De que Chile ha cambiado, no hay duda. Veamos los últimos 27 años. Era 1988 y el país estaba a cinco meses del Plebiscito que terminaría en las urnas con casi 17 años de dictadura. El primer número de CARAS salía a quioscos el 4 de mayo y, una semana antes, para su fiesta de lanzamiento en una antigua casona del barrio El Golf se encontraban presentes figuras relevantes de la época, como Ricardo Lagos Escobar. Habían pasado unas pocas horas desde que, levantando su dedo acusador, el entonces dirigente del PPD desafiara a Pinochet en el programa político De cara al país de Canal 13, diciendo: “Hablo por 15 años de silencio”. También estaban la periodista Raquel Correa, su entrevistadora en aquel espacio televisivo, y otras figuras políticas y sociales, como el abogado Francisco Javier Cuadra, ministro secretario general del régimen militar hasta un año antes. 

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Los celulares recién llegaban a Chile (aunque pesaban casi 800 gramos y tenían una batería que hacía imposible llevarlos en el bolsillo), los PC prácticamente no existían en los hogares y menos la televisión por cable. La libertad política seguía restringida y el libremercado gobernaba con más fuerza que nunca nuestra economía; a nadie se le ocurría protestar por cobros abusivos y el lucro estaba lejos de convertirse en una mala palabra. 

Eramos una sociedad tradicional, donde había sólo una forma correcta de vivir; era una excentricidad hablar —al menos públicamente— de uniones civiles para regular las relaciones de las parejas, incluidas las del mismo sexo. El único actor relevante era el mercado. Y si en ese entonces las fuentes de información eran exclusivamente los canales de TV abierta, la radio y la prensa escrita, hoy las redes sociales se han convertido en una importante vía de expresión y comunicación de noticias. 

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“La clave para entender lo que pasó en los últimos 27 años es que dejamos de ser un país de pobres y pasamos a ser de clase media. Somos un Chile del cual ya todos se sienten parte; el 86% se identifica como de clase media”, sostiene Roberto Izikson, gerente de asuntos públicos y comunicaciones de Cadem Plaza Pública, empresa que realizó una encuesta para, en el marco de nuestra celebración aniversario, proyectar cómo ven los chilenos los siguientes 27 años. Según este experto, Chile está terminando un ciclo y se proyecta con uno nuevo, que no está libre de amenazas, con la desigualdad, el abuso y la desconfianza, como los mayores retos. “Esto es algo que se viene mostrando desde hace un tiempo en nuestros sondeos y que se confirma en esta investigación. El desafío de este gobierno es encontrar la manera de revertirlo”, dice Izikson.

“Imagine por un segundo a Chile en 27 años más. ¿Usted cree que nuestro país habrá alcanzado las siguientes metas?”. Esa fue la pregunta que Cadem dirigió a un total de 708 entrevistados. Como resultado, buena parte confía en que aumentará la participación de las mujeres en el mundo político y de la empresa (83%); que habrá una nueva Constitución (65%), una educación de calidad para todos (54%) y que tendremos un mejor transporte público (51%). 

Pero hasta ahí llega el optimismo. Las miradas se tiñen de negatividad al proyectar a Chile en otros aspectos igualmente importantes: la mitad de los encuestados no cree que lleguemos a ser un país desarrollado (50%) en tres décadas; tampoco hay confianza de que vayamos a contar con un buen sistema de salud (52%), ni que el mérito o esfuerzo personal se vuelva más relevante que el pituto (54%). 

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Llama la atención que, si el país ha crecido durante las últimas décadas, no existe fe de que en el futuro habremos reducido la desigualdad (62%) ni en que se habrá solucionado el conflicto mapuche (67%). 

Y tal parece que los casos que hoy acaparan titulares, los abusos empresariales o las causas que hoy persigue la fiscalía como Penta, SQM y Caval han tenido impacto de los encuestados. Una importante proporción duda de que en los próximos 27 años se recobrará la confianza en los empresarios (66%); tampoco creen en que se termine con la corrupción (75%) o que Chile le habrá ganado a la delincuencia y al narcotráfico (77%); la confianza en los políticos tampoco habrá repuntado según los encuestados (77%) y, peor, ni siquiera mantienen esperanzas en que se habrá eliminado la pobreza (79%).

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A la hora de hablar de futuros presidentes, no hay duda de que nuevamente podría ser una mujer (86%), alguien de origen pobre (66%) o una persona menor de 40 años (61%). Aun así, existe una percepción generalizada de que hay ciertos liderazgos que no tendrán opción de llegar a La Moneda: pocas creen que un evangélico pueda dirigir los destinos del país (48%), lo mismo que un mapuche (46%), un militante comunista (42%), un judío (40%) o un homosexual (37%). 

¿Cuánto cambiará realmente Chile en los próximos 27 años? La respuesta todavía flota en el aire.