Todavía no terminaba septiembre y 25 amigos de CARAS recibían la invitación al primer OFF CARAS-MIRAMAR. Tres días de conversación, fiesta y descanso en el más insigne de los hoteles viñamarinos. El buen clima acompañó este encuentro que tuvo como fin compartir el espíritu de la revista con sus lectores.

Tras la bienvenida de la directora de la revista y del gerente general del Hotel Miramar, Patricio Carvallo, los invitados pasaron a los salones principales para brindar con champán. Luego, comida en el restorán Travesía —a cargo del chef Patricio Castro— que se lució con sus preparaciones de pescados y vegetales frescos en el salón Arturo Prat, con vista privilegiada a Viña del Mar y Concón.

Todavía no llegaban los platos de fondo y la conversación en la gran mesa ovalada se convirtió en fiesta de curso. Cada uno debía presentarse. Primero nombre y después contar alguna otra gracia. La mayoría ya se conocía: un buen inicio para comenzar la complicidad de un grupo dispuesto a sacarle trote a un soleado fin de semana.

Antes de que cada uno partiera a alguna de las 142 habitaciones del hotel, la mayoría con vista oceánica, se entregaban las instrucciones de lo que vendría en los días consecutivos. Los que querían conversación y celebrar con un destilado en la barra podían quedarse en el Farewell, el bar viñamarino con más etiquetas de vinos y espumantes de la zona. Música en vivo y clásicos del rock frente al enorme mural pintado por Gonzalo Ilabaca que, en el fondo de la barra, agrega un carácter porteño. Evidentemente, todos querían ir a Valparaíso en los días siguientes: pasear, tomar fotos o ir en busca de algún tesoro en una feria o casa de antigüedades.

Al día siguiente y después del desayuno, el lugar de encuentro fue la piscina con vista al mar y al cerro Castillo. En el spa del mismo hotel, nutrida oferta de masajes, desde los clásicos de relajación a otros en base a plantas y flores para desintoxicar y elevar el espíritu. Nadie se los perdió. Aunque los más ‘fitness’ se dedicaron a trotar en el gimnasio, o se escaparon a correr hasta Reñaca, como la imbatible dupla Palacios-Slater.

El almuerzo fue en la terraza, pero antes una selección de antipastos y champán. No había que perder mucho tiempo. En un par de horas, las mujeres debían regresar al bar Farewell para una sesión de maquillaje y consejos de belleza con lo nuevo de Guerlain. De regalo, el último serum de la línea.

Los hombres tuvieron lo suyo. Pasaron al restorán Travesía para conocer las nuevas botellas que viña Matetic produce en los valles de Casablanca, San Antonio y alrededores. Además de los vinos, ellos también recibieron la última fragancia masculina Guerlain.

Antes de que se fuera el sol, el viaje nuevamente se transformó en paseo de curso. Y todos a una van con rumbo a Valparaíso.

La primera parada fue en el cerro Concepción, específicamente en el Paseo de los Doce Asientos, justo en el punto donde confluyen las tres iglesias que trajeron los inmigrantes al puerto: luterana, anglicana y católica.

A la media hora, Bertrand Coustou y Nancy Arancibia, de Galería Utópica, eran nuestros anfitriones para un vernissage con una selección de los mejores artistas porteños que ellos representan: Loro Coirón, Beto Martínez, Eduardo Mena y Gonzalo Ilabaca, quien llegó hasta la sala para compartir con el grupo.

La noche prosiguió con caminata porteña por la plaza del ascensor Reina Victoria y luego cuesta abajo por la avenida Almirante Montt y sus casas palaciegas. En Plaza Aníbal Pinto, justo frente al antiguo café Riquet, se emprendió el regreso hasta el hotel Sheraton para una comida formal. Hubo de todo: momentos emotivos, humor sin censura y conversaciones de largo aliento. Pero lo que más desordenó a los invitados -sobre todo a las mujeres- fue la cercanía de La Roja, equipo que se concentraba esa noche en el hotel. Al día siguiente, enfrentaba a la selección peruana en el estadio de Playa Ancha.

Claudio Bravo, el arquero, fue el más paciente. Se tomó fotos con todas las convocadas de nuestro CARAS OFF y tuvo que escuchar los consejos de Pichita Piñera que le decía cómo atrapar los tiros en el amistoso que se venía. Tuvo razón Pichita y, al parecer, el encuentro con la revista trajo buena suerte. Un contundente 3-0 coronó la jornada.

El último almuerzo, el de despedida, fue de balances y de buenos augurios. Todos comentaban sus próximos destinos vacacionales y también dejaban sus impresiones de cómo imaginaban CARAS en los meses venideros. Qué leer, a quiénes ver, dónde poner el ojo y el acento. Entre tonos bronceados y ánimo playero, llegó el momento de los abrazos, los ‘hasta pronto’ y obviamente la promesa de que vendrán más CARAS OFF, porque si existe un espíritu inclaudicable de nuestra revista es que, cerca del mar, siempre habrá horizonte.

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