70 mil cada año. Un Estadio Nacional repleto de mujeres que abortaron o abortarán este 2013. El aborto clandestino —no existe ninguna forma de aborto legal en Chile— es práctica habitual. Mayoritariamente son jóvenes entre 18 y 30 años, que se exponen a situaciones de riesgo para su vida y su integridad física y moral.

El aborto clandestino —no existe ninguna forma de aborto legal en Chile— es práctica habitual.

La Universidad Diego Portales, en su último informe sobre derechos humanos, muestra las prácticas del aborto en Chile y como la clandestinidad propicia que muchas vean vulnerados sus derechos humanos.

Las 40 entrevistadas hablan de lo mismo: del miedo a morir, a desangrarse, a no despertar de la sedación, a quedar dañadas y no poder tener nunca más hijos, a ser perseguidas penalmente. Debido a la ilegalidad y a la condena social, muchas veces enfrentan el proceso de aborto en soledad y abandono. Varias han sido inducidas por sus madres, que después imponen la ley del silencio. Nunca pasó lo que pasó.

En abortos que se complican y llegan a los hospitales, las mujeres se exponen a maltrato, interrogatorios, amenazas de denuncia. Tratamiento degradante al cual las con recursos financieros no están necesariamente expuestas: viajan fuera de Chile o consiguen una atención segura en un centro privado. La persecución penal también es selectiva: recae en las más pobres. En aquellas solas y vulnerables, que no pocas veces quedan en manos de defensores que las castigan sicológica y moralmente.

¿Y qué hace la sociedad por aquellas madres en cuyo interior se gestan fetos con malformaciones que morirán al nacer o cuyos embarazos son productos de una violación, muchas veces de su padre o de su hermano? Poco y nada. Como si la negación y el silencio socialmente pactado pudieran hacer desaparecer el problema. Y el dolor.

En Chile existió la posibilidad del aborto terapéutico por más de 50 años.

En Chile existió la posibilidad del aborto terapéutico por más de 50 años. Meses antes de volver a la democracia, en 1989, se eliminó. Hoy cinco países latinoamericanos, entre ellos Chile, no lo permiten (Los otros son: República Dominicana, El Salvador, Nicaragua y Honduras). Malta Y el Vaticano son los otros dos únicos Estados del resto del mundo que se nos suman.
Creo que es una simplificación hablar de ‘mujeres pro vida’ o ‘pro aborto’, como si circularan por las veredas de los buenos y los malos. Una mujer que finalmente toma la dolorosa decisión de abortar no está contra la vida; probablemente sí contra una carga que siente que tendrá consecuencias devastadoras para ella y para ese hijo que nunca eligió tener.