¿Les comenté alguna vez cuánto me gustan el sol y el calor? Imagínense lo que son las vueltas de la vida que la amante del sol ha terminado en la muy bella y bastante fría Escandinavia. Antes de que las mini-vikingas entraran al colegio, intentábamos irnos a Chile de diciembre a marzo-abril y era magnífico. Pero no soy la única que intenta escapar del frío, los propios vikingos intentan capear los inviernos y emigran al sur tal como las aves.

Mis suegros, ya jubilados, rara vez salen de vacaciones en los meses de verano (junio a agosto) sino que usan ese tiempo para planear hacia dónde se extenderán las alas una vez que el otoño se termine y las bajas temperaturas y la nieve se asomen.

Con los años he comenzado a entender el dicho “no existe el mal clima, sino solo la ropa inapropiada” y he comenzado a encontrarle gracia y belleza al invierno. Pero mientras mi periplo personal me ha traído este camino, los vikingos locales organizan cada invierno sus escapadas a las montañas para esquiar algunos y una gran mayoría hacia destinos calurosos.

Tailandia es un destino fijo para enero o febrero. También lo son las Islas Canarias, Marrakech, Dubai, La Habana o Punta Cana y, también entre las alternativas, Chile. Cada año después del verano europeo, con frecuencia me llegan correos electrónicos de mis amigos daneses preguntando por tips y pidiéndome una lista de palabras en castellano para “situaciones de emergencia” mientras planean sus propios “descubrimiento de América”.

La gracia de viajar a disfrutar el verano en otras latitudes es que, desgraciadamente, la época estival danesa tiene entre sus principales características la inestabilidad. Así es. Después de una vida en que para mí el verano significaba días sucesivos de sol, calor y bronceados en la playa, aquí he aprendido que la llegada del verano no necesariamente significa hacer un orden del armario para cambiar la ropa de temporada. Antes de que el cambio climático se hiciera presente con sus consecuencias, los vikingos recordaban los años pasados dando como referencia “el año en que no paró de llover en el verano” o “ese año que tuvimos días malos y días peores”. Aquí no necesariamente un día de verano sigue al otro… sólo si tienes suerte!

Por eso aunque el invierno está llegando cada vez más tarde y las temperaturas han comenzado a elevarse, casi por hábito y costumbre los vikingos sueñan y se escapan tan pronto como pueden a los puntos del planeta que les aseguran las dosis necesarias de vitamina D. Es como si el reloj interno comenzara a hacer sonar sus alarmas diciendo “este año no has tenido la cantidad de luz y sol necesarias… es hora de partir”; a veces casi pareciera instintivo.

Y como los nórdicos son muy responsables y conscientes sobre los temas de salud y bienestar, tal como en Chile, diciembre y enero son meses en que las ventas de los bloqueadores solares aumentan. Cuando arman sus maletas van bien aperados con bloqueadores, sombreros y son muy aplicados en aquello de no exponerse al sol a mitad del día y aplicarse los bloqueadores repetidas veces, especialmente si han estado en el agua.

Mi corazón y mi mente, sin embargo, intentan ajustarse al modo “verano” –aunque el termómetro diga -8 grados C- gracias a las fotos de Facebook que postean mis amigos del hemisferio sur, y me encanta ver regresar a los vikingos en marzo, algunos con ese dorado de playa con el que yo sueño todo el año. Por ahora solo me queda decir “felices vacaciones” a quienes están ya disfrutándolas y, por favor, no olviden tomar las precauciones necesarias para proteger la piel del sol.

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