Por tres días al año, los mandamases del mundo dejan sus agendas en blanco. Y no para descansar sino para reunirse, en algún lugar de Europa o Norteamérica, lejos de reporteros (la primera regla del Club Bilderberg es que nadie puede hablar de él) y tomar decisiones sobre todos nosotros…

Este 2010, entre el 3 y 6 de junio, están en la localidad catalana de Sitges. Allí, unas 130 personalidades —reyes, ex y futuros gobernantes, banqueros, representantes de instituciones mundiales, industriales, militares y dueños de medios de comunicación—, analizan la situaste fin de semana sesionan en España y, tal vez, decidan algo que cambiará nuestra historia… Al Bilderberg lo acusan de conspirar y precipitar la guerra contra Irak e influir sobre tasas de interés y precio del petróleo… También, de levantar liderazgos políticos.

¿Sus enemigos? Rusia y China. Por tres días al año, los mandamases del mundo dejan sus agendas en blanco. Y no para descansar sino para reunirse, en algún lugar de Europa o Norteamérica, lejos de reporteros (la primera regla del Club Bilderberg es que nadie puede hablar de él) y tomar decisiones sobre todos nosotros… Este 2010, entre el 3 y 6 de junio, están en la localidad catalana de Sitges. Allí, unas 130 personalidades —reyes, ex y futuros gobernantes, banqueros, representantes de instituciones mundiales, industriales, militares y dueños de medios de comunicación—, analizan la situación del globo y acuerdan medidas. Es como el foro anual en Davos, Suiza, pero misterioso.

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En 2009 se hizo en Grecia. “Y que las dos últimas citas se hayan hecho en dos países que pasan por una delicada situación financiera es sólo coincidencia”, anticipa el periodista ruso-canadiense Daniel Estulin, autor de La historia definitiva del Club Bilderberg. Y el investigador estadounidense James Tucker afirma que este cónclave apostará por la prolongación de la crisis internacional, a fin de tener pretexto para una mayor regulación en favor de un gobierno económico global. Y ojo, Estulin y Tucker saben de que hablan: en 2008 predijeron la crisis inmobiliaria, el colapso financiero y la caída del precio del petróleo, gracias a información que les filtraron algunos integrantes del Bilderberg.

Cristina Martín —periodista española autora de El Club Bilderberg—, define al grupo como los amos del mundo. “Tienen el peso necesario para influir en los acontecimientos históricos y convertir su ideología en leyes que cambian el destino de la Humanidad”.

Dos tercios del club son europeos; el resto, norteamericanos. Pero el alma mater la forman el magnate estadounidense David Rockefeller; el irlandés Peter Sutherland (presidente del banco Goldman Sachs); el australiano James Wolfensohn (ex director del Banco Mundial), y el belga Etienne Davignon (presidente de Suez Tractebel). Tras ellos está el Comité Ejecutivo: 24 europeos y 17 americanos, que cada año eligen a los invitados y la nación donde se juntarán. Desde Eisenhower, todos los mandatarios estadounidenses han pertenecido al club. Y según Estulin, entre los que asisten siempre figuran: Bill y Hillary Clinton; el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick; el del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet; el ex de la Reserva Federal, Alan Greenspan; Henry Kissinger; el financista George Soros; la dinastía Rothschild; la reina Beatriz de Holanda y los filántropos Bill y Melinda Gates.

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La Reina Sofía de España se saltó las reglas y habló del Bilderberg en el libro La reina muy de cerca, de Pilar Urbano. Ahí contaba lo “apasionantes” que son las reuniones. “Vas conociendo gente muy diversa, bien informada y relacionada. Cada uno puede decir con libertad lo que piensa… nadie es reina, ni presidente de un gobierno o chairman de una multinacional”.

