A lo largo de mi vida de reportera he tenido la oportunidad de conocer en profundidad el mundo de las joyas, especialmente, de la alta joyería. Mis ojos han soñado con muchos quilates de diamantes, rubíes, esmeraldas, zafiros y otras gemas nobles y hermosas.

Las perlas me siguen enamorando y el trabajo de los orfebres en oro en sus diversas variedades y otros metales finos realmente me embelesa. He alucinado con colecciones de Chanel, Cartier, Chopard y Chaumet, por mencionar algunas, y probarme algunas de sus piezas ha sido entrar en éxtasis. También he podido observar de cerca piezas de colecciones de algunas Casas Reales y ¿qué puedo decir? Simplemente, me apasionan.

Todavía no me compro una pieza de alta joyería y las que tengo han sido regalos y recuerdos de momentos importantes en mi vida. Mis 15 años, algunos regalos especiales de mi madre, la pedida de mano, el día en que me casé con el vikingo, más algunas sorpresas que él me ha dado en nuestros casi 20 años de matrimonio. Todos esos momentos han sido marcados con una joya que tiene además un valor sentimental único y trascendente.

Así las cosas, me encantó la invitación que recibí para disfrutar de algunas piezas de las colecciones de Tiffany. Sí, la misma tienda donde mi admirada Audrey Hepburn interpretando a Holly Golightly soñaba con desayunar y tener una de sus icónicas “cajitas azules”.

Hace unos años descubrí en Nueva York la colección Tiffany T –“¡la inicial de mi nombre, Tatiana!”, creada por Francesca Amfitheatrof, y me encantó su minimalismo y esa sofisticada simplicidad que la hace tan elegante y moderna. De la misma manera me deslumbra la colección delicada y atemporal que creó Paloma Picasso bajo del nombre de “Paloma’s Olive Leafs” y su brazalete ancho y sólido, creado con pequeñas hojitas de olivo unidas delicadamente, es una de las piezas que más me hace soñar. Y ¡oh, sorpresa! esta vez me sorprendí con Paper Flowers, la primera colección de su nuevo director creativo, Reed Krakoff. Inspirado en una acuarela de los archivos de la marca, de 1881, creó una serie de joyas trabajadas en platino, tanzanitas, zafiros, diamantes amarillos y otras piedras preciosas, que sin duda pasará a ser una colección permanente de la casa de la 5ª. Avenida neoyorkina.

Yo, que como ya les he contado, tengo un talento ínfimo para las manualidades, puedo pasar horas, cuando tengo la oportunidad, mirando trabajar a los orfebres capaces de inspirarse y transformar una gema o un trozo de metal, en una pequeña pieza de arte. Cómo son capaces de combinar formas y colores y crear objetos de deseo, es un talento que siempre de deslumbra y me seduce. Y, créanme, me emociona tanto ver la delicadeza de su trabajo como probarme el resultado que sale de sus manos… me siento, una vez más, como una privilegiada espectadora de un trabajo de lujo.

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