarios

comentarios