Es increíble lo dispuestas que estamos y lo fácil que es para las mujeres cambiar el look así sea de por vida o solo durante una temporada. A veces pareciera que vivimos en una eterna búsqueda del estilo apropiado… ¡Si les contara la cantidad de veces que pasé por la peluquería mientras viví en Chile y en Corea! Todo cambió cuando llegué a Dinamarca, por dos razones: después de 16 años aquí todavía no encuentro un estilista que me deje conforme y supongo que con los años he logrado estar en paz conmigo y mi espejo.

Es que suele suceder: vivimos queriendo lo que no tenemos. Unas cuantas crespas quieren tener el pelo liso y viceversa. Muchos quieren unos centímetros más de estatura y unos kilitos menos en la cintura, aun cuando otros quisieran ser un poco más bajos o tener unas curvas más en la silueta.

Reconozco que no tengo el atrevimiento de tomar el riesgo radical de Norma Jean Baker transformándose en la platinada Marilyn Monroe o de otras tantas que hacen el viaje inverso, como Dita von Teese, que de rubia natural ha pasado al muy sexy negro azabache.

Estoy agradecida con los laboratorios que me dan la cuota de variación que necesito para mi castaño ―ahora con canas―, con unas discretas mechas un tono más claro. Pero básicamente, sigo morena y me gusta este look entre tanta blanquita. Es más, aunque más de algún peluquero me ha dicho que el rubio suaviza los rasgos e ilumina el rostro, la verdad es que creo no tener la “actitud” de rubia, ni la vocación camaleónica de otras féminas.

La última vez que estuve en Chile me llamó la atención el comentario que escuché de un simpático escolar que se refería a una amiga como “rubia de farmacia”. Me dio risa. Y puse un poco más de atención la cantidad de las rubias con pasado moreno y llegué a la conclusión de que había casi más que en el reino vikingo.

Eso me recordó el día que mi amiga danesa, Line, blonda angelical de ojos azul cielo y piel blanca casi transparente, llegó a la puerta de casa con el pelo en versión negro azabache y me tomó unos segundos reconocerla, tras la drástica decisión. ¿Ella, la del cabello de “Cenicienta”, en versión “Blancanieves”? Y, créame, no es la única; con bastante frecuencia te encuentras aquí con las “morenas de farmacia”.

Como sea, veo que los “experimentos” JAMÁS pasan de moda y se repiten en todos los rincones del planeta y aunque la experiencia ha demostrado que probablemente “las rubias se divierten más”, como canta Rod Stewart, he visto también que una morenaza puede ser igualmente sexy y enloquecer de vikingos a latinos.

En Escandinavia, naturalmente las morenas llaman la atención probablemente por un tema de “escasez” natural ―aunque eso está cambiando con el tema de los migrantes― y seguramente también a causa de la publicidad, las leyendas urbanas y los estereotipos propagados por Hollywood. A los morochos en el hemisferio norte se nos atribuyen características de sensualidad, calidez y una buena performance bajo las sábanas, así como en Latinoamérica el rubio puede reforzar la imagen sexy y tener una connotación “social”.

En fin, por la razón que sea… ¿Están ustedes listas para dar el paso del cambio radical? Yo, de momento, paso… ¡aunque nunca se saben las ideas drásticas que pueden pasarte por la cabeza una mañana cualquiera!

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