Ayer, mientras los fanáticos de la realeza británica esperaban fuera del Hospital de Saint Mary que la duquesa de Cambridge apareciera para dar a luz, ella conducía su Range Rover por las calles de Londres llevando a su hijo George y a su nanny, Maria Teresa Turrión Borrallo, a la habitual lección de natación del pequeño. Aunque los medios dicen que el parto deberá ser inducido, la duquesa parece seguir con su vida normal celebrando hoy en privado junto a su marido el cuarto aniversario de matrimonio. Hoy, un hecho indicó que tal vez quedan varios días de espera para la llegada de esta guagua real. De hecho, la prohibición de estacionar en la cuadra donde está la entrada al hospital desde donde será internada Kate, ha sido extendida por la municipalidad de Westminster hasta el 5 de mayo pues expiraba mañana 30 de abril. Sería un claro indicio, aunque las suposiciones sólo estarán plenamente confirmadas cuando Buckingham o Kensington Palace entreguen un comunicado oficial. 

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El parto de Kate sólo será inducido si es que no diera señales dentro de esta semana.

Otro indicio de que la espera se ha alargado más de lo presupuestado es que el tío Harry no estará para el nacimiento de su sobrino (a) pues viajó hoy a Australia por un mes a cumplir con algunos deberes reales. 

Los leales fans que han acampado por mas de una semana frente al hospital recibieron una agradable sorpresa ayer cuando un repartidor llego con unos paquetitos con croissants para el desayuno. Un detalle: los paquetes enviados por William y Kate, iban envueltos en cinta rosada, lo que para algunos suspicaces podría ser una indirecta sobre el sexo de la criatura.

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Los fieles de los duques de Cambridge aún son los únicos frente a la entrada del hospital; la prensa sólo se hará presente cuando Kate llegue a dar a luz.

La real espera sigue su curso.