Son las cuatro de la mañana y Thomas escucha la alarma de su celular. Ni Beyoncé puede animarlo a despertar y salir a enfrentar esa madrugada de menos 15˚C. Pero Thomas se viste de coraje, tres capas de ropa, chaqueta reforzada, pantalones térmicos y bototos industriales. Los va a necesitar en la mina de carbón donde trabaja hace unas semanas, cerca de un remoto pueblo minero de Columbia Británica, en Canadá.
Es fuerza y un objetivo puntual lo que lo empujan a caminar solo, por más de un kilómetro, contra el viento congelado de la madrugada: reencontrarse con su novio.

No hace muchos meses sus jornadas también empezaban al alba, pero el escenario era totalmente amigable. Cuando vivía en Vancouver, Thomas llegaba al café donde trabajaba, a media cuadra de su casa, que compartía con su pareja y dos amigas. Desde las 5:30 usando un característico mandil verde, preparaba espressos, cappuccinos, frapuccinos y otras cafeinadas delicias. Sus turnos terminaban al medio día, y como no estaba estudiando, le quedaba tiempo para ir a la exquisita playa English Bay, pasear por la Gay Village y otras actividades de esparcimiento.

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En Vancouver, una de las ciudades con el clima más agradable de la congelada Canadá, los ciudadanos se comportan como verdaderos turistas durante el verano. El de 2013 pareció eterno para Thomas, disfrutó de festivales, fuegos artificiales y otras atracciones junto a su pololo y amigos.

Pero los días de sol acabaron y de vuelta en la mina de carbón, Thomas está en calidad de part-time, sin turnos fijos. Piensa sobre su situación y, sabe que por un lado necesita que haya un puesto disponible para poder ganar los $200 dólares canadienses que se pagan por turno, pero al mismo tiempo, no le gusta nada ese ambiente laboral sucio, oscuro, en que termina cansado y manchado de hollín, y en el que se ve forzado a ocultar su homosexualidad.

Thomas confiesa que lo más difícil es trabajar con la gente de allí, pues la mayoría de ellos están de muy mal humor y son rudos. “Mantener mi sexualidad en secreto me añade un montón de estrés, lo cual es difícil cuando tienes a la persona que amas en tu mente durante la mayor parte de los turnos”.

Si bien el matrimonio igualitario se aprobó en todas las provincias de Canadá hace nueve años, ser gay no es socialmente aceptado en localidades rurales o en los remotos pueblos mineros. La discriminación es marcada en ciertos lugares… Mientras que en las calles de Vancouver, Thomas pasea de la mano con su pololo y a nadie le importa.

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El estilo de vida en la mina es complejo para todos. Los mineros, muchas veces hombres jóvenes sin familia que trabajan una o dos temporadas, pasan la mayor parte del tiempo pensando en el día de salir o en qué gastarán su próximo cheque. Los pocos lugares para entretenerse son bares, donde el whisky se toma como agua. Muchos tienen problemas con el alcohol y las drogas, situación por la que se han tomado medidas específicas. De vez en cuando se realizan pruebas de orina al azar, para asegurarse de que nadie consuma sustancias ilícitas 12 horas antes de un turno.
Estos hombres renuncian a vida social, a divertirse, incluso a un clima saludable.

¿Y por qué son tantos los jóvenes que optan por este estilo de vida? Es una atractiva manera de ganar $100.000 dólares canadienses al año sin ningún tipo de estudios, mientras que el salario mínimo anual en el país del norte bordea los $20.000 dólares canadienses. Motivo principal por el que Thomas cambió su delantal verde del café por pantalones térmicos en una solitaria, sucia y fría mina de carbón.

Después del verano que Thomas y su pololo vivieron en Vancouver, se separaron. Él tuvo que irse de Canadá y decidieron reencontrarse y estudiar en la Universidad. El objetivo sería otro país donde ambos pudieran ir a estudiar, ahorrar y planificar una vida en pareja sin prejuicio social alguno.

Thomas dice que este cambio radical no es sólo una locura de amor. “Cuando sales de tu comfort zone, y te atreves a hacer cosas que nunca pensaste que harías, tu vida llega a su máximo potencial. No quiero ser viejo el día de mañana y mirar hacia atrás y pensar que me faltaron cosas por hacer y riesgos por tomar”, cuenta el minero enamorado.

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