“No es fácil ser mapuche en Chile”, comento a un amigo mientras nos aburrimos en la fila del banco en Temuco. Lo digo y una señora a nuestro lado salta al ruedo de inmediato. “¿Qué dice joven? ¿Usted es mapuche? pero si les dan de todo a ustedes; becas, subsidios, tierras, animales, de todo”, se queja. “Y que yo sepa muchos no le trabajan un día a nadie”, agrega reforzando lo anterior.

Otro señor, en la fila del lado, hace también su aporte al debate interétnico. “Joven, si dejaran de andar quemando cosas nadie hablaría mal de ustedes. ¡Córtenla con andar de víctimas por la vida, que blancas palomas no son!”, me dice. Y varios que escuchan el intercambio asienten. Menos una. “Señor, tenga más respeto con el joven, que toda esta tierra era de ellos y somos nosotros los que se la robamos. ¡Un mínimo de vergüenza por Dios!”, interviene una joven desde atrás, estudiante uno supone por sus libros. “¿Me está acusando de ladrón, señorita?”, responde el aludido subiendo la voz. “No caballero, solo me preocupa que sea tan ignorante”, responde ella. Intervengo. “Ok, es súper fácil ser mapuche en Chile, tranquilos todos”, les digo, sonriendo y buscando dar por finalizada la Guerra de Arauco.

Es innegable que Chile y los chilenos tienen temas pendientes con nosotros, los mapuches. Y nosotros con ustedes. Si, soy mapuche y periodista. También escritor, columnista de medios y gestor de una empresa de comunicaciones, cosa rara si, atendiendo al comentario de la señora en el banco, muchos de nosotros “no le trabajamos un día a nadie”. Este es quizás uno de los prejuicios más extendidos sobre los mapuche entre los chilenos. El mapuche flojo. Y borracho. Y traicionero.

Fue Benjamín Vicuña Mackenna, el insigne historiador y parlamentario chileno de mediados del siglo XIX, quién propagó el rumor en tiempos en que se debatía sobre lo conveniente o no de ocupar La Araucanía. Lo hizo en el Congreso y en sus columnas en los diarios. Pocos chilenos lo saben -en Europa se dice que son bastante incultos y ladrones, que mal hablados son los europeos- pero hasta fines del siglo XIX lo que Chile tenía con los mapuches no eran conflictos de tierras o camiones quemados. Eran relaciones diplomáticas y acuerdos comerciales. De Estado a Estado. Tapihue, en 1825, fue el último de los grandes Parlamentos. Incluía hasta cláusulas de extradición. ¿No lo sabían?

Wp-curalaba-450

La historia, se dice comúnmente, la escriben los vencedores. Sucede desde que el mundo es mundo. Sin embargo, mi abuelo Alberto era un viejo muy re porfiado. Si, los mapuche somos porfiados. La mayoría y en ellos me incluyo. Y es que porfiada es la memoria. Y mi abuelo si algo tenía desarrollada era la porfía. Es decir, la memoria. Gustaba contarnos infinidad de relatos cuando chicos. La historia nuestra, la mapuche, plagada de héroes, batallas, mitos y leyendas. Era como conversar con Peter Jackson, o con George Lucas. Nos hablaba de Leftraru, de Kalfulikan, de Pelantraru y de Lientur, los cuatro grandes libertadores de Arauco que derrotaron al mayor imperio colonial de su tiempo. Él nos relató mil veces la “Victoria de Curalaba”. En cada oportunidad de forma diferente, pero el final siempre era el mismo; un épico triunfo mapuche.

Más tarde, en la escuela, el profesor me hablaba del “Desastre de Curalaba”. Y me hacía memorizarlo. Yo poco y nada entendía. En las pruebas no sabía que responder. Si los mapuche ganamos, ¿por qué el profesor dale con lo del desastre?, me preguntaba siempre.

Pienso en todo ello mientras la fila del banco avanza y bastante lento. A ratos es un mundo el que nos separa a mapuches y chilenos. Trataremos de usar este espacio para acortar esa brecha, que sobre todo es cultural. Sí, es cierto, hay mapuches borrachos. También los hay chilenos del mismo tipo y se viene septiembre así que mejor no hablar de ciertas cosas. Mapuches flojos también los hay. Y porfiados, por cierto, yo uno de ellos.

No somos una sociedad perfecta. Muchas cosas tenemos de las cuales sentirnos orgullosos y otras tantas por las cuales sentir vergüenza. Así son todos los pueblos, las naciones y sus culturas. Por lo mismo, a menos que sean piezas de museo, siempre están en constante cambio, evolución. Sucede también con los chilenos y su cultura. Yo, por una curiosidad que tengo desde chico, soy bastante admirador de culturas ajenas a la mía. Esa curiosidad con los años se transformó en un hambre intelectual. Por ello soy periodista. Y escribo. Para tender puentes. En lo mapuche los chilenos tienen un bello mundo por descubrir. ¿Y si nos damos esa oportunidad? ¿Y si más que discutir nos unimos frente a problemas comunes? Al menos lograríamos que nos pongan otro cajero. Digo yo.

Comentarios

comentarios