“¿Quién es Ellie Wintour?” Titulaban los medios de comunicación internacionales tras la portada de la edición de septiembre de Tatler —artículo obligado en la mesa de la clase alta británica—, aunque la respuesta saltaba a la vista. “¡Es la sobrina de Anna Wintour!”, agregaban en seguida como una constatación de que compartir apellido con una de las mujeres más influyentes del mundo editorial y de la industria de la moda no alcanza a ser coincidencia en este planeta. 

La veinteañera it girl —que ya contaba con varias apariciones públicas junto a su tía— había hecho fotos antes para la marca inglesa Burberry, pero no fue hasta que la revista más pomposa de Londres ensalzara su rostro, tal como hizo con Madonna y la mismísima Diana de Gales en otras ediciones del pasado, que todas las miradas de la prensa acabaron posándose en su imagen incipiente.

Lejos de la bullada fama, en su cuenta de Instagram abundan las exposiciones artísticas organizadas en el MET, los caballos y las vacaciones paradisíacas que parecen eternas, no así tanto los desfiles de moda o las fotografías de estudio que nunca han sido parte de sus planes como aspirante a la escuela de Bellas Artes.

Sin embargo, era cuestión de tiempo para que el peso de su apellido terminara por trazarle un camino hacia las letras y la moda.

La joven Wintour lleva dos años estudiando Filología Inglesa en York University, siguiendo indiscutidamente la influencia humanista de Charles Wintour, su abuelo y quien fuera un famoso redactor de periódico, y de Patrick, su padre y también el renombrado periodista hermano de Anna, por lo que una carrera en el universo editorial no suena nada descabellada para su futuro.

interna-ellie

Por otro lado, a pesar de haber rechazado una carrera de modelaje a tiempo completo para no perjudicar su vida de estudiante, la química que tiene con los flashes resulta evidente y por eso no dudó en aparecer vestida de pies a cabeza con elegantes colecciones de Dior, Chanel, Louis Vuitton, Prada y Fendi en su primera publicación importante.

Tampoco se muestra reticente a aparecer tomada del brazo de su icónica tía en los desfiles de moda más importantes de cada temporada.

Irremediablemente la imagen de ambas sentadas juntas ante un espectáculo de Burberry Spring Summer o en la premier de Harry Potter es para muchos la evidencia más clara de que Ellie está condenada —o bendecida— a seguir los pasos de Anna y que además podrá hacerlo en la absoluta comodidad del seno de una de las familias más célebres del mundo.

Pero mientras los medios cuentan los años para honrar su imagen como la digna descendiente de la editora de Vogue US, lo cierto es que Ellie se está tomando el asunto con calma antes de escoger un destino definitivo. 

Contrario a lo que todos puedan pensar, aunque la sangre Wintour —que se ha convertido casi en un sinónimo de pertenecer a la realeza— corra naturalmente por sus venas, la oriunda de Dalston no está buscando tomar la corona y sentarse en el trono del éxito como si fuera un pez al que se lo lleva la corriente.

De momento su vida permanecerá en el bajo perfil e íntegramente encauzada a disfrutar del tocino y los bagels —sus bocados favoritos—, completar sus estudios, afinar su ojo crítico en cuanta exposición de arte exista en Europa y perfeccionar todavía más sus dotes con el lenguaje de señas, uno de los tantos intereses que cultiva. 

Y mientras su tiempo libre se pierde entre prácticas de piano, canto y equitación únicamente interrumpidos por viajes desde Londres a Nueva York para las reuniones familiares, su linaje de éxito deberá seguir esperando antes de responder el llamado para convertirla en una celebridad, tal como está escrito en las letras de su apellido.