Admitió, además, que allí “se corta mucho bacalao”. A la cita hay que ir solo. Unicamente se permite la compañía de los guardaespaldas, quienes no entran al cónclave y alojan aparte. Se les suman los agentes de policía, militares y miembros de servicios secretos que cuidan a tan destacados miembros. Este despliegue corre a cargo del país anfitrión. Y lo que se habla queda entre esos muros.

No se levantan actas, ni registro alguno. De hecho, el club casi no ‘existe’ físicamente: sólo cuenta con una oficina en la localidad holandesa de Da Leiden, con un número telefónico y fax como únicos medios de contacto.

¿Por qué tanto secretismo? Porque así pueden “conversar tranquilamente sin que se malinterpreten sus palabras”, asegura Martín. La televisión y los diarios tampoco hablan de ellos porque varios propietarios o directores son Bilderbergs. Entre ellos, el de New York Times; del Washington Post; Economist; Le Figaro y Le Nouvel Observatour. Juan Luis Cebrián, presidente de PRISA (grupo editor de El País), integra el comité ejecutivo. Y Rupert Murdoch, el magnate australiano de las comunicaciones, también participa.

Además, los Rockefeller controlan gran parte de los medios en EE.UU. Estulin recoge en su libro una frase de Rockefeller que grafica la importancia del silencio: “Habría sido simplemente imposible desarrollar un plan para el mundo estando sometidos a la opinión pública durante todos estos años” (que son más de cincuenta). Y, claro, no hablan, pero sus medios son los mensajeros de su ideología. Sin embargo, el hermetismo ha ido rompiéndose a lo largo de sus 55 años, en parte por gente como Estulin o Tucker, que han perseguido a los integrantes del club, consiguiendo que algunos les filtren información.

Y como las fisuras son tantas, “ya se está creando un grupo paralelo: Los amigos del Bilderberg”, cuenta Estulin. El club nació en 1954 —como idea del servicio de inteligencia británico— para acercar a europeos y estadounidenses en plena Guerra Fría. Los Rockefeller y los Rothschild se unieron desde el principio. El lugar elegido entonces fue un hotel holandés llamado Bilderberg. Pero Tucker sitúa los orígenes siglos atrás, cuando, bajo otro nombre, “las casas de cambio manipulaban secretamente la economía para enriquecerse y esclavizar a la gente”. Así lo escribe en Jim Tucker’s Bilderberg Diary, un libro que recoge lo investigado en treinta años de trabajo.

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Y la española Martín incluso los relaciona con la masonería: “Rockefeller y Clinton son masones, el príncipe Bernardo de Holanda también…”.

Los acusan de estar en conspiraciones que se convirtieron en realidad, como el inicio de la guerra contra Irak el 2003. Según expertos, deciden además sobre tasas de interés y precio del petróleo. Nota aparte es la promoción de políticos. Se dice que de allí salió Bill Clinton (asistió como un desconocido gobernador en 1991 y ganó las elecciones un año después); Tony Blair, Angela Merkel, Kofi Annan y Barack Obama. Los investigadores sostienen que el verdadero objetivo del club ‘‘es construir un gobierno mundial con una moneda y una religión, vigilado por un ejército único”.

Tucker y Martín agregan: “La creación de la Unión Europea fue el primer paso; ahora se han propuesto crear la Unión Americana, con América del Norte y del Sur, y un bloque asiático bajo el liderazgo de Japón. El fin, resumen, es que una “elite económica controle el poder político”.

Rockefeller avaló la idea al decir, en 1999, a Newsweek: “Algo debe reemplazar a los gobiernos; el poder privado me parece la entidad perfecta”. El objetivo, sin embargo, puede fracasar, dice Estulin, porque “Rusia y China, los dos grandes enemigos del club, jamás se doblegarán a los intereses del Bilderberg”. Y Tucker resume: “Dios puede haber creado el Universo pero, en lo que respecta a la Tierra, el mensaje del Bilderberg a él es sencillamente éste: Gracias pero a partir de ahora nos encargaremos nosotros”.